Circunstancias atenuantes, entrevista a David Lida

Sé que David Lida considera al recién fallecido (el pasado 3 de abril) Sergio González su “hermano mexicano”. En reconocimiento a ambos va esta entrevista sobre la primera novela de Lida, Circunstancias atenuantes.

El 16 de noviembre del año pasado vi por última vez en persona a Sergio González Rodríguez en la presentación del libro Circunstancias atenuantes, de David Lida. Una novela sobre una mujer mexicana condenada a muerte en Estados Unidos y las peripecias del “especialista en circunstancias atenuantes” que lucha por salvarla de la pena capital. A eso, además de a escribir, se dedica en la vida real David Lida, quien nació en Nueva York hace cincuenta y tantos años y vive en la Ciudad de México desde principios de los años noventa. Una vez lo oí decir que este trabajo le ayuda a devolver a los latinos un poco de lo mucho que México le ha dado.

Esa noche en el foro bar El Imperial, ubicado la colonia Roma Norte, sucedían muchas cosas:

1. Tenía una semana y un día de haber sido electo como presidente de Estados Unidos Donald Trump y todos seguíamos perplejos ante el hecho de que se impuso la intolerancia en el vecino país del norte. No podía venir más al caso una coyuntura tan espeluznante, porque la novela establece precisamente que las cosas siempre se pueden poner peor, tanto en México como en Estados Unidos, cada uno por su cuenta y ni se diga para un migrante ilegal mexicano en Estados Unidos.

2. Yo, su servidora bloguera, acudía sin saberlo a la presentación de la que sería mi novela favorita de todo el año pasado y lo que va de éste.

3. E ignoraba que sería la última vez (de dos) que vería con vida al enorme escritor y periodista, pionero de la denuncia de los feminicidios en México, elocuente crítico literario, figurota, tótem, orgullo mexicano, Sergio González, quien desde luego presidía la presentación.

No es que fuera mi amigo, más bien yo su fan, pero esa estremecedora sensación de que (casi) nunca sabes cuándo es la última vez que vas a ver a una persona hace en retrospectiva mucho más memorable y conmovedor ese evento.

Sé que David Lida considera al recién fallecido (este 3 de abril) Sergio González su “hermano mexicano”. En la propia novela Circunstancias atenuantes lo homenajea con un capítulo llamado Huesos en el desierto, como el libro homónimo del escritor.

Tres semanas después de la presentación ya me había devorado el libro de Lida y ya lo había entrevistado ante mi azoro de que su primera novela fuera tan buena y contundente, al grado de que incontables veces me remitiera a Philip Roth. Pero no publiqué la entrevista. Me sentí intimidada. Me invadió el temor de no hacerle justicia a tan buena novela cuyo autor me concedió tan generosa entrevista y además es mi amigo. Me petrifiqué.

En este momento de tu enorme pérdida, David, te regalo como una muy humilde muestra de apoyo la entrevista que entonces te hice sobre tu primera novela –“que se trata de la vida y la muerte” por cierto, como tú la defines aquí abajo enseguida-, porque en ella demuestras que eres tan grande como tu hermano mexicano.

El narrador del libro es un muerto. Confieso que el único referente que tengo de una obra narrada por un muerto es la película –de culto, clasicaza- Sunset Boulevard (Billy Wilder, 1950). Sergio González Rodríguez dijo en la presentación que Circunstancias atenuantes es una obra en la típica tradición de la novela policíaca norteamericana. No la domino tampoco, ¿el narrador muerto es parte de esta tradición?

Hay varias novelas narradas por muertos. Hay una… ay no sé si voy a recordar todos los nombres, hay una que se llama “Being Dead”, de un autor británico que está narrada por un muerto (Jim Crece), también… si no mal recuerdo (cabe destacar que David habla con marcado acento gringo, pero en perfecto español, al grado de usar expresiones como esta última) “Ironweed”, de William Kennedy, que fue un súper éxito de los años ochenta, hubo película también, está narrada por un muerto y hay otras que ahorita no se me ocurren. Eso no tanto es de la tradición policíaca, pero yo no soy la primera persona que escribe un libro narrado por un muerto.

¿Y por qué elegiste ese recurso?

Mira, la novela se trata de la vida y la muerte y como la concebí desde el principio era narrada por un muerto, porque quién mejor que un muerto (ríe) puede comentar sobre la vida y la muerte. De hecho unos editores me sugirieron que cambiara eso, pero sentí que si lo cambiaba no habría sido el libro que yo quería escribir.

Era crucial.

Sí. Y digo, pensándolo bien hay otras maneras de contar la misma historia, pero no era el libro que yo concebí.

Me gustó mucho tanto en la presentación como en la novela tu argumento de que no es posible convencer en contra de la pena de muerte a alguien que está a favor, así como es imposible que a ti como opositor te convenzan de apoyarla. Si te pones en los zapatos del otro con respecto a un punto de vista que en tu caso no es negociable, puedes entender que tampoco lo es para el otro. Es genial una escena donde una señora se pone a necear para convencer a Richard, el protagonista, de la necesidad de la pena capital. Precisamente por eso él suele decir que es instructor de manejo, para evitar esas discusiones inútiles.

Me gustaría creer que yo tengo más argumentos, datos más sustanciosos del por qué no debe existir la pena de muerte. Por ejemplo, mucha gente a favor dice que su aplicación detiene a la gente de cometer ciertos crímenes, por miedo. No hay ninguna evidencia en ninguna parte del mundo de que eso sea cierto. Por ejemplo en Texas, donde hay más pena de muerte que en cualquier otro estado en Estados Unidos y quizá que en cualquier otro lado del mundo, cada vez hay más homicidios, entonces no hay evidencia de que sea cierto que la pena de muerte detenga a nadie de matar a alguien. Pero aun así me parece que la creencia de la gente a favor o en contra suele ser emocional y tiene poco que ver con los hechos.

Otro argumento de la gente que está a favor es que es más barato matar a alguien que dejarlo en la cárcel el resto de su vida. De hecho no es cierto. Un proceso que involucra la pena de muerte es muy costoso porque tienes que contratar a dos abogados, dos investigadores, neuropsicólogos, expertos, es súper costoso y sin pena de muerte sólo tienes que contratar a un abogado. Además si das la pena de muerte hay décadas de apelaciones, así que esa creencia de que es más barata tampoco es cierta… pero bueno, la gran mayoría de la gente no usa lógica en este tema, piensa con los sentimientos y no con su cerebro, por eso creo que no hay manera de convencerlos.

Claro, la familia se va por lo visceral. No está dispuesta a escuchar razones.

Mira, muchas familias de las víctimas quisieran darle la pena de muerte a alguien que ha matado a sus seres queridos, pero yo creo que la ley no debe decidirse por emociones sino por lógica fría.

Hay un caso ahora en Estados Unidos, de Dylann Roof, un muchacho que mató a 9 personas en una iglesia de negros en South Carolina. Él está loco, según yo, tiene fantasías sobre la supremacía blanca. Mató a esas personas porque cree que los negros violan a mujeres blancas y cualquier fantasía que se le ocurra. Él mató a sangre fría a nueve personas que estaban rezando. Algunos familiares de las víctimas han dicho que no quieren que le den la pena de muerte, que no creen en ella. Pero en este caso, no van a tener la oportunidad de expresar esta opinión durante el juicio. Así que muchas veces las familias de las víctimas ni siquiera quieren la pena de muerte.

Ni siquiera es el tema de la novela, sólo subyace esta controversia. Lo que pasa es que tú a eso te dedicas y sé que estás en contra. Pero el tema es la miseria, la pobreza, la falta de oportunidades, la desigualdad social que orillan a una persona mexicana a estar condenada a muerte en Estados Unidos, víctima de la marginación en ambos países. Le tiras parejo a México y a Estados Unidos, una autocrítica que deberíamos ejercer más seguido los mexicanos, no sólo culpar a Donald Trump de todos nuestros males, que bastante daño nos hacemos sin su ayuda. Digamos que no barremos nuestro lado de la calle. Me pareció muy desagradable el personaje del abogado corrupto en Nueva Orleans que comía sándwiches de puerco y que sólo quería acabar rápido con las apelaciones para no perder el tiempo. Él y otros personajes gringos horribles que aparecen sirven de contrapeso a los nefastos personajes mexicanos que abundan en la novela. Criticas parejo allá y acá, insisto.

Ah sí. Mira, yo he trabajado más de 20 casos y he tenido la suerte de trabajar con unos muy buenos abogados súper dedicados, comprometidos, muy inteligentes y he aprendido un montón de ellos, pero también he trabajado con un puñado, gracias a Dios no muchos, de malos abogados. Y es realmente espeluznante, porque estamos jugando con la vida de alguien. Mira, si tú haces tu trabajo mal, escribes una mala nota, a lo mejor nadie la lee o la gente que la lee no se le antoja el libro, o sea no es un desastre, pero si hace mal su trabajo un abogado que defiende a alguien que pueden condenar a muerte, la persona puede morirse y eso es realmente grave.

Mira, en el mejor de los casos es un trabajo difícil y estresante, pero es mucho peor cuando el abogado es inadecuado.

Y sí te han tocado algunos malos.

Sí. Gracias a Dios no muchas veces.

¿El personaje de Esperanza, la protagonista femenina, está basado en un cliente en particular o es una mezcla de varios?

Yo diría que la trayectoria de Esperanza es fidedigna a las vidas de los mexicanos que he defendido.

Me dan escalofríos, es terrible (la historia de Esperanza es desgarradora, hay que decir). Ojalá pudiéramos decir que es ficción descabellada.

Muchas vidas van de mal a peor y no es por maldad, es por un sistema que perjudica a los pobres.

Sí, me queda claro. En un capítulo planteas cuáles serían las circunstancias atenuantes de la vida de Richard, es decir su lado débil, su propia tragedia, a las que apelaría su abogado (si tuviera un Richard que intercediera por él) para suavizar a quienes clamaran por condenarlo a muerte. Me encantó. ¿Por qué exhibes a Richard, que además es tu alter ego?

Bueno, quería contar las historias de los dos personajes, de Esperanza y Richard, y a la vez quería explicar el por qué cuento la historia de Richard también. Y pensé que eso de buscar las circunstancias atenuantes sería una manera de entrar en la vida o el pasado de él. Y creo que si trabajas en eso, en la búsqueda de circunstancias atenuantes… (reflexiona) te cambia la perspectiva. O sea, uno de los problemas con el sistema es que en los juicios el Jurado está juzgando a una persona basado en un momento, por lo general el peor momento de su vida en que hizo… y digo, obvio no todos hemos matado a alguien, pero muchos de nosotros hemos hecho cosas de las que nos arrepentimos y no quisiéramos ser juzgados por esos momentos en la vida, y todos tenemos circunstancias atenuantes por haber hecho cosas que no nos enorgullecen y he pensado mucho en eso. De vez en cuando conozco a una persona y pienso en cómo la defendería si tuviera que trabajar en su caso, digo, que no tiene un caso, no está en esa situación…

Pero también por ejemplo este muchacho Dylann Roof tenía 19 años cuando entró a la iglesia en Carolina del Sur y mató a esas 9 personas. Cuando leí la historia me sentí horrorizado, la verdad y pensé “yo no quisiera tener su caso”, pero después de la primera reacción pensé “si llevara su caso lo trabajaría como cualquier otro, buscando la historia familiar”, eh… yo creo que… aunque es repugnante lo que hizo, no tengo dudas de que encontraría circunstancias atenuantes que le podrían salvar la vida.

Richard es ficticio, pero tiene mucho en común contigo. En el sentido de que es una persona sin parientes en el mundo, sin papás, sin hermanos -tu único hermano (de sangre) murió-, estás divorciado y no tienes hijos. Muchos seres inexistentes o peor, muertos. Te puedo preguntar, porque tienes eso en común con Richard, ¿vas haciendo familia de tus amigos, los adoptas como familia? Porque eres de las personas más amigueras que conozco.

(Silencio) Yo creo que sí he hecho una familia a través de los amigos en la vida real. Hay muchas correspondencias entre Richard y yo y claro que el punto de partida de la novela es mi propia experiencia, pero… Cuando empecé a hacer este trabajo… todos los días escuchaba buenas historias y pensaba “hay materia aquí para un libro”, no sabía entonces qué libro pero pensé no sólo que habría la materia, sino también se me ocurrió que no hay miles de escritores que se dediquen a esto, pensé que podría ser un libro auténticamente mío. Eh… Y eso me parece algo que los escritores deben pensar antes de escribir, qué historia tienen que contar y si es una historia que otras miles de personas ya han contado o podrían y a mí me anima mucho cuando creo que tengo una historia que sólo yo puedo contar.

Pero quiero decir también que aunque hay muchas correspondencias entre Richard y yo, él comete muchos errores que afortunadamente yo he evitado hasta la fecha, pero la voz, el punto de vista, no voy a mentirte, soy yo. Hay mucho de la voz de Richard que es David. Pero espero no cometer los mismos errores que Richard.

Al margen de que sea –para nada– argumento a favor o en contra de la pena de muerte: ¿todos tus clientes quieren vivir, no hay alguno que prefiera morir?

Hay muchos que me han dicho “ay, sabes qué, si me van a dar cadena perpetua o una sentencia de 50 años, prefiero la pena de muerte, pero a la hora de los cocolazos (me carcajeo, tienes que oír esta frase pronunciada por un gringo oriundo de Nueva York) no la quieren. Por lo general la gente quiere vivir. Y hay muy pocas excepciones.

Durante unos años, en los sesenta y setenta no hubo pena de muerte en Estados Unidos, pero luego la Corte Suprema la restableció y la primera persona a la que se la aplicaron al restituirla fue un tipo que se llamaba Gary Gilmour. Él sí quería morirse, no sólo eso sino que quería que lo fusilaran y en efecto así se murió. Pero alguien así que, obvio está (risas) completamente loco… ah… (serio) ah… son las excepciones, la gran mayoría… (sin titubear) por lo general la gente quiere vivir.

A mí como al personaje de Esperanza me da mucha risa cuando usas las expresiones en español como “a la hora de los cocolazos…” o “ya chupó faros” (otra que le he oído).

Sí pues… Yo aprendí español aquí en México y a veces creo que no hablo español sino mexicano, porque sí he adoptado los modismos y luego cuando hablo con una persona de Colombia o Perú o Puerto Rico les doy mucha risa. En el contexto entienden lo que digo, pero hablo un español muy distinto al de ellos.

Sí, es chistoso que hablas con acento pero un español muy mexicano. Tú escribiste la novela en inglés. ¿Quién la tradujo al español y dónde se consigue en inglés?

En primer lugar, la traducción es estupenda. Está hecha por Fernanda Melchor, que es traductora pero también escritora. Y a mí me parece que hizo un súper trabajo. Me sentí muy muy agradecido y feliz cuando leí la traducción porque escuché mi voz. Sé que en El Péndulo y en Amazon se puede encontrar la versión en inglés que se llama “One life”.

¿”One life”?

Sí, es otro título. Escogí “One life” por los epígrafes que tienen que ver con una vida, pero el editor me explicó que “una vida” es en español el subtítulo de una biografía; “Juan Pérez: una vida”, entonces si la gente lo buscaba en google sería confuso, por eso buscamos otro título.

Y quién es la mujer a quien agradeces al final del libro, como “la madre” de ustedes quienes se dedican a la búsqueda de circunstancias atenuantes para evitar la pena de muerte.

Ah, Scharlette Holdman. Ella… (se toma su tiempo para encontrar las palabras precisas) “casi” inventó el proceso de buscar circunstancias atenuantes. Ella fue como la primera “Mitigation Specialist” en Estados Unidos en los años setenta y cuando yo fui al primer entrenamiento, porque buscaban más gente, ella dio una plática sobre esto y desde entonces ha sido una súper inspiración para mí y para muchísima gente más.

¿En dónde?

Ella ha trabajado en muchos estados. Ahora está establecida en Luisiana, pero trabaja muchos casos federales de distintos lugares. Estuvo en el caso del “Boston bomber” (el muchacho que puso una bomba en el maratón de Boston) y trabaja en general muchos casos de alto perfil porque es muy muy buena en lo que hace. Y sí, cuando ella dio la plática en el entrenamiento yo pensé “yo quiero hacer lo que ella hace”.

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