Ciudadanos, partidos e infidelidades

Con más de 3 mil elecciones concurriendo en todo el territorio nacional, la pregunta que persiste es: ¿cómo reaccionará el elector ante un panorama ideológicamente difuso?

Por: Moisés Silva (@MoisesSilva_10)

En Julio de 2009 se estrenó en México un filme en el que su directora, Julie Gravas, nos incorpora a un mundo de pautas claras, donde cualquier situación remite a un diagnóstico preciso: el capital y el privilegio frente al despojo y el comunismo. Es por ello que cuando Anna, parisina de 9 años, exige los motivos por los que no volverá al catecismo o su nana no vivirá más con ella, la respuesta no puede ser otra más que el nombre mismo del filme: La culpa la tiene Fidel.

La mayor virtud del filme de Gravas se encuentra en la inmersión del espectador en un mundo de fidelidades y certezas, pero al hacerlo nos reitera que no es un argumento en absoluto ajeno al comportamiento de nuestro día a día; la lógica que da vida al filme es la misma que, en principio, rige a los partidos políticos. Para quien simpatiza con él, el partido es un atajo, una herramienta a través de la cual se apuesta por una forma de organización social, por una idea de lo público. El partido suma voluntades y ofrece alternativas coherentes con los referentes que lo fundaron.

La elección más grande en la historia del país, a menos de 90 días de acudir a las urnas, es ilegible ideológicamente; los referentes de nuestra (imperfecta) democracia han premiado arreglos electorales en detrimento de consistencia ideológica. Con más de 3 mil elecciones concurriendo en todo el territorio nacional, la pregunta que persiste es: ¿cómo reaccionará el elector ante un panorama ideológicamente difuso?

El ejercicio expuesto a continuación, mismo que comprende los últimos seis comicios electorales federales (2000 – 2015), busca ofrecer una aproximación a esta pregunta.

Participación

Uno de los argumentos a favor de la concurrencia entre elecciones locales y federales es el aumento en la participación ciudadana. Mientras más cargos se encuentren en disputa, mayor es la atención que el elector concede al proceso. Esta intuición es respaldada por los datos. Para este ejercicio se tomó el promedio de los procesos en los que se elige presidente y se renueva el congreso (00-06-12), frente a las elecciones en las que únicamente se eligen diputados federales.

Se midió la diferencia en participación entre elecciones intermedias y elecciones concurrentes. Con base en lo obtenido, el 3.2% de las secciones electorales a nivel nacional mostraron niveles de participación menores en elecciones concurrentes al promedio de participación de diputado federal. Siendo Nuevo León, Jalisco y Campeche los estados que concentran estas secciones; mientras que en un tercio de las secciones el incremento en participación rebasó el 10%. Particularmente interesante resulta el caso de Ciudad de México, donde el 95% de las secciones electorales aumentaron la participación en más de una decena de puntos porcentuales.

El gráfico superior desagrega el cambio en participación por tipo de sección, clasificadas con base en el número de habitantes en rurales, urbanas y mixtas. Las secciones urbanas (en azul) presentaron incrementos superiores en participación que las secciones rurales (verdes) y mixtas (naranja). Incluso los datos podría sugerir que la participación incrementa en función de la densidad poblacional. Por otro lado, como la línea del centro (situada en el punto de participación idéntica entre elecciones) revela, de las secciones que redujeron participación ciudadana en elecciones concurrentes, la mayoría son predominantemente rurales.

PAN

En cuanto a los partidos políticos, el análisis se basa en el número de veces que se logró superar el peso de la marca (aproximado por el porcentaje de votación del mismo) en elecciones intermedias; en el caso panista el periodo los ve ganar en un par de ocasiones la presidencia de la república, ambas de innegable repercusión histórica. En este ejercicio más del 70% de las secciones electorales a nivel nacional rebasan el umbral del voto en diputado federal en al menos dos elecciones concurrentes; estados como Coahuila o Tamaulipas rebasaron el promedio de diputado federal en cerca del 50% de sus secciones electorales. Mientras, el 73% de las secciones que mostraron porcentajes del voto mayores en concurrencia, comprenden elecciones en las que el PAN obtuvo la presidencia; lo cual sugiere que no es la identificación del elector con la marca sino la competitividad del candidato lo que arrastra la votación. Mientras estados como Chiapas o Campeche, históricamente renuentes al panismo, presentan en elecciones concurrentes apoyos menores a la media de diputado federal.

PRI

El corte de tiempo analizado no podría ser de mayor contraste para el priísmo, abarca desde la salida del partido del gobierno federal, pasando por su mayor fracaso (a la fecha) en Roberto Madrazo, hasta la presidencia de Peña. El retroceso es evidente en los resultados, dado que únicamente en el 1% de las secciones del país el porcentaje de votación priísta rebasa el promedio de diputado federal en los tres procesos concurrentes. Por otro lado, con respecto a las secciones que, en concurrencia, rebasan al menos en un par de ocasiones el promedio de diputado, Baja California, Baja California Sur y Ciudad de México destacan con más del 80% de sus secciones electorales en esta condición; esto puede ser engañoso ya que el motivo puede encontrarse en el peso debilitado del partido como marca en esas entidades o de un arrastre como efecto del candidato. Mientras, de las secciones que muestran desempeños por debajo del promedio de diputado federal en todas las elecciones, son Coahuila, Quintana Roo, Tamaulipas y Yucatán estados donde al menos el 30% de sus secciones electorales redujeron su respaldo al tricolor.

PRD

El PRD nace como producto del sisma que implicó la partida de Cuauhtémoc Cárdenas del PRI y su lucha electoral consecuente. Desde ese momento, debe gran parte de sus conquistas a los liderazgos que han hecho reconocible al partido. En su quinta elección presidencial, presenta apenas su tercer candidato, uno que dista mucho de ser reconocible con el partido. Para muestra de la dependencia histórica del partido a sus liderazgos basta con observar el 81% de las secciones electorales del país donde, en al menos dos ocasiones, el porcentaje de votación en procesos presidenciales rebasó el promedio de la marca, en la elección de diputado federal: 90% de las mismas a cuenta de López Obrador; estados como Aguascalientes, Baja California, Ciudad de México, Estado de México, Nayarit, Puebla y Querétaro acreditan esta lógica, ya que más del 80% de sus secciones aumentan su competitividad en elecciones concurrentes. Mientras, entre los estados históricamente renuentes al PRD, es Zacatecas el que destaca con cerca de la mitad de sus secciones electorales con desempeños perredistas inferiores en elecciones concurrentes.

Conclusión

Como sugieren los datos, en elecciones concurrentes el peso del partido como marca es influenciado por la renovación del senado y, en mayor medida, la elección presidencial, misma que no es posible disociar de un candidato. El reto se dimensiona en cuanto se cuantifica: al último corte del INE, la lista nominal cuenta con más de 89 millones de ciudadanos con capacidad de ejercer su voto, un aumento del 8% en la participación (promedio del ejercicio) implicaría la adición de 7 millones 200 mil votos a la contienda. El desafío está en convencer, en la elección más grande de la historia del país, a un electorado en ausencia de horizontes ideológicos claros.

 

@telusmx

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