Nosotros, que nos creemos tanto

No es culpa de Sergio Mayer ser Sergio Mayer, con la experiencia de vida que tiene y no otra. Él fue invitado a la fiesta. Mis compañeros están ante una oportunidad única de agradecer al público su cariño de tantos años, mejorando su calidad de vida. La mejor y quizá la única manera de callarle la boca a los enemigos es haciendo las cosas bien.

Una cosa es ser un mexicano informado, responsable, crítico. Otra muy distinta ser un cyber bully nomás porque te hace sentir que eres mejor que el diputado al que tratas de humillar. ¡Qué manera de desperdiciar el ingenio! ¡Habiendo tantas cosas importantes que reflexionar juntos, sin odiarnos, para sacar al país de donde está! Unos desde las cámaras y la mayoría desde nuestras recámaras, tuiteando cómodamente.

Mi mamá decía: “Para pelear se necesitan dos”. Y es verdad que los bullys de los funcionarios se encuentran con frecuencia con un ego gigante del otro lado de la pantalla. Siempre me he preguntado qué tan grande debe ser tu ego y cuánto tiene que gustarte el poder para seguir el camino de la política. El cuento de “la vocación de servicio” se lo creo a muy poquitos y eso porque lo han demostrado a lo largo de sus vidas.

Actualmente, algunos compañeros de mi gremio son funcionarios. Han sido famosos por muchos años, pero todavía no comprenden la diferencia entre ser una “figura pública” y un “servidor público”. Se enojan mucho por ser cuestionados –y agredidos- en las redes y reaccionan de forma visceral. Estaban acostumbrados a ser mayoritariamente celebrados por su atractivo físico, su talento ( en algunos casos) o el éxito comercial de algún producto de entretenimiento en que participaban. Eso no tiene nada de malo y no es un pasado del que nadie tenga que avergonzarse. Yo podré escribir en un medio tan prestigioso como Animal Político, haber trabajado con Jorge Fons o ser integrante de la Asamblea Consultiva en el CONAPRED, pero haga lo que haga, nunca voy a dejar de ser “La de Muchachitas”.

Asumámoslo: quien volvió exitosos esos proyectos fue el público. Ese mismo grupo de población que en el contexto de la política se llama “el pueblo” y cuya voluntad hay que escuchar para construir aeropuertos o salvar ecosistemas, para perdonar a los criminales o no perdonarlos. Aunque no todos hayan oído los nocturnos de Chopin, o leído a Juan José Arreola, tienen el mismo derecho que el mexicano más privilegiado a beneficiarse de la cultura, el deporte, o – valga la redundancia- cualquier otro derecho. Y a ser representados por quien les dé la gana.

El pueblo; ese mismo grupo mayoritario que le hizo caso a AMLO y votó parejo por MORENA. Asumamos eso también. (Aunque nos PESe).

No es culpa de Sergio Mayer ser Sergio Mayer, con la experiencia de vida que tiene y no otra. Él fue invitado a la fiesta. Nos quejamos de que le quisieran dar la Comisión de Cultura al PES, y él estuvo dispuesto a asumir la responsabilidad. Le tocó la rifa del tigre y ahora tiene que llevarse el tigre a su casa y cuidarlo lo mejor que pueda. ¿De qué sirve que cientos de personas inviertan su tiempo en burlarse de él, como si con ello aportaran algo al país? Como si los insultos fueran propuestas. Y él tampoco debería dedicar ni medio segundo a defenderse, porque esto no se trata de él, sino del derecho de los mexicanos a unas políticas culturales que garanticen el acceso de todas y todos a la cultura, que generen paz y armonía en las comunidades, que promuevan la inclusión, la equidad de género, el respeto a la diversidad, y que sirvan para prevenir la violencia. De eso se trata. No del ego de un funcionario ni del odio virulento de los tuiteros que se sienten intelectualmente superiores porque tienen un libro de Schopenhauer en su librero (que nunca han leído, o que sí leyeron, pero no le entendieron). “Dime de qué presumes…”.

Recordemos que los funcionarios siguen siendo personas y las personas, todas, nos equivocamos. Ahora, que quede claro: no estoy defendiendo lo indefendible. Si bien los errores son humanos, se espera de un médico que se sepa el nombre correcto del medicamento que va a recetar y para qué sirve. Y si por circunstancias de la vida no es médico, pero en una emergencia MORENA le puso una bata de doctor y ahora tiene vidas humanas a su cargo, lo mínimo que se espera de él es que acepte sus errores con humildad, que se capacite, y que se asesore con los mejores médicos posibles antes de tomar cualquier decisión.

Mis compañeros están ante una oportunidad única de agradecer al público su cariño de tantos años, mejorando su calidad de vida. La mejor y quizá la única manera de callarle la boca a los enemigos es haciendo las cosas bien.

Y a los bullys tuiteros les digo: esos “artistas de Televisa” –como nos llaman a muchos- ya están ahí, en donde se gestan los cambios. Ayúdenlos contándoles lo que hace falta. Propongan cosas. Pónganlos a trabajar. No se desgasten ofendiéndolos o corrigiéndoles la ortografía. Mejoremos la propia leyendo todo lo que nos falta por leer y tratemos de ser parte de la solución y no del problema. ¿Burlarse? Para eso no hay que ser mejor. ¡Eso lo hace cualquiera!

 

@tiare_scanda

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