¿Y si fuera lesbiana, qué?

Una amiga de mi hija cree que es una cosa muy fea que te digan “lesbiana”. Mi niña sostiene que es peor que te digan “homófobo”, y que además, lo seas.

Hace unos días conocí al papá de José, un chico que toma terapia grupal con mi hija, la adolescente mayor. En consulta con la psicóloga, frente al resto de los padres asistentes, confesó lo que consideraba su mayor culpa respecto al trato con su hijo. Y es que ante la insistencia del escuincle por cortarse el cabello al estilo mohicano, el padre le soltó su negativa con un contundente: “¡vas a parecer maricón!”.

Hoy sabe que hizo mal, según nos contó a todos. Porque estuvo fatal que insultara a su hijo de tal forma, pues de ninguna manera es gay. Contrito, le pidió perdón, le aseguró que nunca le volvería a faltar el respeto de esa manera y se quedó muy orondo después de su confesión, como esperando el aplauso del respetable.

En terapia, cada vez que puede, José le suelta a mi hija que no entiende cómo le puede gustar Justin Bieber. Es que es gay. Las carcajadas de la big sister se escuchan hasta la casa. Hace rato que dejó de enojarse porque haya gente que crea que la ofenden a ella o a su ídolo si lo acusan de ser homosexual. ¿Y si así fuera, qué? suele contestar.

No es la primera vez que mi niña tiene que tratar con chicos que han sido educados en el susto ante lo gay. Digo, tampoco es que sean una especie en peligro de extinción, lamentablemente. La semana pasada sostuvo un debate con una amiga que, al argumentar contra la práctica del bullying, dijo a los chicos de primero de secundaria que antes de agredir deberían pensar en lo feo que debe sentirse que a una le digan que es lesbiana. Mi hija, por supuesto, no lo dejó pasar. Le explicó 1) que la homosexualidad no es una enfermedad contagiosa, ni un delito, ni un atentado contra nada y 2) que gay no es lo peor que te pueden decir en la vida. Antes bien se le ocurrían algunos términos realmente ofensivos como “te comportas como diputado”, “eres un misógino”, “intolerante la más vieja de tu casa” y, por supuesto, “homófobo”. ¿Qué pasa si te dicen que eres gay? Mi hija lo tiene claro: absolutamente nada.

“No es que haya algo malo en eso”

No dejó de notar que las maestras que presenciaban el debate se quedaron calladas, sin tomar una posición de manera pública y como las figuras de autoridad que son. La adolescente mayor cree que si en casa los jóvenes crecen con homofobia, es función de la escuela corregir esa falta y pronunciarse a favor de la diversidad sexual. Hoy lamento mucho que el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) no tenga un departamento con el personal y los recursos suficientes para impartir talleres en todas las escuelas del país, de manera permanente y como lo hicieron los primeros años cuando así se solicitaba.

También lamento que ninguna escuela de este país tenga lo que el Colegio Americano de la Ciudad de México, donde hace unas semanas un niño fue golpeado en una alberca… por agredir a un pequeño que ya se asume como homosexual. Por supuesto, nunca estaremos a favor de la violencia, así sea por discriminación positiva, pero que un colegio de educación básica cuente con un club gay es lo más progre que he escuchado en los últimos tiempos.

No así lo que nos tocó atestiguar el pasado 8 de marzo, cuando la conductora de noticias Carmen Aristegui sintió el deber de denunciar al aire una presunta campaña de agresiones en su contra, de la cual la ofensa mayor es que la tachen de lesbiana. Y que además debía aclarar que ella NO lo es. En respuesta a la pregunta que hacía ayer Gabriela Warkentin en este mismo espacio, mis hijas dicen que no, que era innecesario hacer tal precisión por considerar que la misma abona, aquí sí, a la homofobia y a la discriminación.

 

Porque no basta decir que uno respeta y que incluso tiene amigos gays, si te ofende que alguien crea que tú lo eres y pienses que ello afecta tu imagen pública. Aplico la misma pregunta que hacen mis hijas cuando debaten con sus pares y con sus maestros: ¿y si Carmen Aristegui fuera lesbiana, qué? ¿Aún cuando no lo sea, en qué le afecta que alguien lo diga y que otro lo crea? ¿Le da miedo la posibilidad de ser discriminada? ¿Bajaría su rating? ¿La despediría MVS, otra vez? ¿Sus vecinos le voltearían la cara?

La preferencia sexual de cada quien no es un asunto de la incumbencia de nadie, la precisión sobra. Que nos digan homosexual o heterosexual es una de las milochomil cosas que nos debería tener sin cuidado. Mejor pre-y-ocuparnos por debatir temas que aporten a nuestro trabajo y a nuestra persona, en vez de darle argumentos a los homófobos. Y de lo que uno encuentra en las redes sociales, igual que en la vida, se toma lo que sirve y se desecha la basura; alguien cuéntele por favor #AhíComoCosaSuya.

Ya es hora de superar la diversidad sexual, de dejar de enojarnos porque alguien suponga, acertada o equivocadamente, que nos gustan las personas de nuestro mismo sexo. Que el papá de José crea que agredió a su hijo por decirle gay, lo entiendo. Que una periodista de amplia trayectoria se ofenda porque le digan lesbiana, francamente no.

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