Los recuerdos del porvenir

La autora con enorme cuidado, se podría decir que con cariño, reconstruye la cultura del México provinciano y los múltiples y variados personajes que lo habitan.

Los recuerdos del porvenir  

Elena Garro

Editorial Joaquín Mortiz

México, 2016

pp. 286

Es la primera novela de Elena Garro (1916-1998) que se publicó por primera vez en 1963. En su momento Octavio Paz dijo que era “una de las creaciones más perfectas de la literatura hispanoamericana contemporánea”. Los críticos la consideran precursora del realismo mágico y un clásico de la literatura latinoamericana. Su autora con esta obra, el mismo año de su edición, ganó el Premio Xavier Villaurrutia.

En 1953, Garro escribe la primera versión del texto como un homenaje a Iguala, a su infancia y a los personajes que admiró de pequeña. Cuando inició su escritura padecía una enfermedad que la obligó a estar en cama. Al terminarla la guardó en un baúl por muchos años. En 1960, su hermana Estrellita se hizo del baúl que estaba guardado en el Hotel Middletown de Nueva York. En él había otras obras de la escritora. A Paz, entonces esposo de Garro, la novela le parecía “genial” y fue quien la entregó a la Editorial Joaquín Mortiz, para su publicación.

Garro cuenta la vida de un pueblo del sur de México, Ixtepec, que es narrada por él mismo. Todo sucede en un ambiente fantasmal durante los años de la Guerra Cristera. La novela se divide en dos partes y éstas, dice el crítico Emmanuel Carballo, amigo entrañable de la escritora, “se subdividen a su vez en dos momentos: el de la desdicha y el del milagro, o, dicho de otra manera, el de la rutina y el de la ilusión” y añade que “el amor, que todo lo puede, opera en los personajes un cambio fundamental: de seres comunes y corrientes se convierten en criaturas maravillosas, de excepción, que lo mismo encuentran la felicidad que el aniquilamiento. La felicidad es un camino que conduce fatalmente al exterminio”.

Y continúa “ordenado el mundo por la desdicha y el milagro, las relaciones sociales, la economía, la política y la religión son el contexto de personajes privilegiados a quienes el amor les da la ilusión, es decir, la vida. Personajes que dejan atrás el pasado y se desentienden del futuro, viven en un presente infinito y en ocasiones perfecto, que luchan contra la muerte, simbolizada por la rutina y que aspiran solamente a ser felices”.

Los personajes Ixtepec son los que pueblan la provincia mexicana: pobres y ricos; gente decente y licenciosa; viejos y jóvenes; civiles y militares; sacerdotes y sacristanes; beatas e incrédulos; campesinos y artesanos; indígenas y marginados; jefes de familia; cuerdos y locos; viudas y solteronas; jóvenes casaderas y amas de casa; prostitutas y religiosas. Cinco son los personajes centrales: Julia Andrade, la amante del general Francisco Rosas, la heroína de la primera parte; Isabel Moncada, la protagonista de la segunda, que también se hace amante del general; Nicolás Moncada, el hermano de Isabel que muere fusilado, y Felipe Hurtado, el extraño que llega al pueblo en busca de Julia.

La autora con enorme cuidado, se podría decir que con cariño, reconstruye la cultura del México provinciano y los múltiples y variados personajes que lo habitan. La novela va a contrapelo de la historia oficial que se construye después de la Revolución y desmitifica a ésta y también a la Guerra Cristera. En su visión la Revolución ha sido traicionada y la situación de la gente no es muy diferente a lo que era antes de que tuviera lugar.

Al tiempo que la autora se mete a las casas y nos dice cómo viven y en que piensan la gente de Ixtepec, que es reflejo de la provincia mexicana, va haciendo una crítica del país, que en mucho sigue siendo válida en el México de hoy. El autoritarismo, la arbitrariedad, la falta de libertad de expresión, el desprecio a los marginados, en particular a los indígenas, la impunidad, la nula impartición de la justicia, el contubernio entre sectores de la burguesía y el poder.

La realidad que se narra ofrece un dramático y doloroso retrato de México. A la distancia se pude ver, la realidad es terca, que estamos condenados a repetirnos si no se promueven cambios profundos. De otra manera, como en Ixtepec, estamos anclados al pasado, a la misma forma de ser y al mismo sistema político que ya sabemos, como se ve en la obra, lo que es capaz de producir. Es siempre más de lo mismo aunque con ciertas novedades superficiales y pasajeras.

El texto es una historia de amor y de una tragedia no sólo personal sino de un pueblo. Desde Ixtepec estamos en el momento en que un mundo muere y otro nace. Es un parto violento. A lo largo de la narración a flor de piel está la pasión y el amor, el odio y la venganza, el sometimiento y la abyección, el heroísmo y la brutalidad, la bondad y la maldad, la razón y la locura. La autora en su novela hace presentes a todos los sentimientos propios de la condición humana.

En la obra nadie se salva y todos, también los que quedan vivos, de alguna manera mueren. Ya no son los mismos de antes. Están condenados a vivir en la angustia y desesperación que ellos mismos han provocado en los otros, en los que mueren de verdad. Esa es su condena.

El texto, dicen los críticos, se publica cuando arranca el boom de la novela latinoamericana y reúne todos los elementos que hicieron de ésta un acontecimiento de la literatura mundial. En su momento fue una obra innovadora y de vanguardia que sigue siendo válida al día de hoy tanto en su temática como en su escritura. Por eso precisamente un texto clásico.

La escritura es brillante con un lenguaje directo y depurado. Cada frase es la construcción de una prosa poética de enorme calidad y también profundidad. El texto siempre fluye en un ambiente mágico donde todo es posible. Hacía muchos años que quería leer esta novela, pero no lo hice. Me gustó mucho y superó todas mis expectativas. Es una obra extraordinaria.

 

@RubenAguilar

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