Las epifanías de Martin Luther King

Vilipendiado por los antecesores suprematistas blancos que mandan en la administración de Trump; en los pasillos legislativos donde el partido republicano goza de mayorías, y en sectores amplios del Judicial, perdura aún el espíritu de Martin Luther King.

Memphis. La última estación de su Viacrucis. Foto: AP

Era, fue y seguirá siendo -en la fugaz pertinencia del ahora que lo recuerda, sólo para olvidarlo hasta vuelva a festejarse su Día Nacional (rechazado desde su incepción por los mismos sectores retrógradas y rednecks del Establishment republicano, en la presidencia de Ronald Reagan: prefiguración del Trumpismo), y la efeméride obligada de su muerte temprana- demasiado humano.

Para Louis Menand, escribiendo para New Yorker, Martin Luther King se convirtió en un líder social y de conciencia plena tras la homilía en el templo de la calle Holt de la capital de Alabama, pronunciada por él cuatro días después de que Rosa Parks negó cederle su asiento, en un autobús segregado del servicio municipal, a un usuario blanco que así lo exigía: acto fundacional que derivó en su eventual arresto. 

Si estamos equivocados, entonces la justicia es una mentira.

(¡Sí!)

El amor no tiene significado. 

Y estamos determinados a que aquí en Montgomery, hemos de trabajar y luchar hasta que fluya el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.

[Until justice rolls down like water, and righteousness like a mighty stream. Esta hermosa frase, extraída del libro profético de Amos, la repitió King en su discurso más célebre, frente al Memorial a Lincoln en la capital estadounidense en 1963, y fue eventualmente incorporada por Maya Lin diseño de la fuente y Memorial de la lucha por los derechos civiles.

Tal vez ese momento definitorio surgió de súbito cuando King recibió una de múltiples amenazas telefónicas en su hogar en la calle South Jackson número 309 (hoy museo dedicado al de su paso por la ciudad de Montgomery) la medianoche del 27 de enero de 1956 (casi dos meses después de su sermón en la Calle Holt), o tras dos bombardeos a su casa: amenazas cumplidas, uno ese año, y otro más ahí mismo en el cincuenta y siete.

Sacudido, se dirigió a la cocina […] Comenzó a rezar en voz alta: ‘Señor, aquí me encuentro, intentando hacer lo correcto … debo confesar … que estoy perdiendo el coraje’.

King explicó luego lo que pasó después. ‘Pude escuchar una voz interna que me decía: ‘Martin Luther, levántate por la verdad. Levántate por la justicia. Levántate por la rectitud. 

¿O acaso fue cuando –extenuado, y a unas horas de su muerte- divisó como Moisés la Tierra Prometida para su pueblo, intuyendo que no estaría más con él.?

La aceptación parcial de su ejemplo en el Mainstream ha tenido consecuencias accidentadas. Cosa de ver, cortesía de Mad Men de nuestro tiempo, el comercial ridículo que incorpora su voz, y la inclusión de partes de uno de sus postreros sermones (previos a su asesinato) en el Súper Tazón de febrero pasado.

RAM Trucks. Un uso tramposo para promover trocas en el horario estelar del Super Bowl

versus lo que en realidad pensaba MLK sobre la industria engañabobos de la publicidad, y –en específico- la venta de autos y otros productos de consumo que desembocaban en una carrera de ratas (Rat race) sin fin, que define con precisión a nuestro propio tiempo. Con palabras tomadas del mismo discurso …

Make it plain … La afamada prédica Drum Major Instinct, que dio King en el Templo Bautista Ebenezer que presidían él y su padre en Atlanta, el cuatro de febrero de 1968. Puede leerse el texto completo, mediante este enlace del Centro que lleva su nombre (a favor del cambio social mediante la no-violencia) administrado por su familia.

A la hora de su muerte en un balcón frente al cuarto 306 del Hotel Lorraine (hoy Museo Nacional de los Derechos Civiles) de la ciudad de Memphis Tennessee, la tarde del cuatro de abril de 1968, King era un verdadero paria criticado por antiguos amigos y medios antes afines, por sostener su verdad: una enfrentada la desigualdad rampante y a la guerra en Vietnam, y a favor de una genuina -y pacífica- revolución económica en los Estados Unidos.

Nació llamándose Michael Jr. en Atlanta Georgia, el quince de enero de 1929 (nueve meses y una semana antes del Lunes Negro en Wall Street que provocó la Gran Depresión económica de la que el mundo se repuso apenas, años más tarde). Tanto su padre Michael Sr. como él cambiaron de nombre, adoptando ambos el de Martín Lutero, en 1934.

Daddy King murió en 1984. Su madre Alberta Williams King fue acribillada por un desquiciado (que también acabó con la vida de un diácono) durante un servicio religioso en el templo de Ebenezer, el 30 de junio de 1974. Su hermano Alfred Daniel Williams falleció ahogado a los 38 años en la alberca de su casa, en 1969.

La Campaña y Marcha de la Gente Pobre que buscaba la aprobación de una Ley formal de Derechos Económicos, y que hubiera llevado a King a Washington DC de no haber muerto él en Memphis, fue encabezada por su lugarteniente, amigo, y predicador Ralph Abernathy (1926-90). Tuvo ésta una duración efímera: apenas del 12 de mayo al 24 de junio del 68. Sus integrantes construyeron una hechiza Ciudad Resurrección, en aras de exhibir los compromisos incumlidos del gobierno, y fueron expulsados de Washington DC. En un intento por revivirla medio siglo después, los herederos religiosos y sociales de MLK, William Barber y Liz Theoharis, organizan con diversos grupos laicos, eclesiásticos y defensores de derechos humanos una edición renovada de esta Campaña. Inició formalmente el 4 de diciembre del año pasado, y se extenderá a todo lo largo y ancho de la Unión Americana.

Vilipendiado por los antecesores suprematistas blancos que hoy mandan en la administración Trump; en los pasillos legislativos donde el partido republicano –en minúsculas- goza de mayorías calificadas, y en sectores amplios del Judicial, incluyendo por supuesto a la Suprema Corte, perdura aún el espíritu de Martin Luther King.

El Racista en Jefe Donald Trump y su fiel vasallo Mike Pence desde la vicepresidencia de los Estados Unidos, en proclamas oficiales y vía sus respectivas plataformas en redes sociales pretenden rendir culto discursivo a una versión edulcorada de su persona. Intentan secuestrar la memoria colectiva de su vida, achatando los bordes afilados de su empeño. No podemos olvidar que Trump insultó a John Lewis (hoy congresista por el  quinto distrito de Georgia; único orador vivo de los que participaron en la Marcha a Washington del 28 de agosto de 1963, donde King pronunció el célebre discurso Yo Tengo un Sueño): ejemplo vivo de compromiso en la lucha por los derechos civiles y compañero en sus batallas en defensa de los años sesenta, en vísperas de la toma de posesión del republicano.

King está entre [email protected], gracias a esas piezas magistrales de oratoria de su autoría, que abrevan de una larga tradición de prédica afroamericana, cantos espirituales, la apuesta no-violenta gandhiana (fruto de intensas lecturas, y un viaje a la India realizado por él y su esposa Coretta, en 1959) y expresiones teológicas de contemporáneos de King –perteneciente a la comunidad bautista- como los anglos J. Wallace Hamilton o Harold Bosley.

La victoria (¿pírrica?) de Trump implica la intentona (fallida, uno espera) de cercenar el sueño que  animó a MLK a elegir su camino, y que lo llevó a ser considerado enemigo público (para la mayoría que lo rechazaba, de acuerdo a encuestas contempóraneas en la víspera de su final) hasta su asesinato en Memphis.

Demasiado falible. Existen acusaciones fundadas de plagio (algo muy cercano a nuestra clase política, y al encopetado caudillete mexiquense que la encabeza) durante su paso por escuelas y facultades teológicas de posgrado como la de la Universidad de Boston.

Sufrió un primer atentado en 1958, cuando una paranoica esquizofrénica (fallecida en 2015, por cierto, a la edad de noventa y ocho años) lo atacó con un abrecartas en Harlem NY. Sobrevivió de milagro.

Padecieron él y su familia, arteras amenazas y chantajes cobardes; los peores, surgidos desde las entrañas institucionales de la Oficina Federal de Investigaciones que encabezaba entonces el siniestro J. Edgar Hoover. Con cintas grabadas ilegalmente enviadas en directo (y en calidad de urgente) a la atención de su esposa, con una carta que lo invitaba, ‘amablemente’, a que King terminara su vida por propia mano.

El Reverendo Martin Luther King Jr. camina hacia la inmortalidad. Lo acompaña a su izquierda, Ralph Abernathy. FOTO: AP

Y sin embargo, a cincuenta años de su muerte, Martin Luther King Jr. -pese a todo- está más vivo que nunca.

 

@alconsumidor

Close
Comentarios