ENADIS 2017 o la discriminación normalizada

En México, la discriminación es una práctica cotidiana, tan normalizada que muchos grupos o personas discriminadas no conocen otro trato y no saben que tienen derechos y deben exigirlos.

¿Te has sentido discriminado(a) alguna vez?

Seguro, seas quien seas, contestaste que sí. Es posible que aunque seas una persona blanca, hombre y de buena posición económica, seas – por ejemplo- gay en una familia conservadora.

En nuestro país hay un problema estructural que conecta con todos los demás que nos aquejan. Si corregimos ése, estaríamos logrando avances importantísimos en educación, justicia social, derechos laborales, equidad de género, y otros tantos. Me refiero, por supuesto, a la discriminación.

La vida me dio la oportunidad de sumarme a la Asamblea Consultiva del CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación) hace casi cuatro años y ha sido, sin duda, una de las mejores cosas que me han pasado. No solo por la gente maravillosa que he conocido, sino porque me abrió los ojos a cosas que yo misma veía como normales.

En México, la discriminación es una práctica cotidiana, tan normalizada que muchos grupos o personas discriminadas no conocen otro trato y no saben que tienen derechos y deben exigirlos. Como cuando los niños pequeños tratan de pedir un dulce en el mostrador de la tienda y el vendedor no los mira y solo habla con el adulto. El niño se acostumbra a ser invisible y probablemente cuando sea adulto, va a ignorar a los niños.

La labor del CONAPRED

Entre broma y broma, mucha gente dice “¡Conapreeeeeed!” cuando escucha un comentario o detecta un acto de discriminación, por pequeño que parezca. A mí me alegra mucho cuando eso ocurre porque la labor del CONAPRED para posicionar el tema en la mente de los mexicanos ha sido ardua. Es mucha la gente a la que hay que sensibilizar y reeducar, entre ellos muchos funcionarios públicos y legisladores. El CONAPRED ha logrado, además, dar certeza a la gente de que hay una institución seria, lista para asesorarlos y defenderlos si son discriminados.

El pasado lunes 6 de agosto se publicó la ENADIS 2017, que es la Encuesta Nacional sobre Discriminación, un esfuerzo conjunto de CONAPRED, el INEGI, la CNDH, el CONACYT y la UNAM. Nunca he sido muy afecta a estudiar cifras y porcentajes pero este muestreo va más allá de los números. Es un diagnóstico indispensable para curar al enfermo. Es –como bien dijo el otro día Jesús Rodríguez Zepeda– la evidencia científica que puede servir como guía para que este nuevo gobierno diseñe políticas públicas efectivas que garanticen derechos para todas y todos.

Al revisar la encuesta es indignante, entre otras muchas cosas, corroborar que las oportunidades de estudio o laborales están condicionadas por el género o el color de piel. En pleno siglo XXI mucha gente se rige por estereotipos y prejuicios, y les niega derechos a quienes considera inferiores: Las personas con discapacidad, la población LGBT, las trabajadoras del hogar, los extranjeros, niñas, niños y adolescentes y un largo etcétera. Eso tiene que cambiar.

No basta con exigir que nadie nos discrimine. También hay que reconocer a cuánta gente discriminamos nosotros y por cuántas razones distintas.

No todo el trato discriminatorio es descaradamente violento. A veces se manifiesta con una sonrisita en la cara mientras decimos cosas como: “Pobrecito, sacó todo lo prieto de la familia” . O hacemos “chistes” misóginos en las fiestas. Cuando ignoramos los puntos de vista de las mujeres, niñas, niños, o adultos mayores de la familia. Cuando damos por hecho que podemos pisotear los derechos de una trabajadora del hogar porque nos resulta más cómodo.

No seamos así. Podemos ser mucho mejores y cambiar el país desde nuestra casa.

Si quieren echarle un ojo a la ENADIS pueden hacerlo aquí. Verán que aún tenemos mucho trabajo por delante.

 

@tiare_scanda

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