La absurda contradicción de trabajar para ser pobre

Hay que decirlo claro: no hay programa social que sustituya al trabajo como medio de superación de la pobreza. Un trabajo bien remunerado con seguridad social, conforme a lo que establece nuestra propia Constitución y a nuestro potencial económico como país, es la única vía efectiva y sostenible para hacer frente a la pobreza. Sin embargo, en México se da la absurda contradicción de que millones de personas trabajan para ser pobres.

En este contexto, el salario mínimo es uno de los factores que contribuyen a esta condición. Apareció por primera vez en México hace poco más de 100 años, con la promulgación de la Constitución de 1917. En aquel momento México era uno de los pocos países en todo el mundo que incorporaban este precepto de avanzada: Nueva Zelanda en 1894, Australia en 1896 y el Reino Unido en 1910. Después siguió México. Desde entonces, el salario mínimo se definió en el artículo 123 de nuestra Constitución como aquel que debe ser suficiente para sostener dignamente (en el orden material, social y cultural) a un trabajador y a su familia. Nada más, pero nada menos.

En México, sin embargo, la pobreza se da por decreto. Quienes perciben el salario mínimo están condenados a vivir en pobreza. La señal que se manda con este hecho es brutal: el trabajo no es la vía para aspirar a una vida mejor. Se puede trabajar honradamente y seguir siendo pobre. En México el salario mínimo es un factor de reproducción y perpetuación de pobreza para quien trabaja y para sus familias.

Hoy, a más de cien años de distancia la noción del salario mínimo que imaginaron los constitucionalistas de 1917 está lejos de ser una realidad, e incluso pareciera haber quedado en letra muerta. Y peor aún, refleja uno de los principales problemas que aquejan a nuestro país: leyes que no se aplican e instituciones que no funcionan.

El ejemplo más claro es el de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI), que determina sistemáticamente un monto para el salario mínimo que no alcanza ni siquiera para cubrir las necesidades más básicas de una persona, mucho menos de una familia.

El salario mínimo tan bajo que hay en México no es un resultado de mercado. Ha sido producto de una decisión política del gobierno en turno. Una decisión, responsabilidad de CONASAMI, que representa una violación abierta, flagrante y hasta ahora impune a la Constitución.

Como lo hemos señalado desde Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, los datos muestran que la mitad de la población carece de ingreso suficiente para adquirir lo más básico para sobrevivir. En total son 62 millones de mexicanos quienes carecen de ingresos suficientes para adquirir una canasta básica.

Casi el mismo porcentaje que en 1992 y casi 16 millones de personas más sin ingreso suficiente.

Aunque Enrique Peña Nieto se autopromovió como “el presidente del empleo”, el problema es que muchos de los empleos que se crearon durante su sexenio son, en realidad, trampas de pobreza, por los bajos salarios.

Lo que sucede es que los empleos que se crearon durante su sexenio son de menor remuneración, mientras que en este mismo periodo se perdieron 2.1 millones de empleos con salario superior a tres salarios mínimos ($8,000 pesos de 2018).

Finalmente, durante el sexenio que termina (de inicio de 2013 a inicio de 2018), alrededor de 40% de la población ocupada tuvo un ingreso laboral inferior al costo de la canasta alimentaria. Es decir, 4 de cada 10 personas que trabajan lo hacen para ganar apenas el ingreso de la pobreza extrema. Esta situación es absurda e inaceptable: trabajar para seguir siendo pobre… extremo.

Si nuestra economía, la número 15 a nivel mundial, es incapaz de garantizar salarios dignos que permitan un nivel mínimo de bienestar, tal como lo establece la Constitución, algo estamos haciendo muy mal. No hay ningún pretexto ni justificación para mantener el salario mínimo por debajo de la línea de bienestar y condenar a millones de personas a vivir en la pobreza.

Urge recuperar el valor del salario mínimo y romper la política de contención salarial que se ha impuesta hasta ahora. Sería un error dejar pasar nuevamente la oportunidad de hacerlo.

La recuperación del salario mínimo tiene dos momentos:

El primero es la recuperación inmediata para cubrir, al menos, el costo de la canasta básica (alimentaria y no alimentaria) para una persona. Esta decisión es ineludible y urgente. Hoy esa brecha entre el salario mínimo y la línea de bienestar es de 12.30 pesos al día (332.06 pesos al mes). Quien gana el salario mínimo no puede comprar los productos de la canasta básica porque le faltan 12.30 pesos cada día. Es  decir, el salario mínimo en México no alcanza ni siquiera para cubrir las necesidades más básicas, del orden material, de una persona, mucho menos las de una familia.

Pero ese cambio es sólo el primer paso.

El segundo momento exige la desaparición de la CONASAMI y la creación de un nuevo organismo con capacidad técnica para fijar el salario mínimo con base en un mecanismo sólido y responsable para llevarlo progresivamente al monto adecuado al tamaño de nuestra economía.

No se trata, pues, de un solo incremento al salario mínimo de un año para otro. Se requiere un plan multianual: para reducir la pobreza, para ampliar el mercado interno, para reducir factores de inseguridad y violencia; para todo ello se requiere una nueva política de salario suficiente. Sólo así podremos aspirar como país a una verdadera transformación.

 

@FrenteaPobreza

Close
Comentarios