Soldadito de juguete

Trump, quien en su juventud recibió cinco prórrogas para no realizar el servicio militar obligatorio y en la elección interna de su partido acusó a John McCain de no ser un héroe de guerra "porque se había dejado capturar", hoy quiere un desfile militar.

Foto: vía blog Yournewswire.com

El Narciso terrenal y Líder o Salvador del Mundo Libre emplaza a sus generales para que le organicen un magno desfile militar en la nueva capital de su emporio (sede relativamente nueva del Trump International Hotel, antes Oficina de Correos en la avenida Pensilvania y probable testigo inanimado de la marcha de soldados trumpistas), en honor privativo y particular del sátrapa, y -si acaso, apenas como elemento secundario- de su propia familia.

La ocurrencia surge el Día de la Bastilla en 2017, cuando en su condición de invitado oficial del gobierno de Francia, Trump presencia embobado ante su anfitrión Macron el apantallante show militar (como ya había sucedido anteriormente con Peña Nieto, su séquito y Francois Hollande).

Trump, ególatra enganchado. Nótese la mueca del gringo, y la sonrisa del galo. Foto: Daily Progress.

Aquí un compendio parcial gráfico, de idénticas reacciones del Ken mexicano y Trumpussolini, el niñulto estadounidense de Jamaica en el condado o borough de Queens, aprendiz cada vez más aventajado del Duce, con la mente y voluntad de Caudillo bananero norteamericano.

Angélica, Enrique y Francois. París, 16 de Julio de 2015. Foto: vía RFI.
Melania, Donald, Emmanuel y Brigitte dos años después. Foto: Business Insider.
Aplaudan. Aplaudan. Foto: vía Blog Política para mí.
No dejen de aplaudir.
Sólo falta el globo de diálogo: ‘Hmm, se me ocurre una grandiosa idea …’. Imagen vía Syracuse.com
Foto vía Súper Blog Invencible de Chris.
Tiene 71 años, pero es un párvulo insaciable. Blog Vayamos a Moot Point.

Por sus desmesurados apetitos, Drumpf se ha convertido en una suerte de malévolo mutante, autócrata y caricaturesco: una singular mezcla, en registro patológico, de Ricky Ricón y El Bebé Huey.

Del anuario de la New York Military Academy. Foto: Daily Beast.
Cadete Trumpito, con sus padres Fred y Mary Anne McLeod. Foto: vía Twitter.
Posando con sus trofeos de boliche. Foto: NY Daily News.
‘DT, call home’. Foto: vía Frontline.
Foto: TW.

Primera plana del NYDN. Le falta el respeto a una familia Gold Star, pero claro: ganó medalla por ser pulcro.

De su desempeño como cadete internado por sus padres en la Academia Militar de Nueva York, el Solipsista en Jefe considera que la preparación institucional que obtuvo allá equivale plenamente al adiestramiento de un soldado profesional. Su cuota de cumplimiento.

Hoy exige un espectáculo a la medida de sus ambiciones, y echa a andar la maquinaria que lo apuntale.

Poco importa, en la memoria colectiva estadounidense del sector que lo idolatra, que Trump haya recibido -durante la época del conflicto de Vietnam- un total de cinco prórrogas del servicio militar obligatorio (uno que desde 1940, y hasta 1973, realizaba por sorteo pero susceptible de suavizar requisitos por efecto de influencias familiares; ver el curioso caso de George Bush Júnior), con el actual presidente cuatro fueron por su condición de estudiante (siendo huésped de la escuela Wharton de negocios en la Universidad de Pensilvania) y una, sin duda la que le acarreó en su momento más controversia, por problemas podológicos (espolones óseos que requirieron procedimiento quirúrgico en uno de sus pies; cuál de los dos, Trump extraña pero previsiblemente no recuerda).

Una muestra de campo, tomada del archivo de investigaciones periodísticas del New York Times:

Corría el año de 1968, y a sus veintidós Donald J. Trump era el epítome de la buena salud.

Con una estatura de seis pies dos pulgadas [algo así como 1.85 mts], él poseía una complexión atlética. Jugaba fútbol americano, tenis y squash. Ya practicaba el golf y presumía un historial médico sin mancha, aparte de la apendectomía de rutina a la que lo habían sometido a los diez años.

Pero tras haberse graduado de la universidad en la primavera de 1968, que lo hubiera hecho elegible para servir en el ejército y ser enviado a la guerra en Vietnam, Trump recibió un diagnóstico que cambió su vida: espolones óseos en los talones.

Ese dictamen derivó en una codiciada prórroga de servicio militar, denominada 1-Y, por lo que Trump quedó exento justo cuando los Estados Unidos incrementaba el traslados masivo de elementos militares al Sudeste Asiático mediante una inducción de unos trescientos mil elementos al servicio, ese mismo año.

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Su experiencia durante esa época es cuestionada, después de que los padres musulmanes de un soldado caído en combate en Irak le cuestionaron públicamente su compromiso con el país en la convención nacional del partido demócrata. En un emotivo discurso Khizr Khan, padre del soldado, se dirigió directamente al candidato republicano aludiendo que Trump “jamás había realizado sacrificio personal alguno”.

En respuesta al legítimo reclamo de la familia Khan, y como se ha vuelto costumbre, Trump se sinceró a su hipócrita manera. 

“Pienso que he realizado muchos sacrificios (…) Trabajo con mucho, mucho empeño. He generado miles y miles de fuentes de trabajo; he construido grandes estructuras. He tenido un éxito tremendo. Creo que he hecho mucho”.

[Recordando también que el patriotero Trump aprovechó la ocasión para afianzar su base electoral islamofóbica criticando al papá orador y a su esposa, la madre de Humayun Khan].

De nuevo, el NYT:

Las declaraciones públicas de Trump sobre el particular entran en conflicto con los registros del Servicio Militar Selectivo, y muchas veces su memoria de los hechos es imprecisa en los detalles.

“Tuve un doctor que me dio una carta – una carta muy fuerte [sic] sobre mis talones”, replicó en entrevista.

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El aplazo médico significaba que Trump, recién graduado del programa de bienes raíces de la escuela Wharton de Finanzas y Comercio, podría seguir a su padre en el negocio del desarrollo urbano, cosa que él deseaba llevar a cabo.

El historial de su registro militar ha sido revisada por distintas publiaciones a partir de 2011, cuando The Smoking Gun publicó los documentos pertinentes . Un examen del Times, que incluye entrevistas con Trump y expertos en la materia, revela detalles novedosos.  

Durante mucho tiempo, Trump alegó que fue ‘la buena fortuna de contar con un número elevado de la lotería militar’ -y no la prórroga por motivos médicos- que lo mantuvo alejado de la guerra.

Pero los registros obtenidos de los Archivos Nacionales sugieren lo contrario. Trump obtuvo su exención un año antes del sorteo efectuado en diciembre de 1969: mucho antes de haber recibido la cifra ‘fenomenalmente alta’ mencionada por él.

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El recuerdo del desastre de Vietnam no le preocupaba mayormente. Más aún:

 (…) una serie de audioclips de los años noventa salieron a la luz, entre los cuales se encontraba uno de Trump que le confesaba a Howard Stern [popular anfitrión de un programa de radio, y amigo personal del neoyorquino] que el evitar el contagio de enfermedades venéreas durante esa época constituía ‘su Vietnam personal (…)’”.

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Sin reparar en las feroces críticas suyas, cuando aún campeaba la lucha por la candidatura, al senador republicano John McCain (contrincante de Barack Obama en los comicios de 2008, piloto y prisionero de Guerra que soportó torturas indecibles durante más de un lustro), graduado en blanco de sus peores descalificaciones por ‘dejarse capturar’ -de acuerdo siempre al Generalissimo de Queens- por el enemigo en Vietnam del Norte, Trump demanda un desfile bélico tan hermoso como el Muro que sigue empeñado en construir en la frontera sur de su país.

No es un héroe de guerra’, es el aserto de Trump. ‘Fue un héroe de guerra porque lo capturaron. A mí me gusta la gente que no es capturada’. Estos comentarios, que ocurrieron después de un estira y afloja entre el senador por Arizona y el candidato republicano, fueron abucheados por la concurrencia. McCain, un expiloto de la Armada, estuvo aproximadamente cinco años y medio en una conocida como el Hilton de Hanoi, donde fue torturado insistentemente. Dos de esos años los pasó en confinamiento solitario.

Trump quizá se inspire en las practicas y costumbres de otros países, con fotos proporcionadas aquí por The Guardian.

El ultimo desfile fastuoso, con personal y toda la parafernalia bélica marchando sobre la Avenida de la Constitución en Washington Dé Cé, fue encabezado por George HW Bush, en compañía del general (y remedo de procónsul) Norman Schwarzkopf, tras el fin de la Primera Guerra del Golfo hace más de un cuarto de siglo.

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De otro texto relevante del Boston Herald, ¿Muestra de fuerza, o farsa?, sólo extraemos el comentario de un lector:

(…) contamos ahora con al menos cuarenta mil veteranos sin hogar; ellas y ellos mueren en las calles prácticamente todos los días, y Trump quiere gastar fortunas en un desfile … así ‘apoya’ él a las tropas. Qué país de prioridades pervertidas: algo triste y vergonzoso.

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Nosotros aportamos titubeantes soldaditos civiles, por comparación y contraste.

Calderúmp. Foto: Cuartoscuro.com

Patético, de verde olivo, el panista extraviado en su pueril presidencia (2006-12).

Soldado Bushecito en sus años descarriados. Tomado del blog Who What Why.

Más cerca de la casa trumpera en el feudo del norte, como lo mencionamos arriba, escuece el antecedente de George W. Bush, hijo -él sí- de héroe militar condecorado, quien como Trump también evitó tener que jugársela en Vietnam, recibiendo a cambio un puesto de ornato en la Guardia Nacional Aérea en Texas, del que desertaba intempestivamente para seguir -uno supone- fiesteando; más tarde, siendo ya titular del Ejecutivo, tuvo la desfachatez de disfrazarse de piloto decretando una ficticia Misión Cumplida en Irak, en mayo de 2003.

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En los ochenta del siglo pasado, el inmobiliario Trump exigió la remoción forzada –por parte de las autoridades municipales- de veteranos de guerras en situación de calle que ponían puestos en zonas cercanas a sus propiedades (como la Torre que lleva su nombre, en la esquina de la Quinta Avenida y la calle 57, en Nueva York), porque afeaban el paisaje urbano restando plusvalía a las mismas.

Por el bien de [email protected], tendríamos que exigir su propio retiro (inmediato, de ser esto posible) de la Casa Blanca.

Para que siga jugando, si así lo desea, con soldaditos de juguete. Pero lejos del botón nuclear; sin dañar a nadie, lejos del brutal estrépito que provocará todos los días -y noches- de su mandato.

 

@alconsumidor

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