Los intachables ofendidos

Hace algunos años salí con un hombre negro. No. No era “afroamericano” , “afromexicano”, ni “afrodescendiente”; era negro. Si él hubiera tenido interés en comprometerse conmigo, quizá hoy yo tendría dos hermosos hijos mulatos a los que me referiría como mis amados negritos. Y sí, sabría que mis hijos tendrían que aprender a sobrevivir en un país profundamente racista, más allá de las formas. Y sería mi trabajo enseñarles a sentir compasión por toda esa pobre gente sin pigmento que no entiende nada sobre la belleza.

De hecho, la primera muñeca de mi hija -que es una niña muy parecida a mí- fue una bebé negrita. Y me esforcé por comprarle muñecas de pelo negro y las barbies morenas que pude encontrar. Los pocos objetos decorativos que hay en mi casa son artesanías mexicanas y un par de cuadros de mi abuelo oaxaqueño, que pintaba su tierra.

Algo se me revuelve en el estómago cuando veo a tanta gente rasgarse las vestiduras porque el dirigente del PRI, moreno a todas luces, llamó “prietos” a aquellos priístas que se mudaron a MORENA. El pobre hombre, que no tiene ninguna gracia o carisma, quiso ser ingenioso. Quiso condensar en un vocablo el hecho de que estas personas eran príistas pero morenos ( de MORENA) . Luego haciendo gala de su nulo ingenio y proclividad a la vulgaridad remató con “pero no aprietan”. Sí, su comentario fue, por decir lo menos, una corrientada innecesaria que reveló su poca educación y su desesperación frente a la gran popularidad de López Obrador, y la poca de su candidato. Pero el tinte “racista” se lo pusieron los demás. Si yo digo “Eres prieto, PERO eres tonto”, claramente el término prieto no es peyorativo sino positivo. “Eres presidente de un partido, PERO eres tonto”.

A lo que quiero llegar con todo esto es a que me irrita la hipocresía de tanta gente discriminadora profesional, que se escuda en la forma pero en la vida cotidiana es clasista y racista, pues rechaza y niega derechos a ciertos grupos de personas aunque al hablar utilice los términos políticamente correctos. Peor aún: quizá los llame de manera condescendiente “morenitos”, “inditos”, “negritos”, “jotitos”, etc.

Detesto a esa gente que no le da aguinaldo a la trabajadora del hogar, pero se cree buena persona porque le regala sobras y cosas que ya no le sirven. Esa misma gente que cree que con llamar “afrodescendiente” a una persona de raza negra, se va a ir al cielo aunque preferiría que no se mezclara con su familia. Esos que señalan: “De hecho, yo tengo amigos judíos”, como si fuera necesaria la aclaración. O que cuando se enojan con León Kauze le dicen “judío” como si eso fuera un insulto. Pero !ah! , ¡cuidado con la palabra “prieto” porque ésa sí nos ofende!

Un poco de congruencia. Ocupémonos del fondo más que de la forma.

Es verdad que el presidente de un partido, en plena precampaña, debería cuidar ambas cosas, y tendrá que enfrentar las consecuencias de su falta de juicio. Pero nosotros, los que no somos políticos en campaña sino personas que cotidianamente se relacionan con otras personas, tenemos mucha tarea por hacer.

Mi cercanía con @Conapred (Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación) me ha enseñado que usar los términos correctos ayuda a que cobremos conciencia de lo que decimos. Es parte de un proceso de reeducación al que “todas y todos” (por ejemplo) debemos someternos. Pero no debemos olvidar que el lenguaje expresa lo que genuinamente pensamos y si aspiramos a tener algún día un país justo, de iguales, es el fondo -y no solo la forma- lo que tenemos que cambiar.

 

@tiare_scanda

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