Fernando Purón Johnston (1975 -2018)

Fernando tenía muchos años por delante y un gran futuro en la política. Su asesinato duele e indigna. En lo que va de la contienda electoral han sido asesinados 100 políticos y de esos, 40 son candidatos. Y más de mil políticos han renunciado a ser candidatos por temor al crimen. Las autoridades federales y estatales se muestran incapaces de poner fin a la violencia.

El balazo que cegó la vida de Fernando Purón fue a quemarropa. Salía de la Facultad de Contaduría de la Universidad Autónoma de Coahuila, campus Piedras Negras, después de terminar el debate con los otros candidatos a diputado federal por el Distrito I de su estado. Eran las 21:57:37 del viernes ocho de junio.

Al momento de su asesinato, a la vista de muchos, se tomaba una selfie con una de sus simpatizantes. Estaba de espaldas al criminal. Uno de los tres balazos fue en la cabeza. De inmediato cae a tierra. Muere en el hospital. El asesino huye. Se trunca la vida de un joven y talentoso político de 43 años que tenía todo por delante.

En su campaña por la diputación federal, como candidato del PRI-PANAL-PVEM, recibió amenazas. Como presidente municipal se caracterizó por dar una lucha frontal contra el crimen organizado. En particular contra Los Zetas que todavía están presentes en esa región del estado.

Durante su comparecencia en el debate dijo: “A la delincuencia se le enfrenta, no se le tiene miedo, se le llama por su nombre (…) desafortunadamente no todos los gobernantes cumplen con su tarea, algunos hasta están coludidos con la delincuencia (…)”.

Las autoridades sostienen que el candidato fue victimado por Los Zetas. El gobernador Miguel Riquelme (2017-2023) sostiene: “Fernando Purón fue un alcalde que combatió la inseguridad (…) el crimen organizado siempre está al acecho para querer seguir trabajando y delinquiendo en Coahuila. No lo vamos a permitir (…)”.

Conocí bien a Fernando. Su muerte me duele y entristece. Me cuesta aceptarla. Lo empecé a tratar cuando era alcalde de Piedras Negras, Coahuila (2014-2017). En compañía del gobernador Rubén Moreira (2011-2017) lo vi y platiqué con él en muy diversas ocasiones. Unas veces en la alcadía, otras en eventos y también en reuniones de trabajo en su casa. Hombre fácil y sencillo. Hizo un gran trabajo como alcalde.

Apenas el pasado febrero se había casado con Cynthia Villarreal con la que tiene una hija de apenas meses de nacida, María Constanza. Fernando perdió a su padre cuando tenía 16 años.  Tras ocupar diversos cargos en la Cámara de Comercio de Piedras Negras en 2004, a los 25 años, ingresa al servicio público en la alcaldía.

Fernando tenía muchos años por delante y un gran futuro en la política. Su asesinato duele e indigna. En el país durante las semanas que van de la contienda electoral han sido asesinados 100 políticos y de esos, 40 son candidatos. Y más de mil políticos, por temor al crimen, han renunciado a ser candidatos. Las autoridades federales y estatales se muestran incapaces de poner fin a la violencia.

A Fernando su familia y sus amigos lo van a extrañar. Lo van a extrañar sus compañeros de trabajo y sus simpatizantes. Ahora recuerdo muy bien una conversación con él, en mayo de 2015, cuando Jorge G Castañeda presentó su libro Amarres Perros. Autobiografía, en el Auditorio José Vasconcelos, de Piedras Negras. Esa vez hice el comentario introductorio.

En esa ocasión Fernando me platicó de su trabajo en la alcaldía; de la relación entre Piedras Negras e Eagle Pass, el vecino fronterizo; del futuro del turismo médico en la ciudad; del crecimiento de todas las actividades y la necesidad de impulsar la infraestructura, para no quedarse atrás y también del impulso que debía darse a la cultura.

 

@RubenAguilar

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