El Grito, medio siglo después

Existen muchas formas, y estrategias variadas, de olvidar los aportes del movimiento estudiantil y la matanza del 2 de octubre de 1968. ¿Cómo se va a conmemorar este año su irrupción en la imaginación colectiva? ¿Incidirá su recuerdo, así sea indirecto, en los inminentes comicios federales de julio? ¿Acaso sea posible la activación de mecanismos de la Memoria, Verdad y Justicia?

Fue hace casi cincuenta años. Alumnos del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, bajo la supervisión del recopilador y director del documental, Leobardo López Arretche (1942-70), representante de su escuela ante el CNH, filmaron los eventos que dieron inicio cuando en una riña entre pandillas y escuelas del Poli y de la UNAM en las inmediaciones de la Ciudadela, el 22 de abril del 68, la violenta y desmesurada respuesta policiaca desató los amarres –y abrió las conciencias– de un sector de la juventud mexicana, culminando con la masacre de Tlatelolco: herida abierta y parteaguas histórico, aún hoy pleno de interrogantes, que marca para siempre nuestro fallido ‘ingreso a la modernidad’.

Esto y muchas cosas más, es El Grito.

Es documental, labor colectiva y reflexión, en relativo silencio y sin comentarios editoriales aparentes, de aquellos tiempos, recoge las palabras del entonces rector de la Universidad Nacional, Javier Barros Sierra, que había ordenado que la bandera nacional en la explanada de Rectoría ondease a media asta el 30 de julio; lo muestra encabezando la manifestación encabezada por él, así como las concentraciones multitudinarias, festivas y desenfadadas, donde la participación de los estudiantes –así como sus exigencias pacíficas, cien por cien democráticas– fueron adquiriendo mayor protagonismo.

Es una tentativa de liberación que no contaba con la sordera del gobierno y el PRI que encarnaba entonces Gustavo Díaz Ordaz, en una suerte de gatopardesco continuismo autoritario que llega –sin interrupción alguna– hasta las entrañas actuales de un partido que en 2017 aclama al ‘ciudadano apartidista’ (postulado por ese instituto político, vía dedazo de Peña Nieto) y tecnócrata irredento José Antonio Míd.

Es un arduo trabajo, donde no escasea el humor. Se escucha, por ejemplo, esta versión modificada de Francisco Gabilondo Soler.

¿Quién es el que anda ahí?

Es PRI-PRÍ … es PRI-PRÍ

¿Y quién es, ese señor?

El Grillo Ladrón

Incorpora testimonios de la periodista italiana Oriana Fallaci (1926-2009), herida en la Plaza de las Culturas ese dos de octubre, junto con las exigencias en off del Consejo Nacional de Huelga; las declaraciones Ingeniero Heberto Castillo (1928-97), desde una cama de hospital donde se reponía de la agresión propinada por fuerzas del gobierno que lo golpearon afuera de su casa, y canciones de protesta contemporáneas.

Existen muchas formas, y estrategias variadas, de olvidar los aportes del movimiento estudiantil y la matanza del miércoles 2 de octubre de mil novecientos sesenta y ocho, diez días antes de la inauguración, en el estadio de CU (y figurativamente, ¿sobre cuántos cadáveres?) de la décimo novena Olimpíada.

¿Cómo se va a conmemorar, este año, su irrupción en la imaginación colectiva? ¿Incidirá su recuerdo, así sea indirecto, en los inminentes comicios federales de julio? ¿Acaso sea posible la activación de mecanismos de la Memoria, que (ahora sí) desemboquen tal vez, y aunque tardías en necesarias Verdad y Justicia?

El Grito se exhibió por primera vez y oficialmente en la antigua Cineteca Nacional (aunque ya había sido proyectada en circuitos clandestinos) durante el sexenio del exsecretario de Gobernación corresponsable de la represión Luis Echeverría, casi seis años después del suicidio en 1970 del director López Arretche.

Leobardo López fue protagonista –junto con Ma. Elena Ambriz, y también coautor del guión- del filme Crates, dirigido por Alfredo Joskowicz (1937-2012), primer largometraje realizado por el CUEC en su historia. Estudió actuación y dirección teatral en la escuela del japonés Seki Sano (1905-66).

El filme de Joskowicz es un ensayo y ejercicio experimental, típico de escuelas universitarias de cine; más allá de su valor estético, es un vivo testimonio tal como lo fue El Grito, de su circunstancia y de su tiempo.

La trama: Trata de un hombre que renuncia a todas sus posesiones personales e inicia una nueva etapa en su vida buscando la libertad. Conoce a una joven y juntos se van a vivir a una cueva, lejos de las corrupciones de un mundo materialista.

¿Y quién se supone que fue Crates, modelo original del personaje?

Crates de Tebas fue un filósofo y poeta griego de la escuela cínica durante el periódico helénico, en el siglo IV o III a.C, más o menos. Discípulo de Diógenes el Perro (quien a su vez tuvo como maestro a Antístenes, el cual fue discípulo de Sócrates y de sofistas como Pródico e Hipias), fue quien enseñó la filosofía cínica a Zenón de Citio, fundador del estoicismo. Crates, originario de Tebas, dejó todos sus bienes –pertenecía a la aristocracia griega– para vivir como los cínicos, es decir, como perros que no necesitan bienes ni vivir amarrados a las convenciones sociales. El término “cínico” viene del griego “kýon” que significa “perro” (de ahí palabras como “canino”, por ejemplo). Según un poema de Crates, él no necesitaba para vivir nada más que su alforja y un puñado de lentejas.

De talante depresivo, López Arretche fue testigo de primera línea del movimiento en el 68. La suya fue una carrera demasiado efímera, pero de limpia trayectoria reconocida por compañeros y contemporáneos. El arco de su vida culmina con la intervención como representante de la facultad de cine en el Consejo Nacional de Huelga y en el posterior lanzamiento, en circunstancias harto complicadas, de El Grito. Poco tiempo después, sobreviene la desilusión y su muerte.

Reencontrarse en la red con su obra, y la de los alumnos que filmaron las secuencias plasmadas en ella, es una tentativa de homenaje mínimo a la generación que hace medio siglo se propuso hacer historia.

Lo sigue intentando. Estamos en deuda profunda con toda ella. Quizá vislumbremos, en definitiva y tras conocer los resultados electorales del primero de julio próximo (treinta años después de la tomada de pelo e imperdonable fraude salinista), qué tan honda y duradera sigue siendo su impronta.

Ojalá y no tengan que pasar otros cincuenta años, para que -por fin- la nave que es nuestra casa, llegue a un mejor puerto. Donde desigualdad, violencia, corrupción e impunidad no sean lo que hoy son: Razón suprema de Estado.

Cineclub en casa. Con Ustedes, El Grito.

El Grito from mx on Vimeo.

Y para quien desee conocer algo más a su director: la cinta Crates, de Joskowicz.

@alconsumidor

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