Diez debates: una muestra

Mucho se ha hablado de los orígenes modernos de los debates, en los comicios norteamericanos federales de 1960; de cómo la imagen elegante y cuidada con esmero de Kennedy arrasó en la tele, y en cambio para aquellas personas que lo escucharon por la radio, el triunfador indiscutible de este ejercicio primerizo fue su contrincante Nixon.

Ayer domingo 22 tuvo lugar el primer debate entre candidatos presidenciales de México: una costumbre que apenas acá dio comienzo en 1994, cuando el declive salinista (el ultimo verdadero Tlatoani priísta) se encontraba urgido de legitimidad ausente, de cara a las elecciones que llevaron a Los Pinos a Ernesto Zedillo.

En la Unión Americana, se volvió costumbre programarlos a partir de los comicios de 1976.

Mucho se ha hablado de los orígenes modernos de esta práctica, en los comicios norteamericanos federales de 1960; de cómo la imagen elegante y cuidada con esmero de John Kennedy arrasó en la tele, y cómo (en cambio) para aquellas personas que lo escucharon por la radio, el triunfador indiscutible de este ejercicio primerizo fue su contrincante Richard Nixon.

Quien no haya nunca visto el primer debate –que pudo haber definido, junto con los votos cautivos de algunos condados en la ciudad de Chicago, entonces bajo el control del clan que encabezaba Richard Daley, el desenlace de la apretada contienda a favor del hijo predilecto, exsenador y millonario de Massachusetts- podrá normar su criterio checando el enlace correspondiente de YouTube, cortesía de la biblioteca presidencial de JFK.

Kennedy v. Nixon. La prehistoria en glorioso blanco y negro.

Huelga fijarse, ante todo y exactamente como ahora, en el lenguaje corporal, y otros intangibles de los dos contendientes. Nixon porta un traje que le queda mal, y una barba que enfatiza el mal estado de salud por el que transitaba en esos momentos. La propuesta, entonces, es observar detenidamente detalles o fragmentos del debate televisado, y cuando menos, dedicar unos minutos a los mismos sin beneficio del volumen.

Ese encuentro lo inició todo. Estados Unidos contaba con antecedentes distinguidos, en cuanto al formato impuesto por los siete debates sobre el tema de la esclavitud –entre otros- que sostuvieron el republicano Abraham Lincoln y el demócrata Stephen D. Douglas, cuando estaba en juego una senaduría del estado de Illinois, y corría el año de 1858; después ambos serían candidatos a la presidencia –dos de cuatro- y el primero se izaría con la victoria, misma que derivó en el estallido de la Guerra de Secesión norteamericana. Para cuando se enfrentaron John Fitzgerald Kennedy, demócrata, y Richard Milhous Nixon, vicepresidente de Dwight D. Eisenhower 1960, la televisión iba imponiendo los primeros atisbos de un papel absolutamente central en el discurso político; la opinión pública presenciaba lo que después se iba a transformar, cincuenta y seis años más tarde, en el imperio relativo de las noticias erróneas trumpistas y las redes sociales embotadas.

Cuando el demócrata Jimmy Carter, exgobernador del estado de Georgia, se vio las caras con el republicano Gerald Ford, en 1976, se inauguró la amplificación de traspiés discursivos por parte del de Michigan.

No hay un dominio soviético en Europa Oriental, sostuvo el presidente que ocupó el lugar de Tricky Dick Nixon tras la renuncia de este ultimo en 1974. Es probable que el disparate, junto con su perdón a Nixon por los crímenes cometidos en el escándalo Watergate fue lo que le costó en definitiva a Ford la elección ese año.

La anécdota ‘espontánea’ prescindible volvió a asomarse cuatro años después, cuando un exactor y robot humanizado Ronald Wilson Reagan venció a Carter, respondió a los alegatos del democrata con una formula coloquial bien calculada.

There you go again …

Durante su campaña por la reelección el mismo Reagan desarmó con humor, en 1984, cuestionamientos sobre su avanzada edad prometiendo durante uno de los debates, no sacar raja de ‘la juvenud e inexperiencia’ del democrata de Minnesota Walter Mondale, ex vicepresidente durante la gestión de Jimmy Carter.

William Jefferson Clinton (D) v. George WH Bush (R) debatieron en 1992: este último cometió un error imperdonable, aunque mínimo. A saber: atreverse a checar –casi furtivamente- su reloj, como si el republicano quisiera estar en otro sitio.

Detalle en apariencia nimio, pero crucial en el spin posterior al debate que se decantó a favor del ex gobernador de Arkansas.

El país que más ha aportado a la pedagogía ciudadana en el renglón debatístico es, sin duda, Francia.

Acá los dos candidatos a la segunda vuelta presidencial, el socialista Bernard Hollande y el conservador Nicolas Sarkozy confrontan proyectos sin mediación alguna, en 2012.

El estreno mexicano, acartonado y tentativo, arrojó –a pesar de taras y limitaciones- un resultado contundente y novedoso. En la percepción generalizada, el candidato del PAN había salido triunfante.

La gente se atrevió a imaginar, así fuera por unos horas, la posible derrota del trabuco tricolor. Fernández de Cevallos se impuso en toda la línea a EZPL y a Cuauhtémoc Cárdenas, un sexenio después del fraude salinista. El único problema es que el del PAN, cuatacho y cómplice de Salinas, pasó a retirarse –figurativamente- desperdiciando la oportunidad única de contender en serio por la Primera Magistratura; dejando vía libre para el voto del miedo y por la paz (¿de los e sepulcros?) que pretende reciclar el ‘ciudadano sin partido’ del PRI PVEM Panal Pepetoño Míd –las cuatro pés- en 2018.

Brasil, 1989. Cuatro años después del fin de la dictadura militar que arrancó, a sangre y vuego, con el cuartelazo de 1964, el ex gobernador de Alagoas Fernando Collor Collor de Melo (conservador, postulado por el Partido de Reconstrucción Nacional) y Luiz Inácio Lula da Silva del Partido de los Trabajadores miden fuerzas. Triunfaría Collor, especie de Peña Nieto (apoyado como en su oportunidad el mexiquense, por los grandes medios de su país): defenestrado en 1992 por delitos de corrupción, y en la actualidad senador en funciones, acusado –vaya novedad- de corrupción. Participante activo en la votación de impeachment de Dilma Roussef, quien hoy contempla la posibilidad de volver a competir por la presidencia.

Y Lula en la cárcel, por el momento imposibilitado de participar en las próximas elecciones a la presidencia.

Versión Perú, 1990. El Chino Alberto Fujimori de Cambio 90 (autócrata y criminal recién amnistiado por el pusilánime Pedro Pablo Kuczynski: éste, obligado a su vez a renunciar, ante un inminente juicio politico en su contra promovido por la oposición mayoritaria fujimorista) le birla la partida electoral a Mario Vargas Llosa del Frente Democrático (Fredemo).

Y al final de la lista, una conclusión obscena, trágica: inconcebible. De no creerse todavía.

La antesala del infierno. Donald Drumpf el acosador (literal) de Teflón versus Hillary Clinton, 2016. Primer debate en el auditorio de la Universidad Hofstra, en Nueva York.

En suma: queda desearle suerte a los cinco participantes.

¿Ganó acaso el menos peor, quienquiera que é[email protected] sea?

 

@alconsumidor

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