La gringa que quería vivir en México

Mi encuentro con la viejita Idi fue como un mensaje divino para mí, porque últimamente he estado tentada a migrar a Estados Unidos para aplicar la “ricardoanayiza” de salvar a mi familia de vivir en México.

Estaba sentada en el lobby de un hotel en La Jolla/San Diego/California/Estados Unidos, recién checkouteada (dada de baja) del hotel donde nos hospedamos, esperando a que mi familia bajara con las maletas para irnos al aeropuerto, cruzar a pie a Tijuana y volar desde ahí de vuelta a casa a la Ciudad de México, cuando se sentó una viejita gringa y me dijo en inglés:

–No conocía esta parte del hotel. Voy a sentarme aquí mientras mis familiares vienen a recogerme.

–Está muy agradable –respondí, reafirmando su iniciativa.

–¿De dónde eres? –me preguntó.

–De México.

My favorite place in the world is in Mexico (mi lugar favorito del mundo está en México) –exclamó– “Zihuatanehou” –me informó. –For the last 17 years I have spent one month a year there, in “Plaia Larroupa” (los últimos 17 años he pasado ahí un mes al año, en Playa La Ropa).

–Es hermoso –la secundé. –Yo me he hospedado por ahí en una playa vecina en el hotel Aura del mar. De verdad es increíble.

–Me gusta sentarme en la playa y ver a los niños jugar con la arena –detalló. –Son felices. Mexican kids never cry (los niños mexicanos nunca lloran).

Se abrieron las puertas del elevador, aparecieron en escena mis familiares rodando maletas y espetándome con un “vámonos”. Somos familia viajera nerviosona.

I have a place there (tengo un lugar ahí) –corrigió: –I rent a condo there (rento un condominio ahí), –entendí, le encantaría que el lugar fuera suyo– I would spend the whole winter there, but one month is all I can afford (pasaría ahí todo el invierno, pero sólo me alcanza para un mes).

–Tengo que irme –le dije. –En este momento nos dirigimos al aeropuerto para regresar a México – le expliqué. Me paré como resorte y me dirigí hacia ella.

–¿Puedo darte un beso?

–¡Claro! –se dejó abrazar, ella sentada, yo me agaché–. Gimme some o’that Mexico energy (dame un poco de esa energía de México).

Mientras nos soltamos, le pregunté cómo se llamaba. “Idi” o algo así me dijo. Yo le di mi nombre y me fui. No le pregunté de qué parte de Estados Unidos era, pensé en el coche, pero no importa, sé cuál es su lugar favorito en el mundo.

FIN.

Puedes leer hasta aquí que concluye la crónica o proseguir al epílogo mata pasiones:

El incidente me conmovió porque en primer lugar el presidente Trump no representa a todos los estadunidenses. Nunca, mientras haya dos personas se podrá generalizar.

Soy una convencida de que abundan los trumpistas de clóset. Ahora resulta que nadie votó por Donald Trump, todos están apenadísimos en Estados Unidos por lo mal que eligieron “los demás”.

Si bien Hillary Clinton le ganó en cantidad de votos la elección presidencial al actual mandatario pero allá se contabiliza proporcionalmente por distritos electorales, etc., millones de personas tuvieron que votar por el Dónal para que fuera electo.

Creo que hay más trumpistas de clóset que cualquier otra cosa de clóset en el mundo, pero aun así el presidente Trump no representa el sentir de todos los gringos.

Además, la viejita Idi fue como una aparición de Dios, bueno como un mensaje divino para mí, porque últimamente he estado tentada a migrar a Estados Unidos para aplicar la ricardoanayiza de salvar a mi familia de vivir en México.

Fue como si Dios se materializara –y no se parecía a Morgan Freeman o será que cada quien tiene su Dios– para decirme “ya reconcíliate, ubícate”.

Idi también me recordó uno de los mensajes más asertivos que he leído últimamente, uno de Alicia Alarcón que decía, literalmente: “No quiero vivir en otro país. Quiero vivir en otro México”.

Y ese mismo mensaje le transmití a mis hijas, desde luego, arrancando al aeropuerto. Les conté la anécdota y aproveché para recordarles y reafirmarme de paso que estamos donde debemos y que no hay que dejarse llevar por ese espejismo de que “el pasto del vecino siempre es más verde”.

 

@daliaperk

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