Vamo a calmarnos todos

Semanas previas a la votación de julio, amigos muy queridos nos aseguraban convencidos que era mejor ser oposición de Andrés Manuel, que seguirlo siendo del régimen que moría. Pues eso, justo eso.

Verán ustedes, una tiene derecho a emocionarse. 30 años después de la primera vez que voté, volvió a perder el PRI. No sólo perdieron, se deshicieron. Tan ya no existe, que en los últimos meses su gobierno se borró del mapa. Quién sabe qué haga hoy el presidente Peña en Los Pinos, si de por sí no solía tener muchas actividades al día. Tampoco sabemos qué hace su gabinete, mucho menos los líderes de su partido. Igual ya andan todos de vacaciones y una aquí, preguntando por ellos.

Pero la emoción se me quitó casi al minuto siguiente que confirmamos lo que las encuestas llevaban meses diciendo: la derrota electoral del PRI fue contundente, rotunda e inobjetable. Se nos pasó la mano, ¿eh? ¿Y ahora qué hacemos?

Porque obvio me emociona la ilusión de que por fin la Izquierda haya ganado, que el tema de la desigualdad social encabece la lista de prioridades del nuevo gobierno, que tanta gente que respeto forme parte de un equipo que como nunca antes tiene la posibilidad de cambiar la historia de este país.

Lo que ha ido magullando esa ilusión es no ver el resto de los ideales de la Izquierda en la lista de prioridades. Nos aseguran que ahí están, pero por más que los busco se me escabullen. El primero de ellos, el fomento de una cultura ciudadana que enarbole la defensa del régimen democrático, ése que habla de la transparencia, la rendición de cuentas, el fortalecimiento de las instituciones, la promoción de acciones educativas contra la intolerancia, el respeto a la libertad de expresión, la defensa del derecho a disentir. Sobre todo la defensa del derecho a disentir.

La cuestión central es que los recién llegados nos vendieron la idea de que son diferentes a lo que hemos conocido hasta ahora. Que el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador será un gobierno que luche contra la corrupción y el clientelismo político. Que pretende gobernar y no sólo tener el poder. Que nos llevará a la Cuarta Transformación (así, en mayúsculas), con todo lo que ello implica en términos de valores democráticos. Pero hasta ahora los cuestionamientos sobre sus primeros pasos en transición no han tenido buena recepción entre los 30millonesQueVotamosPorÉl, por decirlo de alguna forma. Del “¿dónde estabas cuando Fox/Calderón/Peña descarrilaban/hundían/saqueaban al país y por qué no dijiste nada?” al “30 millones de votos le dan permiso al señor de hacer lo que quiera” que espetan cada tanto, y una se pregunta qué proceso mental hace que estas personas pretendan borrar de un tuitazo parte importante de lo que pavimentó el camino del triunfo electoral lopezobradorista.

Yo no sé ustedes, pero yo no aspiro a que el presidente se calle. Aspiro, sí, a tener un presidente que sea un líder que convoque a 129.2 millones de mexicanos, no sólo a 30 millones que votaron por él. Que su discurso unifique en lugar de dividir. Que incite a sus seguidores al debate y no a la descalificación. Que no por andar poniendo a los dueños del dinero en su lugar, nos descoloque al resto de los ciudadanos. Que entienda que la autoridad moral se refrenda con cada acción y que los votos no son cheques en blanco, ni gobernar un acto de fe. Que la honestidad no se reproduce por ósmosis, sino con transparencia y rendición de cuentas. Que siempre será mejor tener seguidores críticos que incondicionales fieles. Que se puede equivocar. Que está bien equivocarse y está mejor que cuando eso pase, alguien se lo diga. Que más de 30 millones de personas esperan que le vaya bien. Que a partir del 1 de diciembre ya no habrá más mafia del poder, porque él y su equipo tendrán el poder. Eso nos vendieron y eso queremos, ni más ni menos.

Semanas previas a la votación de julio, amigos muy queridos nos aseguraban convencidos que era mejor ser oposición de Andrés Manuel, que seguirlo siendo del régimen que moría. Pues eso, justo eso. Dejen de exigirnos unanimidad, incondicionalidad, fidelidad, porque lo que se requiere es crítica, mucha crítica. La crítica permite enmendar el camino y la de casa neutraliza la diatriba de los grupos que desde hoy le están apostando a que todo salga mal. Si gobernar es decepcionar, escojan cuál quieren que sea el reclamo mayoritario dentro de 6 años. Y mientras barajan las opciones, a todos nos vendría bien constatar que el fortalecimiento del régimen democrático, el único en el que podemos seguir ejerciendo la crítica, sea la razón de ser, el leitmotiv, la apuesta de reconocimiento del nuevo gobierno de Izquierda.

 

@malamadremx

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