Canadá: nueva dinastía política

A veces es ocioso extrapolar acríticamente los resultados de comicios en otras latitudes, pero a la luz del tsunami antisistema que sigue cosechando triunfos por doquier, lo que acaba de suceder en Ontario, Canadá, puede arrojar resultados comparables e instructivos.

Rob Ford, el exalcalde Quimby de Toronto, lamentablemente falleció hace dos años. Tomó la estafeta su hermano Doug, tornado en jefe del partido Progresista Conservador (y durante largo tiempo, aliado, colega y defensor a ultranza principalísimo). Para sorpresa de [email protected], acaba de ser electo, por abrumadora mayoría, Premier de la provincia de Ontario.

Lema oficial de campaña: Estoy con Doug. Foto vía Reuters/AP 

Es un terremoto. El Partido Liberal fue gobierno ininterrumpido de la provincia durante quince años, hasta que Ford (y los electores) lo relegan a un casi irrelevante tercer lugar (¿sucederá lo mismo con el zombi PRI el primero de julio?). Los nuevos demócratas están destinados a ser oposición (¿como sucederá acaso con el Frente por México?), ocupando el segundo sitio en las preferencias de las y los electores.

A veces es ocioso extrapolar acríticamente los resultados de comicios en otras latitudes, pero a la luz del tsunami antisistema que sigue cosechando triunfos por doquier, esto puede arrojar resultados comparables e instructivos.

Por lo pronto vuelve a pronunciarse, como ya ocurrió en noviembre del 2016 en Estados Unidos, un sector amplio de la población que patea el tablero apostándole a un ‘cañón suelto’: Ford, el mismo que asumió la jefatura conservadora después de que Patrick Brown dejara el puesto por sospechas de involucramiento en escándalos de índole sexual.

La gran derrotada se llama Kathleen Wynne, primera premier lesbiana y víctima de recurrentes ataques misóginos y homofóbicos durante un trayecto que al parecer ha concluido. Los liberales ni siquiera obtuvieron los lugares suficientes para configurarse como bloque oficial.

Corolario positivo, como podría serlo en México la llegada de verdaderos candidatos independientes a las Cámaras:  por primera vez en la historia de los comicios en Ontario, un sitio en la legislatura (total: 124 curules, de los cuales 76 corresponden a las huestes del bulldozer Ford), va a ser ocupado por un representante del Partido Verde canadiense.

La victoria de Doug viene abollada. Renata, viuda de Rob y su familia anunció una demanda judicial contra el flamante premier conservador, a causa del descuido en que él dejó a la empresa que los Ford heredaron de su padre.

La trumpificación de la política mundial cuenta con importantes referencias previas: ver, George W. Bush, suerte de proto Donald e idiota moral parecido al orate de Queens, ocupante de la Casa Blanca que gobernó ocho años prefigurando al número 45 de la lista; miembro de una dinastía de abolengo, de envolturas cuasi populacheras. O el cansabido Berlusconi en la península que hoy maneja el dúo dinámico conformado por el pentaestrella Di Maio y el xenófobo Salvini de La Liga, mal acompañados por los recién electos sátrapas de Austria, Eslovenia, junto a los archiconocidos déspotas de Hungría, Polonia, Turquía, &c. O Nigel Farage, padre putativo del Brexit, hoy alejado de la política -pero con la faena plenamente consumada- en el Reino Unido, y en nuestro traspatio, prospectos de contagio tan célebres como el mentecato Hugo Eric Flores, líder moral Partido Encuentro Social y candidato a inaugurar para su particular causa, una sucursal autóctona del brand Trump en México.

Nueva adquisición demagógica. Dice el Premier que llega para encarnar y defender al pueblo. Imagen tomada de la página oficial del Partido Progresista Conservador de Ontario.

Desconcertante, que en Canadá se estrene el envalentonado Doug Ford, prometedor compulsivo (como Drumpf) de múltiples y diversos beneficios a la población blanca a costa del resto de la población, asaltando el palacio y obteniendo -a la primera oportunidad: nótese- una aplastante mayoría legislativa con 40 por ciento de los votos totales, circunstancvia que pone en aprietos a un Establishment que poco pudo hacer, en su momento, para contener las tropelías y excesos del infinitamente más famoso brother Rob, fallecido a los 46 años en 2016.

Así recordó al hermano ausente el premier recién electo de Ontario: bendiciendo, desde su lugar el cielo, esta nueva aventura de la Nación Ford: una que vuelve por sus fueros a ocupar lugares de privilegio en prensa especializada y administración pública. Misión que no tuvo chance de acometer, el difunto ex alcalde de Toronto.

Definiéndose a sí mismo como el epítome de la antipolítica’, Doug Ford promete recortar impuestos, reducir despilfarros y cuidar por los intereses de los desprotegidos: un eco del mensaje proplado por él y su difunto hermano Rob, durante la época en que ambos eran figuras importantes de la política municipal de Toronto…

Y sin embargo, hay ‘niveles’ o diferencias notorias si se compara la versión Ford con la de Trump, que es el molde originario y aventajado.

Por fortuna, y a diferencia de lo que sucedió con Donald, Doug se desmarca –así sea en la retórica- de la tentación nativista del primero; apela (selectivamente: para temas y valores ubicados en esferas religiosas y socio-culturales) al conservadurismo de sectores étnicos que se hallarían enfrentados al presidente de los Estados Unidos y dizque Líder del Mundo Libre si las elecciones hubiesen tenido lugar en ese país.

Canadá se cuece aparte. El clan Ford se impone, cuando todo indicaba que su hora bajo el sol y sus quince de fama, habían pasado.

La paupérrima oferta política, aunada a el hartazgo ante la corrupción galopante y las pseudo recetas facilonas que ofrecen a pasto los vendedores profesionales de espejitos e ilusiones son factores que seguirán sufriendo [email protected] de todo el mundo.

Ontario experimenta lo que podría suceder en México durante las elecciones de julio, en miniatura y respetando las profundas diferencias de contexto y en campo.

Un partido afianzado en el gobierno que bien podría sufrir derrotas históricas. Actores novedosos. Alianzas sui generis. Grandes remezones; reajustes estratégicos. Correlaciones de fuerzas inéditas.

Existe para el y la canadiense, en la actualidad, un relativo consuelo que abajo articula Foreign Policy –con algo de temor, y cierta resignación contenida- de la siguiente manera:

Los populistas canadienses generalmente no incurren en demagogia racial. Lo hacen poniendo énfasis en la región de donde provienen (como los quebequenses que atacan a la población angloparlante, y los políticos de las provincias occidentales que se dicen ‘incomprendidos’ por la región oriental ).

La sabiduría convencional estima que Ford difícilmente llegará a encabezar el gobierno nacional que hoy lidera Justin Trudeau (contradictorio progre que por desgracia, se ha convertido en promotor activo y cuña de empresas ecocidas) del Partido Liberal de Canadá; lo mismo se dijo de Donald Trump durante su propio y muy exitoso periplo electoral.

Todos los días nos vemos obligados a recordarlo: despacha, aunque uno siga descreyéndolo y hayan transcurrido más de quinientos días desde su toma de posesión, en Washington, Mar-a-Lago y anexas, un Yeti energúmeno que inspira a Ducecitos en potencia o actuales.

Habrá en los pasillos del poder en Ontario, por lo pronto y hasta nuevo aviso, Doug Ford para rato.

 

@alconsumidor

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