El debate feminista sobre el comercio sexual

Paramita Banerjee, investigadora y feminista, habla sobre el comercio sexual en India en donde las mujeres son forzadas a prostituirse desde los 15 años. La situación no es muy distinta en México, el debate feminista gira en torno a los mercados sexuales y las propuestas para combatirlo son limitadas.

Por: Claudia Torres

Paramita Banerjee es investigadora y cofundadora de la organización DIKSHA, que desde 1999 ha buscado estimular a los niños y jóvenes que viven en algunas zonas rojas de Kolkata, India: un contexto que, debido a la precariedad de quienes viven ahí, se parece a muchos espacios de comercio sexual en México.

Paramita llegó a México para participar en una conferencia organizada por el Colegio de México el 6 de agosto pasado. Los miembros del Grupo Latinoamericano de Análisis y Acción de los Mercados Sexuales tuvimos la oportunidad de reunirnos con ella una semana antes de la conferencia. “Soy reconocida por ser feminista, pero disconforme”, nos dijo ella.

Es feminista, porque considera que el mercado sexual responde principalmente al deseo sexual masculino y es reforzado por la presión social de que los hombres consuman sexo. Es disconforme, porque estima que la legalización, propuesta por las feministas liberales, y la abolición del comercio sexual, defendida por las feministas radicales, son simplistas. No es verdad que la legalización va, necesariamente, a resolver los problemas reales de las niñas y adolescentes que ejercen la prostitución en las zonas rojas de Kolkata. Tampoco es verdad, como dicen las abolicionistas, que la condición de víctima (de presentarse) dure toda la vida o que la eliminación de los mercados sexuales sea un paso hacia la justicia de género.

En Kolkata, las menores de edad que se dedican a la prostitución están en un rango de edad de 15 a 18 años. Una variedad indeterminada de factores las induce a la prostitución: desde haber nacido en una zona roja o haber sido casadas en sus poblados de origen con hombres que terminan quitándoles todos sus ingresos, hasta haber migrado por estudios a la ciudad y haberse dejado seducir por el estilo de vida urbano.

De acuerdo con la experiencia en campo de Paramita, estas niñas necesitan programas de asistencia que, además de satisfacer sus necesidades básicas, las empodere como personas. Además, para romper con los ciclos de desigualdad que genera el sistema de la dote en India, es necesario que los programas de intervención dentro de las zonas rojas incluyan también a los niños y jóvenes. No hay roles masculinos positivos que disuadan a los chicos de convertirse en padrotes. Ellos crecen sabiendo que, una vez que elijan a su futura esposa, ella se va a encargar de generar dinero para mantenerlos a ambos. Sin apoyo a ellos, es imposible mejorar la situación de las menores.

En India, las propuestas feministas por la legalización y el abolicionismo no vislumbran la asistencia de este tipo como parte de su agenda. La legalización apunta al reconocimiento del trabajo sexual como trabajo y, en todo caso, a la mejora de las condiciones laborales de quienes practican la prostitución. Más nada.

Por su parte, dado que el objetivo último del abolicionismo es la eliminación de los mercados sexuales en aras de la justicia de género, la asistencia que ofrecen los grupos abolicionistas ignora a los hombres. Más aún, la agenda abolicionista se traduce en medidas que, muchas veces, perjudican a las mujeres en los hechos. Por ejemplo, algunas jóvenes son removidas de las zonas rojas donde laboran para ser devueltas a sus lugares de origen o, en otras palabras, a las condiciones que las hicieron proclives a la trata o la explotación en un inicio.

En contraste con los grupos feministas en India, Paramita ha optado por trabajar, en general, con los jóvenes que viven en las zonas rojas. DIKSHA ha impulsado el empoderamiento de estos chicos y chicas a partir de proyectos que los motivan a concluir sus estudios básicos e involucrarse en diversos proyectos de acción comunitaria.

De hecho, DIKSHA nació siendo una propuesta de 16 jóvenes de la zona de Kalighat, quienes pidieron el apoyo de Paramita para crear un seminario en temas de sexualidad y género. Dar voz a las y los jóvenes de Kalighat era la estrategia de empoderamiento de este primer proyecto.

Desde entonces, los proyectos de DIKSHA han cambiado de forma, pero mantienen el objetivo inicial de impactar positivamente la vida de las y los menores que viven en las zonas rojas de Kolkata. Según Paramita, aunque estos proyectos no se han entendido como feministas, los jóvenes se han alejado de los patrones de vida que los llevarían, siendo mujeres, a prostituirse o, siendo hombres, a vivir a expensas de sus parejas. En consecuencia, la trata y la explotación sexual han desaparecido en algunas de estas zonas.

Muchas de las observaciones de Paramita son válidas para el contexto mexicano. El debate feminista en torno a los mercados sexuales está igualmente polarizado y las propuestas hechas hasta ahora, en general, se antojan limitadas (considerando que el objetivo es mejorar las condiciones de vida de un buen número de trabajadoras sexuales en el país).

Mi preocupación es que la limitación de las propuestas podría estar determinada, precisamente, por lo polarizado del debate. Quizás, valdría la pena proponer intervenciones que no apuesten principalmente por la legalización o la abolición, ni cuyo eje único sea la desigualdad de género, ni sus beneficiarios principales las mujeres como grupo. También, valdría la pena dejar a las comunidades a cargo de los proyectos de intervención.

Nada de esto significa tirar el feminismo por la borda. Pero significa superar sus puntos ciegos (que Paramita identifica en India y que yo veo patentes en México). Estas nuevas intervenciones podrían traducirse en una mejora de las condiciones de vida de algunos hombres y algunas mujeres cuyos intereses, hasta hoy, permanecen fuera del radar de quienes estamos involucrados en los debates feministas sobre mercados sexuales.

 

* Claudia Torres es miembro del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE (@DSyR).

 

@DSyR

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