Helena, de Paulina Vieitez, se presenta este sábado

Emanciparse no significa satanizar al sexo opuesto para siempre. De eso y muchos temas habla Helena, que además tiene giros bien inesperados.

¿Y qué tanto se puede defender la propia individualidad, la búsqueda personal, el amor por una misma, sin que esto sea confundido con el ego?

Helena.

 

A Paulina Vieitez le disgusta el término de “literatura femenina”, así que ya sabemos lo que NO es Helena (Suma de letras, 2017), su primera novela.

En un mundo obstinado con las etiquetas, las siglas, las nomenclaturas –“la comunidad LGBTTTIQ”, por ejemplo– “se van a acabar el alfabeto”, dice Guillermo Fadanelli, “y está bien porque no podemos definirnos en un género”, Paulina Vieitez se rehúsa a clasificar. Y estoy de su lado, qué necedad la de tipificar la literatura o cualquier propuesta artística, cuya finalidad es precisamente romper moldes, desafiar los esquemas.

Helena no es un libro femenino, sino delicado. Me recuerda a la literatura de Alberto Ruy Sánchez por refinada y culta. Es andrógina, si acaso, pero no todo se puede clasificar.

Helena es una mujer aparentemente privilegiada por su desahogada situación económica y a juzgar por las alegres fotos familiares en diferentes latitudes del mundo que su esposo exhibe reiteradamente en Facebook, un marido que de jóvenes la violó amparado en el noviazgo y desde entonces no le ha importado mucho la voluntad de ella.

Helena elige hacerse cargo y no víctima, consolidar su sueño: mudarse un año y medio a Madrid para hacer un doctorado en historia del arte en la Universidad Complutense de Madrid. A los ojos de su marido Lucio, la protagonista está transgrediendo su maternidad (el más sagrado e intocable valor de occidente y más de Latinoamérica y más de México), abandonando a su familia. Pero Helena sabe que no es así. Sus hijos ya tienen 19, 17 y 14 años y decide hacer un paréntesis, no a su rol de mamá, sino al de esposa abnegada y luego ver qué pasa. ¡Quién no se lo merece después de 19 años al servicio de los hijos! ¡Quién no se quiere ir a la Complutense! (Me cayó increíble su objetivo, podríamos ser mejores amigas). Pues Helena se lo da.

Surgen peripecias que hacen más inquietante e impredecible este viaje iniciático, porque eso es, como en toda obra cuyo protagonista busca la introspección mediante el viaje, desde los griegos clásicos hasta el género moderno de carretera y lo intermedio. Recorridos de contemplación, pero más hacia adentro y a solas, cual debe.

No es fortuito que Helena estudie historia del arte y que sea una fanática de la Grecia Antigua. Sus viajes no se limitan a otro continente, sino al pasado.

La pluma de Paulina es evocadora, sugerente. Invita a acompañar a Helena desde los flashbacks como adolescente ingenua, a la mujer desencantada del matrimonio que pelea ferozmente por su libertad, hasta la alumna amiguera y coqueta de la Complutense que le escribe cartas amorosas y whatsapps a sus hijos, que le marca aterrada al marido para confrontarlo.

La “H” en la novela es tan muda como potente, así como los matices que transforman la vida. Bajo las sutilezas subyacen movimientos telúricos, como en el cine intimista de Bergman o del Manifiesto Dogma 95.

Helena es una caja de sorpresas con compartimentos ocultos como su baúl (trascendental en la historia). Es formal pero traviesa, le gusta la comida y el vino, tiene sus apegos pero se adapta a viajar liviana, es una apasionada de la historia pero se atasca de presente, es sensual, con sus rituales de maquillaje, sus fragancias, sus listones, su ropa interior y su pijama de franela mata pasiones también.

Sus características distintivas siempre han sido parte de ella, como la “H” en su nombre, pero ahora le calzan.

Esta protagonista no huye, sino planea esta aventura con el apoyo de sus hijos, aunque del marido no tanto, pero no se escapa, no evade; confronta. Helena no es excluyente, es incluyente, sus distintas facetas suman, no restan. Es un personaje en busca de equilibrio, no de extremos.

A Paulina le preocupa la rivalidad ente hombres y mujeres que estamos viviendo, “ya no se puede coquetear”, dice, “porque se confunde con acoso”. “Tenemos que encontrar el punto medio”, opina.

Emanciparse no significa satanizar al sexo opuesto para siempre. De eso y  muchos temas habla Helena, que además tiene giros bien inesperados.

Este sábado 14 de abril Paulina Vieitez la presenta en la librería Gandhi de Palmas a las 6 pm.

 

@daliaperk

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