Trump y Kim, un singular bromance

Se acabó el show de Singapur, confeccionado con buenos deseos y nebulosas promesas. Queda por determinar el valor de la producción, y el juicio de la concurrencia. Den por seguro que Trump va a seguir administrando a discreción su circo y el teatro de las simulaciones que no cambiará de cartel hasta que se sepa el resultado de las elecciones federales de noviembre.

Dos videos.

El eterno niñulto Drumpf adopta y estrena –en sus palabras, después de ejercer una prueba individual de tacto y sentido– a un nuevo amigo: alguien a quien antes le profesaba singular antipatía (quizá porque en el fondo del asunto –antes, repulsa; ahora, afecto en apariencia correspondido- subyacen entre las dos partes ciertas semejanzas).

La cacareada reunión en Singapur del Gordo Ghaparro (en el Twittiverso trumpista): Little Rocket Man, y el Viejo Decrépito y desquiciado mental (o mentally deranged dotard Donald, en la definición en inglés ofrecida por el gobierno norcoreano tras los insultos del gringo rubicundo al Líder Supremo de la República Popular Democrática proferidos en la Asamblea General de Naciones Unidas el año pasado), parece haber modificado su opinión en sumo grado; tanto, como para haber convertido al de la Casa Blanca en el súbito defensor del ascenso al poder del norcoreano, y del despiadado ‘estilo’ –por llamarlo de algún modo- que le imprime a su mandato, y (por extensión) al del abuelo y del padre.

La reunión, prevista con la anticipación parecida a la de Wrestlemania!!, extravaganza luchística de la Federación Mundial de Lucha Libre, o los pleitos en Las Vegas de campeones de boxeo, ‘para unificar los títulos’, no careció de cierto color local. En principio Trump prescindió de su jaloneo patentado –y agresivo, de típico macho alfa– al brazo del interlocutor, tentación evitada al principio de la reunión con Kim Jong-un durante la oportunidad para la foto.

Después vinieron los consabidos traspiés: el saludo impropio a un militar norcoreano y la petición para que los fotógrafos tomasen gráficas donde los dos líderes se vieran ‘flacos y bonitos.

Para convencerlo de las bondades de la Trumpitud institucionalizable, el del bisoñé naranja comisionó se produjera, vía la sugerente Destiny Pictures (nombre fusilado sin autorización previa del estudio cinematográfico del mismo nombre) un cortito compartido en función privada, desde un Ipad a la delegación norcoreana, y también profusamente presumido -como un hijo predilecto de su iniciativa, e imaginaria ‘inteligencia’- ante medios incrédulos que lo reseñaron sin dar crédito a lo que presenciaban. En palabras de un crítico de cine: son los cuatro minutos más aterradores de este año.

Tráiler al estilo de los coming attractions, con dedicatoria espacial de la NSA (la Agencia de Seguridad Nacional, que hoy comanda el neoconservador de caricatura John Bolton) para Kim y de paso, para estudio y consumo de la opinión pública mundial; la tarjeta de presentación de Trump. En palabras de The Guardian, una idea singularmente disparatada.

El vertiginoso montaje es un desfile de secuencias que abarcan a Sly Stallone fotografiado en reunión de la Oficina Oval, y a un basquetbolista que representa a Dennis Rodman, amigo recurrente del dictador norcoreano, clavando una canasta por la paz. Al estilo atropellado de un intro -al estilo de los churros concebidos para ensalzar las dotes militares y marciales de alguien como Steven Seagal o Dolph Lundgren, con ominosa banda sonora incluída- de película cutre de acción y material visual didáctico de manual devaluado de autoayuda.  La narración corre por cargo de alguien que mejor haría vendiendo coches, o pañales desechables para adultos por cable, o tristes campañas políticas como la nuestra, o la que tendrá lugar en los Estados Unidos en noviembre próximo: el total, enmarcado en una interrogante en coreano confeccionada sólo para los ojos de Kim: ¿’Qué pasaría si …?’. Un futuro planetario y rutilante a color, versus el destino catastrófico de Corea del Norte aún evitable, en estricto blanco y negro: puros escombros y alacenas vacías. Una secuencia que invierte el trayecto de los misiles norcoreanos, devolviéndolos a sus silos, sin que tampoco falte el tributo al Gran Hombre Trump. Un desinteresado constructor de Cultos a su Personalidad, que se ofrece para cambiar junto a Kim el sentido de la Historia. Pleno merecedor, en opinión suya y de sus seguidores, del Premio Nobel de la Paz. (Por lo pronto dos legisladores noruegos -sin vela aparente en el entierro- se han adelantado a los lacayos trumpescos; pretenden quedar bien con el cabecilla de Queens, y lo han nominado).

No tardó mucho en aparecer la contestación oficial del régimen de Kim al corto, con un trabajo mejor producido y que dura diez veces más que el ofrecimiento trumpesco. Los dos subidos a YouTube.

Videorespuesta: La Cumbre de Singapur transformada en Apoteosis del joven semidiós Kim, en idioma original y -por desgracia- sin beneficio de subtítulos. Pero el sentido ulterior de la obra trasciende la falsa impostación y las palabras. Es inconfundible. Nótese asimismo, la jadeante narración; la voz alterada de su cronista.

Merece la pena, aunque tal vez cueste algo de trabajo, mirarlo de corrido. No es ocioso –guardando las proporciones- comparar y contrastarlo con el trato que le prodiga Fox News (en  la actualidad, como quedó demostrada antes esta condición durante los ocho años que duró la presidencia de aquel ProtoTrump republicano llamado George W. Bush, hoy órgano extraoficial del Trumpiato) a su ídolo. Uno con manos minúsculas, y pies de barro; al que todo se le perdona y justifica, hasta la ignominia y que no va a tardar en respaldar (al cien por ciento) el cambio decidido de actitud de Trump en sus tratos e interacciones con el tirano previamente detestado.

Se acabó el show de Singapur, confeccionado con buenos deseos y nebulosas promesas. Queda por determinar el valor de la producción, y el juicio de la concurrencia. Den por seguro que Trump va a seguir administrando a discreción su circo y el teatro de las simulaciones que no cambiará de cartel –uno supone- hasta que se sepa el resultado de las elecciones federales de noviembre.

No es de balde que Su Majestad envidie a los autócratas que siente cerca. Para él, ellos apuntan el camino verdadero de su administración. Desde esta óptica, entonces, la inclusión del nombre de Kim a la lista selecta de Compañeros de Viaje no podía faltar.

 

@alconsumidor

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