Esperanza doble

De los cambios politicos en Armenia provocados por la campaña de Nikol Pashinyan, y una marcha contra la pobreza en Washington.

Le llaman, entre broma y veras, el Santa Clos de Armenia. Fue periodista alternativo y por ende, enemigo declarado de la clase gobernante y empresarial que tiene -y mantiene- postrada a su sociedad mayormente joven y pujante. Hoy despacha en el Parlamento local y convoca a grandes multitudes de todas las condiciones y edades en aquellos sitios que responden a su ejemplo con entusiasmo comparable al de principios de los noventa, cuando Armenia obtuvo su independiencia tras el fin del comunismo. Hoy es el rostro visible de posibles cambios profundos: uno que bien puede convertirlo pronto en Primer Ministro (ante la renuncia del caudillo y ex apparatchik a la usanza de la antigua URSS, Serzh Sargsyan, candidato hasta su retiro al puesto eventual de presidente vitalicio, muy al estilo de Vladimir Putin, quien tuvo a bien fingir que canjeaba la investidura de Poder tras el Trono por la de Jefe Indiscutible del Ejecutivo con su monigote Dmitri Anatolievich Medvedev, de 2008 al 12, en una tentativa similar a la del veterano armenio) a ocupar ese sitio tras una revuelta ciudadana promovida por Nikol Pashinyan del partido Contrato Civil.

No se amilana Pashinyan ante los retos que enfrentan a Armenia, desde hacia tiempo, con su vecino azerbaiyano. El movimiento popular que encabeza ha logrado desbancar, de momento y si acaso provisionalmente a los poderes que deciden el curso de su destino.

Como en otros lugares que accedieron hace relativamente poco a la democracia, Armenia sufre el embate de un avasallador Apparat, que -sumado al control cupular, brotes de indiferencia social y conflictos regionales- impide su despegue en el concierto de naciones (muchas de las cuales revierten indefectiblemente, casi como un acto reflejo, a formas deliberadas del despotismo).

En un mundo de noticias que parecen confirmar la victoria, en ciertos espacios europeos que aparentaban vivir alejados de tentaciones, usos y costumbres autoritarias, la sorprendente noticia del surgimiento de una sociedad civil consolidada en Armenia, que sale a las calles para exigir el fin del Cleptotariato en santa paz y sin temor a las consecuencias, demuestra que puede emerger la luz de la misma oscuridad en otras latitudes.

Encuentro subtitulado, en vivo y a color, entre lo viejo e inmodificable (que sigue haciendo cuentas alegres, y rechaza abandonar la palestra) ante algo –alguien- desconocido y nuevo. La junta o semicumbre Sargsyan — Pashinyan. El viejo lobo, molesto y acorralado ante los medios, insiste en dialogar; el diputado tiene otros planes. A saber: pactar la renuncia inmediata del primero. Santa no le cede la mirada, o para el caso la iniciativa, al vetusto dictador. No acepta el sentido de las amenazas de Sargsyan. Plantea con claridad que las reglas de juego se han modificado, para desgracia del jefe del ex mando militar, ex cuadro comunista y voz cantante del Partido Republicano y su franja mayoritaria en el Congreso. En menos de cuatro minutos, el dinosaurio abandona intempestivamente el recinto; casi todos los medios permanecen escuchando a Pashinyan.

Y luego, lo inaudito. Sobreviene el arresto de Pashinyan, y el 23 de abril la eventual renuncia de Sargsyan, quien reconoce –sabe uno los ocultos motivos del comentario- haberse equivocado.

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Pashinyan mueve conciencias en Armenia; el doctor y reverendo William J. Barber II, pretende actuar en consecuencia. Con la doctora y reverendo Jeanne Theoharis del Centro Kairos de las Religiones, Derechos y Justicia Social; cofundadora, con Barber, del organismo denominado Reparadores de la Brecha, ambos buscan reactivar –con numerosos colectivos que los apoyan- las causas que produjeron leyes a favor de derechos humanos (actualmente en peligro), mediante una marcha que reivindica demandas torales, indistinguibles de las de King, los diversos activistas que jugaron un papel de primer orden, y de su Southern Christian Leadership Conference del sesenta y ocho.

Entre las anteriores se encuentran las siguientes: ordenamientos locales y federales que garanticen salarios dignos. Oportunidades educativas. Seguridad social y cobertura total. Vivienda accesible e igualitaria. Proyectos sustentables de infraestructura que beneficien a comunidades pobres en sectores urbanos y rurales. Defensa efectiva del medio ambiente. Combate frontal a la desigualdad. Alivio de deudas onerosas.

Es entonces en los Estados Unidos del trumpiato, a medio siglo de la muerte en Memphis del Premio Nobel de la Paz de 1964, cuando un pastor y su grey ciudadana siguen la pauta moral fijada por Martin Luther King, Jr., en un intento por revivir la defensa presencial y activa a favor de los pobres de mayo de 1968: los de la Cruzada no-violenta que no pudo ya liderear el activista por los derechos humanos asesinado un cuatro de abril: una que buscaba visibilizar a los sectores vulnerables -sin pasaje en el tren norteamericano del progreso- mientras el gobierno de los Estados Unidos, bajo la batuta de Lyndon Baines Johnson, sacrificaba a sus hijos en la Guerra de Vietnam. No iba a haber demasiados cambios en la estrategia durante la primera fase de la presidencia de Richard Nixon.

Dura poco el campamento o urbe (Resurrection City), construido y ocupado por sus pobladores humillados y ofendidos; enlutados tras el fallecimiento de MLK. Las fuerzas del orden obligan al repliegue y retiro definitive de esa ciudad perdida en medio del Mall en la capital norteamericana, el 24 de junio. El cinco de ese mes, Robert Kennedy –precandidato a la presidencia para las elecciones de 1968- fue, como King, asesinado.

Es de esperarse que el intento de Barber et al que va a tener lugar en Washington en junio de 2018, arroje mejores resultados.  

Julio de 2017. Bendito don de la palabra. William Barber invita a que la sociedad funja como defibriladora moral colectiva.

Las condiciones son, ahora, similares pero distintas. Y distintos deben ser los actuales desenlaces. Para no seguir esperando a perpetuidad.

De nueva cuenta, William Barber. 2017. Discurso en la Iglesia Riverside, para conmemorar el pronunciado por Martin Luther King el 4 de abril de 1967 para articular su rechazo –contundente, debidamente fundado- al conflicto militar de Vietnam, y el fracaso (o ausencia de voluntad) en la estrategia fallida contra la pobreza emprendida por el gobierno federal de LBJ en ese tiempo.

 

@alconsumidor

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