Cincuenta años más tarde

¿Tendrán que haber transcurrido cinco décadas eternas para que a esas voces y voluntades jóvenes del 68, a su memoria, se les ensaye otorgar (así sea de manera tardía aproximada) algo que se asemeje a la justicia?

Tan cerca, tan lejos: la distancia y el tiempo.

Esto sucedió en Ciudad de México, hace exactamente medio siglo.

Habían pasado ya veintidós días desde los orígenes del conflicto estudiantil: un zafarrancho inicial entre alumnos de Vocacionales y una prepa en la Ciudadela; diecisiete del inicio formal del Movimiento Estudiantil el 26 de julio de 1968, y diez de la conformación del Consejo Nacional de Huelga, teniendo como trasfondo la intransigencia política y la violentamente desmesurada reacción de las fuerzas del orden contra los jóvenes.

La crónica textual está tomada del primer volumen del libro, El Movimiento Estudiantil de México: Julio-Diciembre de 1968, Colección ‘Problemas de México’ de Editorial Era, compilado por Ramón Ramírez (pp. 215-7). 

13 de agosto

Desde las 15:30 horas empezaron a llegar a la Plaza del Carrillón de Santo Tomás, contingentes de estudiantes motociclistas y automóviles con brigadas de médicos y enfermeras. La manifestación fue encabezada por la Coalición de Profesores de Enseñanza Media y Superior Pro Libertades Democráticas cuyos integrantes llevaban una gran manta con la leyenda: Los Profesores reprobamos al gobierno por su política de terror’. Posteriormente desfilaron los contingentes estudiantiles que sumaban aproximadamente 150 mil personas; sin embargo, durante la marcha se estuvieron incorporando considerables grupos, entre ellos algunos de obreros y campesinos, de tal suerte que al Zócalo llegaron más de 200 mil manifestantes.

La manifestación se realizó en absoluto orden a través de todo el recorrido por las avenidas Manuel Carpio, Río Consulado, Melchor Ocampo, Parque Vía, Sullivan, Villalongín, Paseo de la Reforma, Juárez y 5 de Mayo, recibiendo durante el trayecto múltiples muestras de simpatía por parte del pueblo. Todos los establecimientos comerciales continuaron abiertos en la confianza de que, según se observaba, no intervendría la policía. 

Se estima que la columna de los manifestantes abarcaba una longitud de 5 kilómetros y medio, y su perfecta organización estuvo bajo la responsabilidad de las comisiones de orden, cuya labor se facilitó con el auxilio de pequeños magnavoces. Dichas comisiones vigilaron que las ‘porras’ se circunscribieran exclusivamente a demandar los puntos relacionados con el pliego petitorio. No hubo agravio contra ninguna autoridad, aunque fueron muy enérgicas las protestas en contra de Alfonso Corona del Rosal, de los jefes policiacos y de los granaderos.

Los lemas de las mantas y pancartas hacían allusion a las siguientes demandas: libertad de los presos politicos (entre quienes el líder ferocarrilero Demetrio Vallejo, que desde 1959 se encuentra preso, acaparó las mayores adhesiones y muestras de simpatía); libertad a los estudiantes presos; respeto a la Constitución y a las garantías individuales; abrogación de los anticonstitucionales artículos 145 y 145bis del Código Penal Federal; renuncia del jefe de la policía, general Luis Cueto Ramírez; deslindamiento de responsabilidades de los actos de represión y vandalismo por parte de las autoridades (entre quienes se culpaba directamente al regente, General Alfonso Corona del Rosal y al procurador Julio Sánchez Vargas); e indemnización a los familiares de los estudiantes caídos. 

Los sectores obreros y campesinos, a través de sus mantas, exigían la resolución del pliego petitorio estudiantil y eran ovacionados en forma singular por las multitudes que contemplaban el desfile.

Entre otras, las leyendas de las pancartas eran: ‘¡Ante la agresión de la reacción, la resistencia popular!’; ‘Respeto a la Constitución’; ‘Luchamos contra un régimen de injusticia y pobreza’; ‘Pueblo y estudiantes, unidos ¡Venceremos!’; ‘Pueblo, si amas la verdad no esperes encontrarla en la prensa’; ‘¡No más bayonetas!’; ‘Basta ya de líderes charros’; ‘Los verdaderos agitadores son: el hambre, la ignorancia y la injusticia’. 

La avanzada de la manifestación llegó a las 20 horas a la Plaza de la Constitución, en donde se realizó el mitin programado ante la multitud sentada en el asfalto de la plaza […]

Hablaron 5 oradores, de los cuales cuatro eran estudiantes y uno maestro en representación de la Coalición de Profesores. Los estudiantes representaron a la UNAM, al Politécnico, a la Escuela de Agricultura de Chapingo y a la Normal de Maestros […] Finalmente se guardó un minuto de silencio en memoria de los estudiantes muertos, y se entonó el Himno Nacional. 

Continúa el relato cronológico, siempre conducido por Ramón Ramírez:

Sobre algunos aspectos de la manifestación, algunos periódicos dijeron: 

‘La manifestación que se llevó a cabo fue sin duda, expresión de la conciencia general de estudiantes y maestros. Se desarrolló pacíficamente, y su organización habla bien de la capacidad de expression de los núcleos que participan en el movimiento. En ese sentido ha dado mayor fuerza a la protesta e indudablemente que resultará muy positiva si sirve para fortalecer las bases de una solución’. El Día 

‘Una manifestación multitudinaria, en la que estuvieron representantes de estudiantes de todos los planteles de educación media y superior de la capital de la República, recorrió ayer una extensa zona de la ciudad […] Pese a que hubo ataques verbales a las autoridades, a la prensa y a los cuerpos de seguridad, la manifestación se desarrolló sin incidentes y sin que hubiera necesidad de que interviniera la fuerza pública. 

‘Los estudiantes cantaban corridos, adaptando las melodías populares a letras confeccionadas por ellos. En esas canciones satirizaban a las fuerzas de seguridad y a todos aquellos que los estudiantes consideran responsables de la actual situación.

‘Llevaban sus propios servicios de auxilio, ya que alumnos de Medicina de la UNAM, del Poli y de las Escuelas de Enfermería de esos mismos planteles, con uniformes blancos, estuvieron atendiendo a los manifestantes que se mostraban más agotados a lo largo de la marcha. 

‘Hubo un repudio absoluto a la [gobiernista y porril] Federación Nacional de Estudiantes Técnicos, cuyos integrantes no aparecieron, y a los dirigentes de la Federación de Estudiantes Universitarios, a los que también desconocieron los alumnos.  

Fue, de acuerdo a los que vivieron la jornada, el primer triunfo simbólico e indiscutible del Movimiento Estudiantil de México. Casi imperceptiblemente, tras esta grande, festiva y larga Marcha, ya nada sería igual.

Pasaron, larguísimos, los sexenios y los años.

Para que no sen nos olvide. ¿Tendrán que haber transcurrido cinco décadas eternas, para que –tal vez y ahora sí, pronto- a esas voces y voluntades jóvenes de entonces: a su memoria, se les ensaye otorgar (así sea de manera tardía aproximada) algo que se asemeje a la Justicia?

 

 

@alconsumidor

 

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