John Oliver: los usos y ventajas de la risa

Cuando menos en la tele humorística por cable de los Estados Unidos, las llamas de la crítica seguirán ardiendo, y entretendrán a las audiencias hambrientas de noticias relevantes. Van a servir también, como lo vienen haciendo desde hace décadas, para consolidar ciudadanía.

Ahora que –tras la salida de Carmen Aristegui de la radio, cortesía del gobierno federal- retoma más fuerza la imperiosa necesidad de contar con fuentes informativas diversas, la sociedad civil enfrenta escollos y busca vías alternas de divulgación. Las expectativas de un endurecimiento oficial son grandes; la farándula tendrá representantes peñistas en el Congreso cuando Carmen Salinas tome posesión en San Lázaro a partir de septiembre. Pero tendremos un valiente consuelo: cuando menos en la tele humorística por cable de los Estados Unidos, las llamas de la crítica seguirán ardiendo, y entretendrán a las audiencias hambrientas de noticias relevantes. Van a servir también, como lo vienen haciendo desde hace décadas, para consolidar ciudadanía.

La astucia encubierta del humor y la sátira es rastreable a las obras de Jonathan Swift, Mark Twain y otros exponentes anglosajones hasta llegar –en su expresión audiovisual, no literaria- hasta Will Rogers (1879-1936). Son herederos contemporáneos Jon Stewart, quien dejará de conducir su programa en Comedy Central a dieciocho años de divertido examen a las gestiones de Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama, y Stephen Colbert, próximo anfitrión del talk-show de David Letterman en CBS, némesis de Bill O’Reilly en Fox News, tótem indiscutido de la derecha atrabilaria.

Capitán del barco Daily Show. Foto vía Indiewire
Capitán del barco Daily Show. Foto vía Indiewire
El de Colbert Report. Playbuzz
El de Colbert Report. Playbuzz

Concebidos de inicio como sencillo entretenimiento, los espacios de Stewart y Colbert se volvieron referencia obligada ante el vacío informativo y falta de rigor mediático de sus competidores serios, y convertidos por obra y gracia de Bush y su vicepresidente Dick Cheney en portavoces. Defensores a ultranza de políticas equivocadas y aventuras militares sin castigo para sus creadores (invasiones bajo el pretexto de la inminencia de armas nucleares, la certeza de que Saddam Hussein escondía armas de destrucción masiva en Iraq, etc.), sectores importantes de la prensa mainstream justificaron con el silencio o la distorsión violaciones consuetudinarias a los derechos humanos y torturas sancionadas por el gobierno, descritas con eufemismos indignos del New York Times, Washington Post, Wall Street Journal, revistas de prestigio y los barones excelsos de la televisión.

The Daily Show y The Colbert Report fueron oasis de cordura, en la medida en que la prensa patriotera revivía épocas de amarillismo, el de principios del siglo XX, y la Guerra de los EEUU contra España en el ocaso de su imperio, que sólo sirvieron para elevar la fortuna de magnates como William Randolph Hearst hasta la estratósfera. La mancuerna comediática, transmitida de lunes a jueves de 10 a 11 de la noche, mantuvo en vilo a la administración republicana que se robó las elecciones del 2000 y ganó los comicios de 2004 en virtud del miedo inculcado entre la mayoría de los votantes estadounidenses. Los dardos alcanzan a la gestión de Obama y un compendio de autoridades estatales y municipales, pasando por el Congreso federal y funcionarios corruptos que abdican de sus funciones, tanto en la Unión Americana como el extranjero.

Encallaron tentativas de trasladar este modelo de comunicación en países donde transcurrió la Primavera Árabe de 2011. Así ocurrió con Bassem Youssef, médico egipcio, parodista y celebridad de YouTube que lanzó una variante del Daily Show hasta que se topó con la intolerancia gobernante. La Hermandad Musulmana, encarnada en la figura de Mohamed Morsi (triunfador de las elecciones de 2012, derrocado en julio de 2013 por el Mariscal de Campo Abdel Fattah el-Sisi, actual hombre fuerte que ocupa el rol indispensable del ex dictador Hosni Mubarak, obligado a renunciar hace cuatro años gracias a la movilización social), emprendió una agresiva campaña judicial para sacarlo del aire. El año pasado Youssef optó por suspender Al-Bernameg (‘El Programa’), en ausencia de condiciones mínimas que garantizaran su viabilidad y permanencia.

Vía Reuters
Vía Reuters

Bassem Youssef en tribunales. La Hermandad Musulmana y el poder judicial al servicio –apéndice del Ejecutivo, al fin- se las ingeniaron para que la voluntad autoritaria de Mohamed Morsi se cumpliera. Luego vendría la absolución del presentador y su derrota, cortesía del déspota ‘salvador de la patria’ El-Sisi.

Demandado en tribunales por el gobierno de Morsi y como un sector muy amplio de la sociedad egipcia, el comediante padeció nuevos acosos por parte del caudillo al-Sisi.

La gasolina y alcohol, no se mezclan’. Entre los ‘delitos’ que se le imputaron a Youssef constaba la burla generada en redes de las expresiones de Morsi, enredándose en lengua árabe anglicizada, cuando en viaje oficial a Alemania presumió empresarios alemanes (muy al estilo de Peña Nieto y sus trabaléngüicas alusiones a la infrastrukchúrr mexicana, para regocijo de los videonautas), los aparentes ‘avances’ de su gobierno.

El comentario de Morsi con empresarios alemanes, en el sentido de que “El drunk byiruh el sign iza kan driving” (y los conductores ebrios van a prisión) fue contestado por Youssef con un “El liar byiruh el fire” (y los mentirosos acaban en el infierno); ambas se han convertido en frases de culto.

Stewart, Colbert y Youssef se plantean extender, siempre, los linderos de la libertad y el derecho inalienable a mantenernos informados. De esta misma exigencia surge en 2014 el espacio del comediante inglés John Oliver, quien primero se forjó como corresponsal del Daily Show antes de aceptar una oferta de HBO para conducir Last Week Tonight los domingos en la noche. Una propuesta ingeniosa, para un público crítico y joven.

El conductor de This Week Tonight. Foto Daily Beast
El conductor de This Week Tonight. Foto Daily Beast

Mediante la burla, en pleno uso de sus facultades guionísticas, Oliver y su equipo continúan la labor pedagógica que consiste en exponer las miserias de clanes o castas politico-empresariales, y que logró que Jon Stewart y Stephen Colbert trascendieran su condición y adquiriesen, por méritos propios, indices de confianza ciudadana que envidiarían los ‘comunicadores’ reducidos a la etiqueta –para ellos redituable; cómoda, pero mínima- de simples mecanógrafos gubernamentales.

Las arremetidas dominicales del inglés abarcan varios temas y registros, e incluyen invectivas desternillantes en contra de la cúpula del deporte universitario –cuyo organismo rector, empresa digna de figurar en el Fortune 500, se llama NCAA y es pretendidamente amateur- y los abusos cometidos en su nombre contra estudiantes-atletas que enfrentan un trabuco que, para efectos de su desempeño en las canchas, gramas o duelas, tiene elementos en común con el peonaje; o los excesos presidenciales en Ecuador, Brasil y los Estados Unidos; o la enfermedad lobbística de los grandes consorcios del Big Farma y Tabaco. O las leyes homofóbicas aprobadas en Rusia y varios países africanos, con el apoyo entusiasta de predicadores gringos; o el criminal programa de asesinato selectivo vía drones sin tripular, accionados como si fuesen videojuegos, sin ninguna supervision desde al otro lado del mundo, y sus metidas de pata (‘errores de cálculo’) que sacrifican vidas inocentes en la Guerra contra el Terror.

Certeras denuncias, materia obligada de discusión.

Página de Last Week Tonight, en YouTube.

Aquí una pequeña lista de riffs oliverianos, con ejemplos y temas eminentemente exportables a nuestra realidad y contexto. Ameritan ser subtitulados.

El proverbial descuido de la infraestructura norteamericana, y la falta de voluntad para mantenerla.

Campañas francamente deleznables de la industria del tabaco para acallar críticas, y promover su agenda -reñida con la salud pública- en naciones débiles.

Captura de la profesión médica que ensaya (con singular alegría) la industria farmacéutica, con consecuencias previsibles para la mala salud de [email protected] pacientes.

Amenazas contra la neutralidad de la Red, promovidas por falsos organismos ‘reguladores’ del gobierno norteamericano.

La tragedia humanitaria de los drónes de ‘inteligencia’ en Pakistán, Yemen, y una lista que va en aumento.

Creciente militarización de la seguridad pública en municipios y condados.

La inexistente raya que divide información ‘objetiva’, de publicidad encubierta

La brecha infranqueable en ingresos, niveles de acceso a justicia, oportunidades y servicios, educación y desigualdad, en los Estados Unidos.

John Oliver recupera los mejores elementos de la crítica puctual y corrosiva, en una tradición que otorga por default (con canales taponados de participación social), autoridad a la cultura popular que no poseen otros conductos. En México, un creciente número de portales nacionales, heroicos, en tándem con versiones locales en estados y municipios: pequeño ejército que incluye blogueros, defensores de derechos humanos y [email protected] [email protected], busca prevenir el advenimiento oficial de los emisarios del pasado y sus cómplices.

Crain’s New York Business
Crain’s New York Business

2013. Jon Stewart y Bassim Youssef en cena de gala por la defensa y apoyo de la libertad de expresión en el mundo. El ex presentador y humorista egipcio, hoy en Harvard, obtuvo el premio internacional del Comité para Proteger Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) junto con colegas de Ecuador, Turquía y Vietnam.

New York Daily News
New York Daily News

2005. En su cara, y frente a la cúpula del poder: un verdadero Who’s Who de la ignominia, Stephen Colbert pulveriza a George Bush hijo durante la Cena de Corresponsales de Washington. La reacción de cierto gremio subordinado a los dictados del cuadragésimo tercer jefe del Ejecutivo en su historia, criticando a la estrella del Colbert Reportpor haber atentado contra la investidura presidencial’, no hubiera estado fuera de lugar en nuestro país.

La verdadera vocación del Cuarto Poder, con información fidedigna que acote las pretensiones omnímodas de funcionarios y plutócratas, es un factor de riesgo en México. La responsabilidad de defenderla reposa, como muchos asignaturas adicionales, en el ámbito de la colectividad y sus redes.

Carmen Aristegui y su equipo deberían ser reincorporados a MVS Radio. Esto ya habría pasado en otro lugar; aquí las huellas y señales regresivas son inequívocas, y no hay marcha atrás. La cancelación de su programa deviene atentado directo contra el bien común. Incluyo a aquellos sectores, respetables todos, que no necesariamente comparten su estilo de hacer noticias. También a un gobierno que se jacta de su autismo, y que opera como si fuésemos Japón o Finlandia: sin que decenas de millones de súbditos [email protected] (una amplia mayoría, a juzgar por encuestas imparciales), avalemos sus ‘bondades’ desconocidas.

El humor domesticado e involuntario pervive en medios, y la polaka. En México, la carpa vuelve al redil del PRI. La eterna duermevela de Jesús Martínez ‘Palillo’ (1913-94), crítico por excelencia del régimen de la Revolución-Institución, es intranquila. En la degradación absoluta, Carmen Salinas representa la ‘disidencia interna’ edulcorada.

Jon Stewart dejará, como Stephen Colbert, un hueco enorme en el debate de la sociedad en turno. Por suerte, John Oliver ocupa en Last Week Tonight ese necesario lugar.

***

Una última observación para un hipotético Oliver mexicano. A saber: la ridícula consigna del gobierno de Peña Nieto, en boca del subsecretario de asuntos multilaterales y derechos humanos. y el titular de la diplomacia nacional, de ‘no cooperar más’ con un relator de la ONY que se limita a exhibir, de nueva cuenta y ante la opinión internacional, lo que es a todas luces evidente: un Estado en caída libre, que utiliza la tortura por sistema y como única herramienta acusatoria.

 

@alconsumidor

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