Victoria kitsch en la Casa Blanca

El cuadro de una reunión imaginaria e informal, digamos entre cuates, de los presidentes republicanos que ha tenido Estados Unidos a lo largo de su historia, y que comparten para la posteridad cutre unos cuantos tragos o un juego de naipes marcados, alterna ahora, en los afectos estéticos y la estima desbordada del presidente Trump, con los cuadros oficiales de los predecesores del neoyorquino esparcidos por la mansión presidencial.

Realismo trumpetista en el año dos de su mandato

Vía TW @jbillinson

El singular cuadro, realizado por un pintor que se especializa en inmortalizar escenas campiranas y de vaqueros, cuelga en una pared de alguna oficina de su residencia, desde donde el presidente de los Estados Unidos Donald Trump despacha en la actualidad; quizá hubiese seguido pasando desapercibido, de no ser por la entrevista concedida por Il Duce anaranjado a Lesley Stahl, veterana reportera del programa dominical 60 Minutes de la CBS (emblema de la tele abierta, a la par de las cadena de cable CNN, MSNBC, o los diarios New York Times, Washington Post de la ‘conspiración’ así motejada por el demagogo gringo de los Enemigos del Pueblo, concepto utilizado antes por personajes de la talla de José Stalin y Mao Zedong).

Vía /@jbillinson

El autor del lienzo plano y sin matices que tanto cautiva a El Donald es un veterano ilustrador de nombre Andy Thomas. Fue mercadólogo en una empresa Fortune 500. Su biografía, los pocos datos que uno pudo recopilar, es muy escueta. No incluye su edad. Estudios: administración de marketing, con honores, en la universidad estatal del Sur de Misuri. Pertenece a la sociedad de retratistas de los Estados Unidos. Aquí puede verse su página en línea; dependiendo del formato, los precios de El Club Republicano oscilan entre los cincuenta y cinco, y novecientos cincuenta y cinco dólares.

Se dice estupefacto, pero  tremendamente honrado, tras descubrir por reportes de la prensa, que el obsequio de Issa alterna ahora, en los afectos estéticos y la estima desbordada del presidente, con los cuadros oficiales de los predecesores del neoyorquino esparcidos por la mansión presidencial.

El suyo es un obsequio, especial e irrepetible, de otro turbio personaje de la política del Potomac: el excongresista y recién nombrado representante de la agencia de comercio y desarrollo de su país; republicano por California, Darrell Issa (principal responsable del desahucio político del gobernador demócrata Gray Davis en 2003 mediante elección especial en el estado, y el consecuente ascenso político –inconcebible entonces, pero perfectamente natural hoy día, a la luz de los comicios de noviembre 2016- de Arnold Schwarzenegger a esa investidura), para mayor gloria y contento de Su Alteza Donald Drumpf.

Ilustra éste una reunión imaginaria e informal, digamos entre cuates, de los presidentes republicanos que ha tenido la Unión Americana a lo largo de su historia, y que comparten para la posteridad cutre unos cuantos tragos o un juego de naipes marcados. Ahí departen en una mesa o a su alrededor sonrientes casi todos, Trump (en versión exageradamente libre; torso de gimnasio, sin indicios de sobrepeso; en resumidas cuentas, el centro obligado de la escena) y los dos George Bush, además de Richard Nixon, Reagan (por supuesto), y los olvidables Calvin Coolidge o el corrupto Warren Harding; más Herbert Hoover (mediocre Comandante en Jefe durante la Gran Depresión, medio escondido al fondo y en la sombra, con pinceladas difusas), y Eisenhower, Gerald Ford o el infaltable Teddy Roosevelt. Sentado de espaldas –como si estuviese avergonzado de compartir mesa con el popularista Aprendiz neoyorquino- el mismísmo Abraham Lincoln sostiene lo que parece ser un simple vaso de agua.

En total son diecinueve retratos (de los cuarenta y cinco ocupantes de la silla presidencial), que rinden pleiteisía al actual avatar, y papanatas narcisista.

Sin que otras obras suyas decoren espacios gubernamentales alternativos, Thomas aclara que incursiona por igual en el retratismo de los Líderes del Mundo Libre emanados de las entrañas del Partido Demócrata; mismas que la Nomenklatura republicana define (en especial su líder indiscutido, en vísperas de las elecciones intermedias de noviembre próximo), como una turba enardecida; una que, de obtener mayoría en alguna de las dos cámaras legislativas -o acaso ambas- producirá (siempre en el delirante discurso de Trump y compañía) el preludio del Apocalipsis. Fin de los Tiempos anunciado por los pastores más fanáticos de la tribu WASP del Grand Old Party, alineados a las fuerzas de choque del Trumpismo, y en perpetuo pie de guerra contra el humanismo secular. Seguidores a ultranza del delfín híperreligioso del patrón de Trump Tower, mejor conocido como Mike Pence.

TW @b_metz311

En esta historia falsa, interesada y maniquea, lo único que separa a los Estados Unidos de la barbarie planteada por la (inexistente; traidora, a sus ojos) ‘muchedumbre’ demócrata, es el pulso firme del profético Elegido del Cielo DJT.

¿Qué sigue? ¿Una junta de poder, entre titanes, consagrada en estilo terciopelo negro, con Elvis Presley devenido en ícono trumpista?

Espontáneos y críticos de arte cuyas opiniones arrojadas al vórtice de las redes comparan y contrastan el tremebundo impacto del trabajo de Thomas, al que tuvo en su momento –y aún ahora- la serie de óleos pintados por encargo a principios del siglo diecinueve y principios del veinte: Perros jugando al póquer, de Cassius Marcellus Coolidge (1844-1934). En 2005 dos de sus piezas fueron puestas a la venta en Sotheby’s, y compradas por un ávido coleccionista anónimo en 590,400 dólares. Diez años más tarde el primer cuadro de la serie fue vendido –también por Sotheby’s- en 658,000 billetes verdes.

Tomado de TW @Son_of_a_Thomp

La vida y obra del mendaz Performancero, devoto creyente purasangre de la inevitabilidad de su mandato (derivación del derecho divino de los reyes absolutistas https://lat.ms/2dipEhJ), ya posee atinados correlatos visuales en categoría Kitsch.

Como candidata a invadir otro espacio de privilegio en la Casa Blanca tenemos Trump cruzando el pantano, que ojalá fuera parodia (pero que aquí es tema planteado en serio, en la interpretación del hack propagandista Jon McNaughton) de la célebre Washington cruzando el Delaware, lienzo pintado en 1851 por Emanuel Leutze (1816-68) https://bit.ly/2q13tSr con miembros de su gabinete trumpero como vil relleno visual, aprovisionados con armas de alto calibre cortesía de la Asociación Nacional del Rifle.

Drumpf padrastro de la Patria, con su linterna [¿mágica?]. Vía TW @mcnaughtonart (cuenta oficial del ‘artista oficial del Movimiento MAGA’: el Hagamos Grande a América de las cachuchas rojas del candidato/presidente).
Acá, otra joya de su cosecha:

Respeten a la bandera’. Vacuo estrépito patriotero, muzak encarnada. De la línea de tiempo de @mcnaughtonart. Con dedicatoria al mariscal de campo desempleado Colin Kaepernick y demás jugadores afroamericanos solidarios de la Liga Nacional de Futbol Americano.

Son instantáneas pesadillas del declive americano.

 

@alconsumidor

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