Música para tiempos sombríos

En estos días de campaña en que saltan a la vista los vínculos que entreveran a la música con la política electorera-electoral, no hay que olvidar ejemplos creativos y formas soterradas de rebeldía, que aún hoy contienden contra el olvido, como el caso de Rodion Ladislau Roșca.

Acostumbrados ya -de grado o por la fuerza- a los palomacitos ocasionales en la campaña de Ricardo Anaya, candidato pán-erredé-movimentísta a la presidencia de México 2018; presumiendo depuradas técnicas al teclado, o haciendo acompañamiento a La Bamba en ukulele, saltan a la vista los vínculos que entreveran a la música con la política electorera/electoral mexicana.

Al mismísimo Divo de Juárez (Ni Temo, ni Chente: Francisco va a ser el presidente) se le reprochó la tonada que compuso para el priísta Francisco Labastida en el año 2000 y que, en la visión retrospectiva de tres sexenios fallidos, únicamente agravó los problemas que, como Míd en la actualidad, aquejaban al sinaloense y a un equipo del PRI-gobierno que acabó revolcado por la ola foxista en ese proverbial dos de julio.

Y vaya que en otras latitudes y contextos, donde no necesariamente se estilaban jingles de campaña, también se cocían –y escuecen- las habas. Ídolos jóvenes del K-Pop surcoreano, en gira reciente por los feudos de Kim Jong-un, acreditan la súbita voluntad del tercer tirano de la dinastía, de calibrar su ofensiva de relaciones públicas (iniciada en los Juegos Olímpicos de Invierno), quien sin empacho alguno comparte aparentes y efusivas muestras de su entusiasmo -y conmoción– que habrían concitado las canciones (antes prohibidas), en su ánimo dictatorial; y de paso en el de su hermana, y por supuesto, en el de su inseparable consorte.

Recordamos por asociación de ideas, los conciertos privadísimos de figuras musicales de primer orden como Beyoncé Knowles, Usher o Mariah Carey en foros habilitados prácticamente para una sola persona y su círculo más íntimo, con amigos, cómplices y alguno que otro colado: el clan de los Ghadafi previo a su caída (las vueltas que da la vida, y la historia: uno de ellos se apunta para reincorporarse al quehacer político libio, desde una posible candidatura presidencial en los comicios que tendrán lugar allá, en ese país quebrado en todos los sentidos, a finales de año). Una extensa lista de showmen y –women. Entretenedores de autócratas en todo el mundo, que –en distintos momentos- debe incluir los nombres de Sting, 50 Cent, Lionel Ritchie y Michael Jackson…

El otro lado de la moneda, en el ámbito de la resistencia, surgen ejemplos creativos y formas soterradas de rebeldía, que aún hoy –cuando la amnesia es valor obligado- contienden contra el olvido.

Michael Hann, crítico del Guardian, consagra un lugar importante al curioso caso de Rodion Ladislau Roșca (1953), padre de la música electrónica: como él la define, una divertida amalgama prog, pop y de vanguardia de la antigua República Popular (comunista) de Rumania, fenómeno que surgió –con harta imaginación, ingenio y mucha fuerza, a finales de los sesenta- en la época del gobierno de Nicolae Ceaușescu (1918-1989), opresor Conducator que dirigió, de la mano de la temida Securitate, los destinos de esa nación desde 1965 hasta su fusilamiento veinticuatro años más tarde.

El (entonces) alumno de conservatorio Roșca, visionario oriundo de la ciudad de Cluj-Napoca, empezó a escuchar música contemporánea alemana, inglesa y de países de la Cortina de Hierro; se volvió fanático, y acumuló –mediante compras clandestinas- la colección más grande de discos de la localidad. De origen húngaro, como el del pastor (y hasta el día de hoy, político y eurodiputado conservador rumano László Tökés de Timișoara: mecha que iniciaría la conflagración cívica que derivó en el ocaso y caída de Ceaușescu), canalizó inquietudes y obsesiones inventando aparatos hechizos e instrumentos novedosos ensamblados por él; con samplers y cintas magnetofónicas. Su grupo Rodion GA debutó en el circuito de música samizdat, tocando en bodas u otras reuniones sociales prácticamente bajo el radar de autoridades para las cuales sus canciones eran sinónimo de decadencia: garantías de censura terminante, y otras medidas draconianas.

Extracto de La Historia de Rodion GA

Existe muy poca obra discográfica suya, de ese tiempo.

Su accidentada trayectoria musical se vio interrumpida en 1989, tras el fallecimiento de su madre.

Las que siguen son instantáneas de una época que culmina ese mismo año, con la revuelta popular, el juicio sumario y la ejecución de Ceauceșcu y su esposa Elena.

Sueño de sueño

En el silencio de la noche

Rodion musicalizó el corto animado Última Misión, que lo emparenta con los universos alternos de la fantasía y ciencia ficción al otro lado de la Cortina de Hierro.

Un Tonto. Versión en vivo, circa 2016

‘Atrás de la Cortina’. De álbum reciente Behind the Curtain: The Lost Album, en colaboración con el grupo Future Nuggets (vía Discogs)

Alfa Centauri. Más ciencia ficción. El cosmos reinterpretado

El de Rodion fue, hasta hace poco, el exilio autodesignado en una granja de su propiedad. Despúes sobrevino el redescubrimiento de su obra, por el grupo rumano Future Nuggets de Bucarest.

 

Tristemente su estado de salud en la actualidad es muy precario. Enfrenta el final con resignación, y sin viso alguno de arrepentimiento.

Aquí, su página en Facebook.

[Ya que abordamos el tema, podría motivo de una entrega futura la revolución musical y política -más explícita que la del rumano- que representó en su momento La Gente Plástica del Universo de Checoslovaquia, una que jugó papel protagónico en su versión de terciopelo, encabezada por el ensayista y dramaturgo Vaclav Havel, y compañía. Su inspiración: el rebelde estadounidense Frank Zappa (1940-93), en su trayectoria como solista de vanguardia y frontman de Las Madres de la Invención.]

Pero volviendo a Rodion GA: tomado de una semblanza de Barely Braking Even Even Records (BBE), disquera que lo representa.

Fueron influencias eclécticas en su carrera: Jethro Tull, Emerson, Lake and Palmer y Yes, además de Kraftwerk en Alemania Occidental y Karat en la Oriental; el grupo Matador [sic] en Checoslovaquia, y la banda húngara Skorpio.

Dos muestras de las últimas aludidas.

Los Matadores, Odio todo menos al odio.

Skorpio. Vacaciones – Dirección de Viaje.

En instantes en que la lengua y cultura rumanas adquieren especial relevancia: dos nombres excepcionales, los de Mircea Cartarescu (1956), Premio Formentor en su edición 2018 y Norman Manea (1936), Premio FIL 2016, así como los de grandes exponentes de la Nueva Ola: en lista parcial [aunque falten, como siempre en estos casos, mujeres directoras …], Cristi Puiu (1967), Cristian Mungiu (1968), Corneliu Porumboui (1975), Calin Peter Netzer (1975) o Cristian Nemescu (1979-2006), habrá que añadir el gran aporte musical de Rodion Roșca, compositor e instrumentalista adelantado a su época en tiempos sombríos.

Los de antes, y –por supuesto- los de ahora.

 

@alconsumidor

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