Susurradores de Trump

Los consejeros de Trump van del racismo de pura cepa, a paleros consumados y enemigos de la democracia incluyente.

Vaya que abundan los orates que son inquilinos del condominianicomio trumpero, administrado desde la torre que lleva su nombre en la Quinta Avenida neoyorquina, con sucursales Washington, Mar-a-Lago y anexas por el Amo y Señor de la greña anaranjada.

Ocupa un lugar de privilegio, la consejera y susurradora formal, Trump whisperer Kellyanne (Alternative Facts) Conway.

¿El último grito de la moda, o una enorme equivocación (fashion mistake)? Conway ataviada con los colores de la bandera, en la toma de posesión de su jefe el 20 de enero de 2017. Foto: vía Teen Vogue.

A la lista de whisperers aquí se añaden, por todavía si no se conocen, aquellos en apariencia informales, a diferencia de los oficiales, en la te vé. Quizá sean ellos más importantes que Kellyanne: sobresalen Sean Hannity, Tucker Carlson (odiosa y viva voz del banonismo, en palabras de The Guardian) y la racista de pura cepa –como los anteriores- Laura Ingraham, una estrella emergente del canal y semi clon de la oprobiosa garabateadora Ann Coulter. Un último, que no será nunca primero, es Lou Dobbs, el que consideró en entrevista presidencial de octubre pasado que el cuadragésimo quinto jefe del ejecutivo era ‘uno de los presidentes más adorados en la historia de los Estados Unidos’.

Sean (se pronuncia Shán), controvertido lambiscón y trumpero originario, desde Trump Tower. Foto: vía One News Now.
Antipático. Tuck Carl. Foto: Yahoo Finance.
Not happy. Indigesta Ingraham. Foto: Daily Beast
Jubiloso dispéptico Lú Dobbs. Foto: Vox.

Ya compartimos con antelación, en este mismo espacio, las delirantes ‘ideas’ del estrambótico (por decirlo suave) Alex Jones y las del exestratega presidencial Bannon, cabecilla del portal Breitbart News; sin poder olvidar, aunque uno así lo quisiera, las del telonero excolaborador del citado pasquín electronico –antes, asistente del redneck y procurador alabamense Jeff Sessions cuando éste despachaba en el Senado; hoy, asesor politico senior de Drumpf- Stephen Miller, o las incesantes porras del triumvirato de idiotas útiles Doocy Earhardt y Kilmeade de Fox and Friends, referencia obligada para Trump en sus tuits matutinos.

Habrá que añadir al acervo a los infumables Carlson y en especial a Hannity (heredero de la plaza neofascista norteamericana; pieza de recambio y eje de barra de opinión de lo que todavía es feudo de Rupert Murdoch y su descendencia, luego del trance que significó haber prescindido de los servicios del execrable Bill O’Reilly, trumpesco y empedernido acosador sexual). Ambos fueron furibundos operadores bushecísticos en Fox; hoy constituyen la vanguardia de los adoradores del magnate –como mañana lo serán de quien reciba la antorcha nativista –estilo tiki, gracias a los sucesos de Charlottesville– en futuros gobiernos republicanos post Trump y son la cara visible de la doctrina que consiste en ensalzar la condición infalible de los Amos y Señores berlusco-mussolinianos (en clave gringa) del dinero.

Son por fuerza estas personalidades de la TV, la radio y redes sociales, verdaderos paradigmas de la era Trump: paleros consumados y enemigos de la democracia incluyente. Sujetos a los que con admirable paciencia confronta Jorge Ramos, en el campo minado de Fox News, para cumplir –en ausencia absoluta del gobierno mexicano- con su incansable labor de defensa, debate directo, pedagogía ciudadana, argumentación sustentada y propuesta concreta.

Son además apropiadores, desde el flanco de la derecha knownothing en su versión contemporánea, de una terminología conspirativa -de uso corriente en redes y sectores marginales extremistas, en proceso de ser normalizado- que hace suya la  teoría de un Estado Profundo, empeñado en derrocar a su ídolo pero cuyos miembros en su totalidad pertenecen al mismo partido que Trump secuestró, y que hoy no se cansa de aplaudir cada una de sus ocurrencias y caprichos).

‘El vástago más joven del Tío Sam’. Ciudadano NoSabeNada. Foto: vía Wikimedia Commons.

Portada de partitura de campaña, 1854. Prototipa del patriota blanco, anglosajón, protestante y defensor de la esencia nacional (o lo que eso haya querido decir, hace 170 años), ante las ‘hordas papistas católicas’ que ‘avasallarían a la nación’. Hoy para sus herederos, son mexicanos, musulmanes & co.

Los disparates de este gremio tienen antecedentes históricos. Eran moneda de uso cotidiano, por ejemplo, cuando surgió el partido de los Know Nothing, o American Party, con sus Cofradías u Órdenes fervientemente anticatólicas; la de la Bandera de las (Barras y las) Estrellas, en el siglo diecinueve durante la etapa previa a la Guerra de Secesión.

En su mejor época, en la década de los mil ochocientos cincuenta, el partido ‘No Sé Nada’ presumió que contaba con más de cien congresistas electos, así como ocho gobernadores, el control de media docena de legislaturas estatales de Massachusetts a California y de miles de politicos locales. Sus miembros apoyaban la deportación de ‘limosneros y criminales de otros países’. Exigían un plazo de 21 años para la naturalización de migrantes, y la lectura obligatoria de la Biblia en escuelas, y el destierro de todos los católicos del servicio público. Buscaban restaurar su visión de lo que creían debía ser ‘América’, siendo sus valores supremos la temperancia, el protestantismo, la autosuficiencia y la ética de trabajo (…)

Para ellos entonces, el odiado enemigo a vencer era, sin duda, el creciente influjo de católicos irlandeses y alemanes.

Thomas R. Whitney [politico neoyorquino uno de los fundadores del movimiento, enemigo declarado del ‘romanismo’ y principal ideólogo knownothing] creía en la intervención del Estado, pero no al servicio de la reducción de inequidades sociales. En cambio, sostenía que la gente tenía derecho a aquellos privilegios sociales y politicos ‘de los que fueran capaces de disfrutar racionalmente’. En otras palabras, sólo aquellos con atributos ‘apropiados’ merecían tener plenos derechos. El sufragio femenino era ‘aborrecible y antinatural’. Los católicos constituían ‘una amenaza a la estabilidad de la nación’. Los migrantes alemanes e irlandeses ‘socavaban el orden establecido por los Padres Fundadores’ ()

Han cambiado los tiempos. Permanecen actitudes, y la estulticia de los que mandan.

De los Know Nothing de antes a los republicanos de ahora, hay sólo un pequeño salto.

Es una suerte de eterno retorno.

Hijo de tigre, pintete. Hannity y Donald Trump, Júnior: entre los dos, el escudo al estilo Supermán, del programa del primero. Dechados de Knownothingism, la condición metafísica, deliberada, de Evitar Saber Nada. Foto: Huffington Post.

Así y hasta ahora, el estado de cosas –o disposición del entorno– en la geografía trumpesca: con su esperpéntica Corte de los Milagros mediáticos al servicio irrestricto de El Dónal, donde destacan –entre otros- los zalameros susurradores Hannity, Ingraham y el WASP tóxico conocido como The Tuck.

Cartón de Ben Sargent vía blog Rackjite.

El Grand Old Party, modelo 2018. Un partido republicano Know Nothing: La Nada encumbrada, y Sagrada.

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Por favor hagamos memoria. No podemos olvidar. Hoy se cumplen ocho años siete meses exactos, del incendio evitable de la Guardería ABC. Cuarenta y nueve bebés que no debieron morir; decenas de niñas y niños lesionados. Persisten los decesos en estancias infantiles chatarra y sin supervisión efectiva.

¿Y el gobierno de Peña, que prometió que este crimen sin castigo iba a ser ‘prioritario’? ¿Y los solapadores, que gozan de cabal salud política, y seguirán siendo premiados? ¿Y los dueños, absueltos o en vías de exoneración? Bien gracias.

@alconsumidor

 

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