Más trumpetiñas, y los tanques del 68

Descalificaciones tajantes, actitudes racistas, y hasta acusaciones en contra por defraudación fiscal, son algunos de los rasgos que caracterizan a los integrantes del gabinete de Donald Trump. A continuación un recuento de las que hasta hoy son sus últimas y más recientes faenas tuitócraticas.

Desde que lanzó su candidatura a la presidencia a mediados de 2015 y hasta la fecha, Trump se ha convertido en el gran generador universal de ciberanzuelos o cibercebo (vulgo, clickbait).

A partir de su toma de posesión en enero de 2017, a esto se ha reducido el seguimiento exclusivo de políticas públicas, en el sistema politico controlado parcialmente por el binomio trumpero-republicano, con Su Majestad como Rating.

Aquí un recuento aleatorio de las que hasta hoy son sus últimas y más recientes faenas tuitócraticas: la descalificación tajante y ofensiva de su ex asesora ejecutiva Omarosa Manigault Newman (quien en su momento y tras el desenlace electoral de noviembre 2016 presumía: Cada crítico y detractor tendrán que inclinarse ante el presidente Trump; ex estrella afroamericana de la saga y reality show: la única en el entorno inmediato de la Casa Blanca, quien recién incursiona en el mercado editorial con Unhinged [Desquiciado], su recuerdo personal de la administración Trump que sigue acreditando el recuento de los daños iniciados por el periodista/mosca en la pared de la Oficina Oval Michael Wolff en su bestseller, Fuego y Furia) a quien llama ‘perro’, tras haber sido separada del cargo por el jefe de gabinete John Kelly (hay grabación del suceso, realizada por Omarosa: una de muchas en su recién estrenado arsenal anti trumpista, en su aparente posesión).

Y hay más. La encargada de prensa Sarah Huckabee Sanders no puede negar la posible existencia de cintas magnetofónicas que sustenten y confirmen la vocación gozosamente racista de Drumpf; el presidente revoca el acceso a infomación clasificada –medida sin precedentes, en la historia moderna de los Estados Unidos- a quien él percibe que es su enemigo politico declarado y ex jefe de la Agencia Central de Inteligencia John Brennan, y se prepara a hacer lo propio con otros ‘Enemigos del Pueblo’ –similares a los mediáticos, a quien el neoestalinista billonario de Queens moteja como tales por haber adoptado posturas críticas de su gestión desastrosa y sus ‘ocurrentes’ chifladuras.

Al fin se suspende hasta nuevo aviso y por sobrecoste, el desfile militar bananero que tanto ilusionaba al Generalissimo postizo de Queens y Trump Tower. Será una decepción mayúscula para el sátrapa norteamericano, sus fans y su menguante séquito White Power de enablers, Cheeto warriors, evangélicos y demás militantes caucásicos de derecha.

Y entre tanto, a su abogado de cabecera Michael Cohen (quien se decía dispuesto a ‘recibir un balazo’, con tal de proteger a su mentor, compinche y amigo presidente de los Estados Unidos) le espera una sentencia atenuada a cambio de su cooperación con los fiscales que investigan las tramas torcidas y tramposas del trumpismo; a su contador de confianza (el que –dicen los entendedores, en pocas palabras- sabe donde se ubican todos los esqueletos en el armario trumpista desde que empezó a trabajar bajo sus órdenes a finales de los setenta del siglo pasado), y al editor del National Enquirer, tabloide de supermercado y basurero por excelencia que escudaba a El Donald y al resto de su familia de noticias incómodas que pusieran en peligro su candidatura cuando el republicano la obtuvo en 2016, la Fiscalía Especial encargada del caso Trump y el pago a dos mujeres que tuvieron amoríos con él, les ha extendido a ambos personajes todos las garantías de la inmunidad judicial para que declaren contra su patrón. Beneficio del que previamente disfruta Michael Flynn, ex asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y honorario sexto hijo de la familia Trump durante la campaña ganadora del anfitrión y estrella del programa The Apprentice que lo catapultó, aunque hasta la fecha nos neguemos a digerirlo, hasta la cima del poder.

También: Paul Manafort, publirrelacionista de dictadores y ex coordinador de su campaña en los comicios del dieciséis, fue hallado culpable de ocho cargos de defraudación fiscal y bancaria, y podría pasar el resto de su vida en la cárcel; a menos, claro está, de que como lo ha insinuado en su cuenta de Twitter, Trump decida extenderle un mafioso perdón presidencial.

A medida que cobra fuerza la posibilidad de que se inicie un juicio politico o Impeachment a Trump, lo cual sería la tercera vez que ésto ocurriese en la historia de la Unión Americana –si acaso los demócratas recobran el control de la Cámara de Representantes y posiblemente el Senado en las elecciones federales intermedias de noviembre 2018: sus oponentes del Partido Republicano, o una insana mayoría, aún creen en él y sus promesas de desmantelar el Estado de Bienestar a favor de los intereses de los fanáticos multimillonarios que lo apoyan, y la clase cabildera en la cual se redactan las leyes a modo que aumentan sus fortunas exponcencialmente- se multiplican las hipótesis que colocan a la administración del magnate en una espiral de la cual será difícil que se recupere.

Pero vamos: hasta que no se haga realidad el juicio político y se tengan votos suficientes para echarlo en definitiva de la Casa Blanca, todo es especulación, pensamiento mágico o wishful thinking.

Y la vana esperanza de que el ultrareligioso homófobo Mike Pence lo haga mejor, si asume él la presidencia –como lo hizo Gerarld Ford con Nixon, tras la renuncia de éste el 9 de agosto de 1974 https://bit.ly/2PEaUdE- en sustitución del semi Duce anaranjado. No adelantemos vísperas.

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Bucear en el no tan reciente pasado; tratar de entender el presente y el futuro. Un 27 de agosto de 1968, hace exactamente cinco décadas, los tanques soviéticos y de sus aliados del Pacto de Varsovia llevaban una semana completa en la ciudad de Praga. Las imágenes más conocidas de la invasión a la capital de Checoslovaquia son elocuentes y tuvieron que ser trasladadas de contrabando a Occidente, publicándose tiempo después sin identificar a su autor; sólo era ‘Fotógrafo de Praga’. Años más tarde se supo que habían sido tomadas por el ya exiliado Josef Koudelka, uno de los pilares de la agencia Magnum. Como un eco remoto en la distancia de los anales de nuestro autoritarismo –cortesía del Revolucionario Institucional, en la época diazordacista del Alto Priato– coches artillados y tanques del Ejército Mexicano ingresaban al Zócalo, en pleno corazón del Distrito Federal para preparar la ofensiva bélica en contra del Moviemiento Estudiantil y aplicar la estocada final de ese trágico 2 de octubre en Tlatelolco: diez días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos en nuestro país.

En la República Checa su presidente y primer ministro –émulos de Putin- optaron por bajar drásticamente el perfil y prácticamente dejar pasar esta fecha clave sin decir palabra. Ante el silencio de ese lado de la frontera, tuvo que ser la voz de Andrej Kiska, líder de la vecina República Eslovaca, la que se refirió a este evento-parteaguas en un discurso: defensa irrestricta de las libertades, que fue transmitido en ambas naciones por vía simultánea.

En México falta un pronunciamiento explícito similar del Estado, sobre el papel que jugó en la represión de los estudiantes y población civil hace medio siglo; imposible que lo haga el ultimo de los mohicanos príista y pato lisiado mexiquense Peña Nieto.

¿Cambiará esta historia, a partir del primero de diciembre? Pronto lo sabremos.

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En España, es un hecho que se trasladarán los restos de Francisco Franco Bahamonde a otro lugar que no sea el Valle de los Caídos.

La justicia, aunque parcial y demasiado tardía, puede llegar a aquellas sociedades que se empeñan en buscarla con denuedo.

Allá y aquí en México.

 

@alconsumidor

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