Los cameos de Trump

Trump por desgracia ya es una marca (eso sí, aciaga) en un plano similar a la virtuosa del recién fallecido patriarca de Marvel Stan Lee, o la del director mayúscula Alfred Hitchcock, diestro en la multiplicación estratégica de cameos en varias películas de su autoría (en el caso del segundo).

1) Durante la actual adquisición hostil del Estado que operan Donald Trump y sus compinches del GOP y la cleptocrática iniciativa privada, ante el relativo pasmo de sus contrincantes demócratas (con la remota expectativa de que cuando sean mayoría en la Cámara de Representantes, por fin se conviertan en un freno a las aspiraciones omnímodas del aspirante al título de Duce gringo) la realidad televisada de su entorno postula a una inmensa gayola hipotética, donde ellos ya no son sol espectadores pasivos; los patricios y señores de horca y justicia afines a Drumpf quieren mandar expectorando (y se regodean arrojando otra clase de sólidos, líquidos y efluvios diversos) sobre las cabezas de una inerme concurrencia plebeya.

Trump en su estilo y sus desplantes es tan payaso como el criminal histrión italiano Mussolini, o el austroalemán Shicklgruber, o los contemporáneos Duterte, Orbán y el futuro presidente de todos los Brasiles a partir del próximo primero de enero, Jair Bolsonaro– y es en gran medida una creatura: ruin engendro, del Showbizpectáculo. Todo un paquete envuelto bajo el auspicio del emporio Fox News (cuyo dueño Murdoch también lo fue del estudio Twentieth Century, vendido a esa fábrica de sueños llamada Disney), y de coaches de vida a la usanza de Steve Bannon, productor de panfletos llevados al cine con recursos propios, o bien proporcionados por padrinos fascistas y facilitadores partidarios del paleo trumpismo.

Para los conocedores un referente humorístico es El Arte del Trato, falso biopic del Atila de Queens con Johnny Depp en el papel protagónico, que comparte título con el libro de autoayuda escrito por Tony Schwartz al que el de Queens sólo adosó su nombre y apellido.

Trump por desgracia ya es una marca (eso sí, aciaga) en un plano similar a la virtuosa del recién fallecido patriarca de Marvel Stan Lee, o la del director mayúscula Alfred Hitchcock, diestro en la multiplicación estratégica de cameos en varias películas de su autoría (en el caso del segundo).

La rubicunda fisonomía del estadounidense se perfila como una equiparable a la del cineasta británico y máximo exponente del género de suspenso…

… o a la esbelta del gran Stan Lee (1922-2018).

El Hombre Radioactivo de nuestros tiempos. Casi todos los cameos rastreables del presidente [hasta su estreno politico; desde entonces todas sus apariciones devienen cameos tóxicos], previo a su irrupción en la vida política.

Otro estampa mínima. Proviene de un churrete de 1989: Los Fantasmas no pueden hacerlo [Ghosts can´t do it], protagonizado por Bo Derek y Anthony Quinn, entre otras luminarias del séptimo arte. La película en la que también actúa y dirige John Derek, cónyuge de Bo, se hizo acreedora al título de peor película para ese año (Raspberry Award), una especie de Óscar de la anti-Academia del Mundo Bizarro. Ahí donde personajes como Donald J. Drumpf pueden llegar a ser (a pesar de que [email protected] no lo creímos, hasta que vino el remolino de Trump que nos alevantó) Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

La trompetística premisa y trama de Ghosts can’t do it, es la siguiente:

Scott y Kate están felizmente casados, a pesar de la diferencia de 30 años que existe entre ambos. Después de sufrir un ataque cardiaco que le impide hacer el amor, él se suicida convirtiéndose en fantasma que sólo puede ver su esposa, con quien también conversa. Para que Scott pueda regresar al mundo de los vivos, los dos urden un plan que consiste en ahogar a un joven, para que Scott pueda ocupar su cuerpo.

¿Cuál es el pequeño papel del ínfimo Trump (jugando obviamente y como todos los días, a ser él mismo) en esta ‘joya’ de la cinematografía universal?

Aquí la película, la cual -y para beneficio de ociosos, masoquistas y aburridos, si los hay- puede ser vista en YouTube.

Abundan los ejemplos de jefes Showmen de Estado: el paradigmático actor de segunda y republicano (no necesariamente en ese orden) Ronald W. Reagan, con una extensa filmografía. 

En otro orden, tenemos el cameo de Lech Walesa, en El Hombre de Hierro, filme de 1981 dirigido por el también polaco Andrzej Wajda .

O las actuaciones del entonces popularísimo ex presidente de Filipinas caído en desgracia Joseph Estrada, antes de ocupar ese puesto.

Pero ninguno puede hacerle sombra hoy por hoy El Donald, desatado.

Noviembre de 2015. Campaña presidencial en Carolina del Sur. El candidato republicano se burla imitando burdamente a un reportero con discapacidad, que nunca ha sido –por decir lo menos- de los afectos del magnate.

Este imaginario Raspberry para la peor actuación de un político norteamericano, se entrega por unanimidad a… DJT, hijo (y nieto) de migrantes alemanes y escoceses, autócrata y Ham actor incorregible; por más señas, el cuadragésimo quinto presidente de la Unión Americana desde su fundación en 1787.

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2) Hablando de migrantes. En el Fuerte Bliss del Ejército, justo en la frontera con México, se contempla y se avanza en la construcción una metrópolis monstruosa de tiendas de campaña exclusiva para migrantes. Memoria de la oprobiosa ‘fortaleza’ del cherife Joe Arpaio en Arizona. Recuerdo, en otro contexto, aunque para Trump su país enfrenta una guerra potencial contra las turbas internas (del partido demócrata, con quien existen hostilidades perpetuas) y externas (los transmigrantes que no son de tez blanca e intentan sobrevivir a condiciones imposibles en sus lugares de origen, pero que para él son delincuentes y bad hombres), a los campos internamiento de familias norteamericanas de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial por parte de la administración del demócrata Franklin D. Roosevelt: en muchos sentidos (tal vez no en éste), antítesis del vándalo y destructor republicano.

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3) Y una cuenta más en el abalorio de aniversarios de toda índole que cierran el año. Antier, en el vigésimo noveno de la Revolución de Terciopelo checoslovaca encabezada por quien luego llegaría a ser su presidente, el escritor Vaclav Havel, una multitud en Praga exige que renuncie el hipermillonario primer ministro (por los cuatro costados fan y roadie de Trump, por supuesto, y consumado fraudster, perdonando los anglicismos) Andrej Babis.

 

@alconsumidor

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