Del escritorio de Donald J. Trump

De Hoover a Obama, cada presidente de Estados Unidos ha dejado un archivo bibliográfico para analizar su gestión. Trump dejará su archivo de Twitter.

Refugios de la memoria. Suman catorce bibliotecas presidenciales norteamericanas, que son acervos que dieron inicio con de Herbert Hoover y que ya incluyen el aporte institucional de Barack Obama. Cuando termine su gestión el actual ocupante de la Casa Blanca, tendrá por necesidad la suya (¿con sede en Trump Tower?).

De momento, su cuenta en Twitter sirve de referencia diaria para los historiadores del futuro.

El archivo de Richard Nixon contiene las cintas magnetofónicas –catálogo universal del prejuicio, y la infamia, disponible para quien quiera escucharlo de viva voz, en coloquio con sus compinches, la mayoría de los cuales no se sabían grabados– que lo obligaron a renunciar.

Los de Bill Clinton y George W. Bush están abiertos al público y a los especialistas por igual.

Trump puede presumir el Twitter Archive que lleva su nombre.

Principio del Fin. Drumpf anuncia que ha sido invitado al programa de Letterman. Screenshot de Twitter.

El enlace reitera la importancia de publicaciones como La mente de Trump, libro que compendiaba sus incursiones en Twitter hasta la fecha de publicación del opúsculo. Hoy, el Archivo de Trump en Twitter nos mantiene al tanto de sus desvaríos –debidamente referenciados- desde la era del preTrumpiato.

El primero sin la marca trumpera de origen –es uno anodino que recomienda verlo en el talk show nocturno de David Letterman– se remonta al 4 de mayo de 2009. El primero que contiene un inconfundible registro trumpesco data de julio 6 en 2011. Por esas fechas, Barack Obama se estrenaba como el primer presidente estadounidense que interactuaba en directo, mediante formato Town Hall, con la comunidad de miembros de esa plataforma en un evento cuyo anfitrión fue uno de los fundadores de la misma. Quizá Trump, o algún cercano de su grupo empresarial, supo reaccionar en consecuencia. Ahí surge la voz que imprime a diario (con su particular sello histérico, colmado de exageraciones; patanesco, repleto de falsedades), que es por [email protected] conocida. Una especie de oráculo del I Ching favorecido por la Ultra republicana, xenófoba y racista que lo idolatra, o finge hacerlo para impulsar su agenda en la actual coyuntura política.

Como observador ávido de noticias en cable, sin duda Trump atestiguó la amplia cobertura del evento que pedía a la gente que se uniera a Twitter, para ‘sumarse a la conversación’. Conductores de noticiarios y personalidades de la televisión en los que él confiaba tenían un consejo: Si tuiteas, el público te escuchará. Y no sólo personas cualquiera. También individuos con mucho poder.  

Empero, esta plataforma digital, recuento doloroso de los daños en nuestro tiempo y para la posteridad, no incluye cada uno de los envíos tuitísticos del actual presidente de los Estados Unidos. Por admisión propia de Brendan Brown, el joven programador y activista que también concibió la página contactingcongress.org:

Carezco de cuatro mil, aproximadamente. Tampoco pude incluir los que Trump eliminó antes de septiembre de 2016.

Este famoso tuit, donde Trump presume ser genio estable, fue removido por su autor y no se encuentra en el Archivo. Screenshot de Twitter.

Los que quedan, reflejan con pasmosa fidelidad los defectos incorregibles de su carácter.

Ocasiones en que ha utilizado la expresión, ‘perdedores’: 123, hasta el momento.

En combinación con ‘odiadores’, otra de sus predilectas: 63.

Calentamiento global’, al que (en son de burla, y con demasiada frecuencia) tilda de cuento chino: 107.

Referencias directas a México, en tuits de su autoría o mediante retuiteos: la primera, felicitando a Jimena Navarrete cuando la jalisciense obtuvo el Miss Universo de 2010: 151.

A Obama, su Némesis y el antiTrump por excelencia: 2,617.

A Crooked Hillary: 240.

Fake News: 174.

Bad y/o sad: 1,024.

Idiot y/o stupid: 222.

Genius: 66.

A la mierda, por sí sola, o en cualquiera de sus variadas acepciones, o combinada: 33.

El catálogo de bravucón derrocha modismos atropellados, junto con locuciones de uso frecuente en su universo moral y signos de exclamación repetidos hasta el cansancio. El link de su Twitter cuenta con un sistema rudimentario de concordancias y numeralia utilizable para curiosos o expertos trumpistas.

Para conocer a nuestros enemigos (y él lo ha sido desde siempre, pero incrementa exponencialmente su toxicismo a partir del lanzamiento oficial de su precandidatura, en el vestíbulo de su Torre neoyorquina hace casi tres años), es requisito indispensable estudiarlos –y entenderlos- tanto como sea posible; en el caso de Trump, huelga bucear en su feed de Twitter, el que comparte, alegre y obsesivamente -con seguidores, contrincantes, y testigos- para desgracia –o regocijo- de [email protected] [email protected] en el mundo. Con limitaciones y todo, éste apunta a ser el legado más importante de su presidencia: una radiografía exhaustiva de su talante, y la clave definitoria que nos señala el origen y destino de fobias permanents (y, uno quisiera suponer, de eventuales fracasos duraderos).

¿Habrán realizado nuestros distinguidos cleptócratas mexiquenses y tecnos peñistas, que tuvieron a bien invitarlo a Los Pinos cuando se desplomaba en las encuestas -para otorgarle, en el proceso, trato de indiscutible Jefe de Estado, sin que aún lo hubiera sido- el análisis serio y a profundidad de su cuenta en Twitter que la ocasión requería? ¿Existe ahora alguien en el entorno del mexiquense con la suficiente capacidad y voluntad de estudiar la mente torcida del magnate presidente? ¿A estas alturas del sexenio que se extingue, les importará un bledo el asunto, cuando lo único que anima a las fuerzas vivas en el PRI y en el gobierno, es rescata a Pepemíd y a su partidazo tricolor del naufragio electoral que se avecina?

Por lo pronto circula ya en redes este peculiar compendio, que es de fácil acceso y comprensión inmediata.

Retratan a Trump en su retrete: un niñulto narcisista con setenta y pico años –e infinidad de mañas- a cuestas, regodéandose (balazos tuiteros de por medio) en el charco inmundo de sus prejuicios, y de su ampliamente festejada autocomplacencia.

Los tuits catalogados de DJ Trump mueven montañas reales y figuradas.

Trumpster fire, derivación del dumpster fire de conocimiento urbano generalizado (o caricaturesco, como la fogata gigantesca de llantas que padece desde tiempo immemorial la ciudad de Springfield, cuna imaginada de Los Simpson).

En ese orden, y por contraste: ¿cuántos selfis de EPN cabrán en la simbólica punta de un alfiler, hecho en Atracomulco: el mismo que pronto se tornará en virtual collage presidencial peñanietístico?

 

@alconsumidor

Close
Comentarios