AMLO y la democracia mexicana

Después de 12 años de candidato de tiempo completo, López Obrador se hace de la presidencia de la República. La democracia y el sistema electoral que siempre criticó y mandó al diablo son los que ahora se lo permiten de manera institucional y pacífica.  

El sistema democrático que en 2000 reconoció el triunfo de Andrés Manuel López Obrador como jefe de la ciudad de México (2000-2006) ahora también le reconoce su victoria como presidente de la República (2018-2024).

López Obrador en la elección presidencial de 2006 perdió por menos de medio punto. En esa ocasión no reconoció su derrota y mandó al diablo a las instituciones del Estado mexicano incluyendo las electorales, porque según él le habían hecho fraude y no aceptaban su triunfo.

Lo mismo sucedió en la elección presidencial del 2012 cuando a pesar de perder por más de siete puntos volvió a cuestionar a las instituciones electorales y una vez más, ante su derrota, dijo que había fraude.

Él en cada una de esas elecciones sabía que había perdido en independencia de su incendiario discurso político y de las acciones que emprendió. Sabía también que si ganaba, como ahora ha sucedido y por una enorme ventaja, la institución electoral iba a reconocer su triunfo.

En las dos ocasiones que fue derrotado siguió en su lucha. En cada descalabro electoral aprendió y corrigió. Ante el fracaso no se dobló y siguió adelante apostando a la democracia mexicana y a la solidez de su sistema electoral.

Después de 12 años de candidato de tiempo completo se hace de la presidencia de la República. La democracia y el sistema electoral que siempre criticó y mandó al diablo son los que ahora se lo permiten de manera institucional y pacífica.

La democracia mexicana cuenta con un poderoso sistema electoral. Hay muchas cosas que mejorar, pero la disputa del poder es posible, en los distintos niveles de gobierno, a través de la vía institucional.

En el México de hoy el fraude, en el día de la elección, prácticamente se ha eliminado. Y cuando todavía se da es un hecho marginal y no influye gran cosa en el resultado final. De eso, a pesar de ciertas leyendas urbanas, hay mucha evidencia.

Los tramos a mejorar están en el proceso previo y tienen que ver, sobre todo, con los montos que se gastan en la campaña que son muy superiores a los que señala la ley. Aquí está el problema central.

Está también, son otros temas a resolver, el uso de los recursos públicos, el uso de los programas sociales, la compra de los medios de comunicación, la compra de votos y la compra de cuentas falsas en redes sociales.

 

@RubenAguilar

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