¿Qué contamos cuando contamos “feminicidios”?

La medición oficial de incidencia de feminicidio no sirve para saber si ese delito ha aumentado. Usando una clasificación propia y los datos del SINAIS, estimo que el tipo de violencia homicida contra las mujeres que más ha aumentado es la que se parece a la que sufren los hombres: violencia armada.

Por: Carolina Torreblanca (@caro_whitetower)

El pasado 29 de octubre el Reforma publicó un artículo titulado “Aumentan 106% los feminicidios”. Esta nota y todas las que reportan puntualmente crecimiento, incidencia o variación en feminicidios con base en las cifras de incidencia delictiva que publica el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública están equivocadas. Esto no quiere decir que no hayan aumentado los feminicidios, lo que quiere decir es que no lo podemos saber si solo usamos los datos que usó el Reforma.

No sabemos qué es ni por qué sube la incidencia de ‘feminicidio’

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública publica todos los meses datos sobre la incidencia de 40 delitos, incluyendo desde enero de este año datos sobre feminicidios. Esta cifra no refleja el total de víctimas de feminicidio en el país, lo único que refleja es el total de víctimas reportadas en averiguaciones previas o carpetas de investigación abiertas por lo que las procuradurías estatales consideraron fue un feminicidio. Eso es todo. Esto significa que el aumento en esta cifra de víctimas de “feminicidios” puede ser:

  1. Porque la autoridad decidió consignar más homicidios dolosos de mujeres como feminicidios, aunque la intensidad del fenómeno no ha variado.
  2. Porque ocurrieron más feminicidios, aunque las políticas de consignación de la autoridad no han cambiado.
  3. Porque disminuyó la cifra negra de feminicidios en una entidad y la autoridad registró un porcentaje mayor del que registra normalmente.
  4. Porque ocurrió una mezcla de estas cosas.

¿A qué se debe entonces este “aumento” en feminicidios? Simplemente no lo podemos saber a ciencia cierta. De hecho, si hurgamos un poco en la tendencia de consignación de feminicidio y la de homicidio doloso de mujeres, podemos ver que existe evidencia de que lo que se clasifica como feminicidio cambia entre entidades y entre años. Es decir, hay evidencia de que lo anterior no es una medida comparable en lo absoluto.

¿Homicidio doloso de mujeres o feminicidio?

Además del Secretariado, el INEGI publica información sobre presuntos homicidios de hombres y mujeres. A diferencia del Secretariado, la información del INEGI no se basa en averiguaciones o carpetas abiertas por procuradurías, sino en registros oficiales, como por ejemplo los actas de defunción, para hacer su conteo. Por esta razón, las cifras son más exactas y un poco más elevadas, aunque publicadas con mucho menos frecuencia.

Al sumar el total de víctimas de homicidio doloso de mujeres y de feminicidio que publica el Secretariado, el total debería aproximarse al total de cuerpos que contabiliza el INEGI. Al comparar estas dos fuentes de información podemos ver que esto es casi exactamente lo que ocurre entre 2015 y 2017, último año para el que tenemos las dos fuentes de datos.

Ahora, si dividimos la información de víctimas de homicidio doloso de mujeres y de feminicidio que publica el Secretariado para compararlas entre sí, esperaríamos que, si no hubiera habido un cambio sistemático en la manera en la que se consignan los homicidios de mujeres, las dos líneas individuales siguieran la misma tendencia. Sin embargo, lo que vemos es un decrecimiento en el total de homicidios dolosos – a pesar de que el total para 2018 está anualizado – pero que el total de feminicidios continúa creciendo. Esto nos deja entrever que el criterio nacional de consignación de los crímenes como feminicidio u homicidio doloso ha cambiado en el tiempo.

¿Qué significa “feminicidio” en cada estado?

Si ahora vemos la tendencia de clasificación a nivel estatal, vemos que hay variaciones muy marcadas entre años que difícilmente podríamos explicar por otra razón que no sea – al menos en parte – cambios en los criterios de consignación de homicidios como feminicidios, no cambios en la intensidad del fenómeno.

Si vemos el porcentaje de todos los homicidios de mujeres consignados como ‘feminicidio’ u homicidio doloso en cada entidad desde 2015 hasta 2018 podemos ver cambios súbitos, por ejemplo en Sinaloa a partir de 2017 el 100 % de los homicidios se consideraron como feminicidio, Aguascalientes pasó de clasificar el 0 % de los homicidios como feminicidios a tipificar cerca del 50 % así en el último año; Nuevo León también muestra un aumento muy repentino en el porcentaje que se clasifica como feminicidio a partir de 2016, lo mismo que Yucatán.

Por otro lado, tenemos estados que tienen variaciones menos súbitas en el porcentaje de los homicidios que son feminicidios año con año, como por ejemplo Veracruz, Sonora y CDMX. En estas entidades las variaciones sí podrían estar reflejando cambios en la intensidad de ocurrencia de feminicidios, pero ni siquiera ahí podemos saber con certeza que estén reflejando cambios en la incidencia de feminicidio y no otra cosa.

Más aún, cuando lo comparamos con las tasas de feminicidio y homicidio doloso de mujeres por entidad, vemos que los aumentos o disminuciones drásticas en los porcentajes a veces ocurren a pesar de la tasa en el estado no aumentó ni disminuyó notoriamente, sino que se mantuvo estable. Este es el caso por ejemplo de Sinaloa, Nuevo León o Yucatán. Más evidencia de que las variaciones en porcentajes de homicidio investigados como feminicidio reflejan cambios en políticas más que en la intensidad del fenómeno.

Las variaciones en los porcentajes entre estados en un año dado y a lo largo de los años dentro de los mismos estados dejan en evidencia dos cosas:

1) Que no estamos midiendo lo mismo cuando medimos feminicidio en todos los estados

2) Que no estamos midiendo lo mismo cuando comparamos incidencia de feminicidio entre los años.

Es decir, no sabemos qué medimos cuando usamos la cifra de “feminicidio” que reporta el Secretariado.

Entonces ¿han aumentado los feminicidios?  ¿Los homicidios de mujeres?

Entonces ¿qué podemos saber sobre los feminicidios? Usando los datos de registros de mortaliad del SINAIS, que procesa y publica el INEGI, podemos aproximarnos al fenómeno haciendo una clasificación propia, con base en la causa y lugar de muerte de las mujeres presuntas víctimas de homicidio, que sí sea comparable entre años y estados para ver si han crecido los feminicidios en el país.

Esta medición sin duda es una aproximación imperfecta que subestima el fenómeno, pero a diferencia de las cifras del Secretariado, sí podemos usarla para ver tendencias en el tiempo y diferencias entre estados y municipios.

Contamos un homicidio de mujer como feminicidio cuando se presenta al menos una de estas tres características:

1) el INEGI reporta que la muerte estuvo relacionada con violencia familiar,
2) el homicidio ocurrió dentro de la vivienda o
3) la causa de defunción fue “agresión sexual”, sin importar donde haya ocurrido.

Usando esta clasificación, resulta que en 2017 hubo 1.9 feminicidios por cada 100 mil mujeres en México, la cifra más alta desde que el INEGI reporta datos; sin embargo, esta cifra es sustancialmente menor que la tasa de homicidio de mujeres excepto feminicidio, que fue de 4.7 en ese mismo año, además de ser extremadamente estable en el periodo. Mientras que la tasa de feminicidios varía entre 1.4 y 1.9, la de homicidios excepto feminicidio muestra aumentos y disminuciones mucho más marcados, con un mínimo de 1.8 en 2007 hasta un máximo de 4.7 en 2017.

Si los feminicidios han aumentado muy poco en los últimos años, ¿por qué la tasa de homicidios de mujeres que no son feminicidio varía tanto en el tiempo y en 2017 llegó a su máximo del periodo? Por los homicidios perpetrados con armas de fuego fuera de la casa.

Aunque aún un menor porcentaje de los homicidios de mujeres que de hombres se cometen con arma de fuego, en 2017 y 2010 representaron más de la mitad de todos los homicidios de mujeres. Cuando el porcentaje disminuye, también disminuye la tasa total de homicidios para ambos sexos, aunque el cambio en porcentaje es mucho más marcado para mujeres que para hombres; mientras que para las mujeres fluctúa entre 54.3 % y 29.7 %, para los hombres nunca son menos del 50 %.

Si ahora comparamos tres tasas distintas en la misma gráfica, la de total de homicidios de mujeres, la de feminicidios según nuestra clasificación y la de homicidios de mujeres con arma de fuego, podemos ver lo estable que es la violencia feminicida en el tiempo; además de entender que el tipo de violencia homicida contra las mujeres que está empujando los aumentos y disminuciones de la tasa total es la violencia con arma de fuego.

De hecho, si comparamos la tendencia de homicidios de mujeres con la de homicidios de hombres, vemos que esta segunda también se mueve junto con la tasa de homicidios de arma de fuego. La única violencia homicida estable en el tiempo es la violencia feminicida. Los homicidios de mujeres y de hombres están en su punto más alto de las últimas décadas llevados de la mano por el aumento en la violencia de arma de fuego.

La geografía de los feminicidios y de los homicidios de mujeres

La diferencia entre violencia feminicida y violencia homicida es también geográfica. Si ordenamos a los municipios según su tasa de feminicidio, de menor a mayor y los dividimos en 10 grupos del mismo tamaño creamos deciles nacionales de violencia feminicida. Al generar estos deciles, podemos ver que los municipios que quedan en los deciles más altos, es decir con más violencia feminicida, se concentran en Baja California Sur, Sinaloa, Sonora, Zacatecas, San Luis, Guanajuato, Yucatán y la frontera entre Tabasco y Veracruz; mientras que la violencia homicida contra mujeres está en la costa de Guerrero, en Colima, Tamaulipas y Baja California. Ambas violencias son intensas también en un puñado de estados, como Yucatán, Zacatecas, San Luis, Sonora y CDMX junto con su área metropolitana del Estado de México.

El mapa de violencia contra hombres es más similar al de violencia no feminicida contra las mujeres; con mucha intensidad en Sinaloa, Sonora y Chihuahua; y poca intensidad en Coahuila, Hidalgo y Durango.

¿Cómo cambió entonces la violencia feminicida entre 2016 y 2017 en los municipios? Usando nuestra propia clasificación de feminicidio, obtuvimos estas tablas de los 20 municipios en los que el cambio en la tasa de feminicidio entre estos dos años fue mayor y de los 20 municipios con una mayor tasa absoluta en 2017.

Coatzacoalcos pasó de tener una tasa de feminicidio en 2016 de .6 por cada 100 mil mujeres a una de 5.8 en 2017, seguido de la Paz, que en 2016 tuvo 2 feminicidios y para 2017 tuvo 12 y una tasa de 7.9 por cada 100 mil mujeres. Resalta también Los Cabos, que en 2016 tuvo una tasa de 1.9 feminicidios por cada 100 mil mujeres y para 2017 esa tasa subió a 6.8 con 11 feminicidios contabilizados según nuestra propia metodología.

Además, Los Cabos logró colocarse también en el primer lugar de los 20 municipios con tasas de feminicidio más altas para 2017, seguido de Soledad de Graciano Sánchez en San Luis y de Querétaro; San Luis mismo está en cuarto lugar del Ranking. Juárez en Chihuahua está en décimo lugar; Tepic, con 25 feminicidios y una tasa de 10.9 en doceavo.

No todos los homicidios de mujeres son feminicidio

Los datos son claros: no todos los homicidios de mujeres son feminicidios. Las mujeres son víctimas de dos tipos de violencia, de la violencia armada que ha cobrado a cientos de miles de víctimas en los últimos años, la mayoría de ellos hombres, pero también de una violencia feminicida que no cambia en el tiempo, que ocurre en sus propias casas.

Pensar que la violencia feminicida y la violencia homicida son el mismo fenómeno borra las particularidades de los dos tipos de violencia, nos da permiso de ignorar que las mujeres mueren en sus casas pero también a las que mueren en las calles; además, nos hace partir de un diagnóstico equivocado con el que necesariamente llegaremos a soluciones erradas para combatir la escalada reciente de violencia contra las mujeres, porque esta nueva violencia es también la que nos mata con armas de fuego, igual que a los hombres.

Si los homicidios y los feminicidios son diferentes, entonces la distinción que hace el Secretariado en sus datos parece no solo lógica sino indispensable. Sin embargo, toda la evidencia apunta a que el criterio para determinar qué es un homicidio doloso y qué un feminicidio es distinto entre estados y ha cambiado en el tiempo, por lo que las cifras no son comparables; no nos sirve para medir cambio en la intensidad de la ocurrencia del crimen.

Si queremos conocer la magnitud de la violencia feminicida en el país, necesitamos primero entender qué nos dicen los datos que hay y que no, que necesitamos datos de mejor calidad para hacer mejores diagnósticos; necesitamos exigir que los criterios de las procuradurías estatales para consignar homicidios como feminicidios sean claros, necesitamos entender que la violencia feminicida es diferente de la que ha matado a la mayoría de las mujeres en los años recientes, que las mujeres son víctimas de dos tipos distintos de violencia.

 

Nota Metodológica:

El año de SINAIS fue año de registro, los datos del SESNSP son hasta septiembre de 2018.

Todo el código y los datos que usé, los pueden consultar aquí

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