El Valle de nuestros Caídos

A diferencia del presidente de España, Pedro Sánchez, quien a decir de algunos encabeza una frágil coalición socialista de gobierno, López Obrador y se ha impuesto por abrumadora mayoría. Hay poco que impida que, ahora sí, en México se consumen empeños similares en plazos razonables.

No por ser cliché es menos cierto. Los actuales son momentos de cambio.

En España el gobierno socialista de Pedro Sánchez (que vino a sustituir, sin elecciones de por medio, al corrupto sempiterno Mariano Rajoy del Partido Popular) expresó el deseo de trasladar los restos mortales del Generalísimo Francisco Franco, que aún se encuentran en el Valle de los Caídos, en San Lorenzo de El Escorial –esperpéntico monumento y basílica del fascismo, con todo y su fosa común que contiene treinta y tres mil osamentas, de combatientes de ambos bandos: el franquista, y el republicano; refugio seudo ‘místico’ y permanente del despotismo- hacia un lugar privado infinitamente más modesto: tal vez, junto a su viuda en la cripta de su residencia terrenal, también hoy en disputa (junto a otras propiedades del dictador) tras la muerte de su hija única, a finales de 2017.

Escribe el corresponsal en Madrid del New York Times:

Los huesos de muchos de los oponentes de Franco fueron arrojados ahí, extraídos de varios lugares de España, para engrosar su número. 

Algunas familias exigen que sus seres queridos sean devueltos a que que puedan ser enterrados debidamente. En abril de este año, los restos de cuatro hombres dos nacionalistas, y dos republicanosfueron extraídos de la fosa a petición de sus parientes, después de un largo proceso legal. La resolución judicial podría abrir la puerta para la exhumación de cientos de cuerpos adicionales. 

Nadie arroja una sombra más larga sobre la política española que Francisco Franco, a pesar de haber muerto en 1975. Cada aspecto de su legado genera disputas, que incluyen los cambios en nomenclaturas de calles y plazas asociadas con su régimen. 

Otras ciudades bajo el control de políticos de izquierda también quieren llevar a cabo exhumaciones. Por ejemplo en Sevilla, donde Gonzalo Queipo de Llano, uno de los comandantes militares bajo las órdenes de Franco, también se encuentra enterrado en una basílica. 

Piensa Paul Preston, historiador británico y biógrafo, que el que España conserve este sitio de peregrinaje para un dictador fascista es una ‘anomalía’. ‘No hay monumentos a Adolfo Hitler en Alemania o Austria, ni existen mausoleos a Benito Mussolini en Italia. Entre los más de 250 mil visitantes anuales al Valle de los Caídos, se cuentan muchos devotos de Franco que crecieron creyendo que él fue un benefactor de su país’.   

Pedro Sánchez encabeza una frágil coalición socialista de gobierno que sólo cuenta con una cuarta parte de la representación parlamentaria. 

Podría, sin embargo, ordenar la remoción de Franco por decreto. El plan de exhumación, propuesto hace una década por el gobierno socialista previo encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero- contaría con el apoyo de la agrupación Podemos, y de los legisladores nacionalistas vascos y catalanes que unieron fuerzas con Sánchez para que éste sustituyera a Rajoy.

Franco decidió esculpir la basílica en la montaña tras su triunfo en la Guerra Civil. Su construcción tardó dieciocho años, con trabajos forzados que incluían mano de obra de presos republicanos. Se volvió el refugio final de varias religiosas y otros miembros del clero muertos durante el conflicto que duró de 1936 al 39, que luego fueron beatificados por autoridades papales, así como el de José Antonio Primo de Rivera, líder de extrema derecha de La Falange, asesinado en el treinta y seis y considerado por Franco y sus seguidores como mártir (su tumba se encuentra al otro lado del altar donde se encuentra la de Franco). 

El mes pasado, Sánchez se reunió con Ricardo Blázquez de Valladolid, el líder de la confederación de obispos de España. El religioso José María Gil Tamayo, su secretario general, insinuó que la Iglesia preferiría mantenerse en los márgenes del debate político sobre el destino de los restos de Franco. 

La basílica es operada por una orden de sacerdotes benedictinos. Su prior Santiago Cantera [ex candidato falangista perdedor para elecciones generales y parlamentarias europeas, por cierto https://bit.ly/2OsdtPE], opuesto desde tiempo a cualquier tentativo de alteración del sitio, apenas este año retiró una apelación judicial que impedía la remoción de las cuatro víctimas de la Guerra Civil. 

El gobierno de Sánchez revisa también despojar el título nobiliario, conferido por el Rey Juan Carlos días después del fallecimiento de Franco, a su familia. Ha solicitado que la exhumación de los restos sea ‘inmediata’, y aunque no ha establecido una fecha exacta, los socialistas desean evitar una repetición del debate que tuvo lugar bajo la administración de Rodríguez Zapatero, cuando una comisión de expertos fue nombrada para ayudar a la transformación del Valle en ‘un lugar para la memoria reconciliada’. 

Para cuando esta comisión publicó sus recomendaciones, en noviembre de 2011, el conservador Rajoy y su gobierno habían recuperado el poder. Rajoy interrumpió entonces el financiamiento vinculado a la Ley de Memoria Histórica instituida durante el gobierno de su predecesor, que ofrecía apoyo oficial para el traslado de restos de fosas comunes, y (asimismo) una transformación profunda del Valle de los Caídos.

A diferencia de Pedro Sánchez, Andrés Manuel López Obrador y su partido se han impuesto -en un proceso electoral sin precedentes- por abrumadora mayoría. Hay poco que impida que, ahora sí, en México se consumen empeños similares en plazos razonables.

Acá y ahora: para bien o mal, y guardando adecuadas proporciones, el zombi PRI: todo lo que representa, así como sus satélites, imitadores y epígonos es nuestro Francisco Franco.

Para empezar a modificar la ruta y el rumbo, tenemos la obligación de afrontar nuestra historia (no facilitó la apertura necesaria de esa esclusa el PAN, existiendo dos claras oportunidades para hacerlo; ¿cumplirá Morena con el encargo?). Es una larga sucesión de infamias, que incluyen el artero asesinato de Rubén Jaramillo (1900-62) en Morelos; o la que en estos días conmemoramos, a medio siglo de la irrupción del movimiento estudiantil y la masacre del 2 de octubre. La del Halconazo, y la Guerra Sucia y las luchas sociales subsecuentes: el neo zapatismo o conflictos como el de Oaxaca en 2006 (en el que jugó el papel principal un cínico e impune que busca nuevos protagonismos: el ex gobernador y mapache priísta Ulises Ruiz Ortiz). O una que nos lleve al conocimiento y la paz deseables, y al fin de la peor planeada Guerra calderonista contra las Drogas.

Lista inabarcable.

No va a bastar con el cambio de nombres de las calles y colonias, y la recuperación sistemática -con la mayor exactitud posible- de la memoria y dignidad colectivas. Pero podría constituir una suerte de impulso inicial y un avance definitorio.

Correrá por cuenta de los nuevos funcionarios, y a una sociedad siempre exigente, el honrar como se debe a los propios caídos.

Son planteamientos que trasladados al contexto mexicano ahora, en el umbral de un cambio de régimen, debemos abordar de inmediato. Incluso, antes de la alternancia oficial de gobierno.

El tiempo y las circunstancias apremian.

Justo como en España.

 

@alconsumidor

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