Diego Pantoja, primer extranjero que vive en Pekin

Se cumplen 400 años de la muerte del jesuita Diego de Pantoja, sus escritos contribuyeron, para que el Occidente conociera China. En 1602 escribió una carta muy amplia dirigida a los jesuitas de Toledo, España, sobre la geografía, historia, cultura y sistemas de gobierno chinos.

En 2018 se conmemora el 400 aniversario del fallecimiento del jesuita Diego de Pantoja (Madrid, 1571 – Macao, 1618).  A los 18 años ingresa al noviciado de la Compañía de Jesús en Toledo. Ahí conoce el trabajo que la Compañía de Jesús realiza en las misiones de la India, la China y el Japón. Eso despierta su interés por ir a aquellos lugares.

En 1596 embarca en Lisboa, junto con otros 18 jesuitas, para incorporarse a la labor misionera de los jesuitas en Oriente. En Goa, la colonia portuguesa en la India, pasa dos años estudiando chino y luego viaja a Macao. En 1600 se reúne en China con el jesuita italiano Matteo Ricci, que tenía algunos años viviendo en Nankín.

Los jesuitas, para poder ir a Pekín, ganan la simpatía de los mandarines de Nankín. Ricci regala al mandarín Zhu Shikin un prisma óptico desconocido en China. Él escribe cartas a la corte de la dinastía Ming donde recomienda a los jesuitas y les facilita barcos, para que viajen a Pekin.

Junto con Ricci y Pantoja van también dos jesuitas chinos, Zhong Minren y You Wenhui, que forman parte de la comunidad de conversos al cristianismo que se constituye en Macao donde está presente la corona portuguesa.

En enero de 1601 reciben la invitación para visitar la corte. Ricci y Pantoja regalan al emperador Wanli objetos que provocan su interés. En particular dos relojes y un clavicordio.  A los dos se les autoriza quedarse a vivir en Pekín.

Se les asigna un subsidio mensual y se les otorga el derecho de entrar hasta cuatro veces al año a la Ciudad Prohibida. Esto a raíz de que se descompone uno de los relojes y los eunucos de la corte no pueden arreglarlo. Los jesuitas, con todo, nunca se pudieron reunir con el emperador.

Pantoja fue partidario, como otros jesuitas de su tiempo, de acercarse a la cultura, las costumbres y tradiciones chinas, para predicar el Evangelio. Esta estrategia le permitió ganarse el respeto de las autoridades imperiales.

A pesar de esto, por las tensiones crecientes entre la corte y los misioneros, los jesuitas son expulsados de China en 1617. Pantoja llevaba ya 21 años de trabajar en ese país y de ellos 17 en Pekín.

Sus escritos contribuyeron, para que el Occidente conociera China. En 1602 escribió una carta muy amplia al provincial jesuita de Toledo, Luis de Guzmán, sobre la geografía, historia, cultura y sistemas de gobierno chinos.

La carta se convirtió en un tratado sobre China que se difundió en España y de inmediato fue traducida al francés, alemán, latín e inglés.

En Pekín dirigió la fabricación de relojes solares, más precisos que los chinos, y ayudó a mejorar los conocimientos sobre la medida del tiempo y la predicción de los eclipses. Tarea clave, para que los jesuitas fueran admitidos en la corte.

De Pantoja son notables sus aportaciones al desarrollo de un sistema de transcripción del chino al alfabeto latino y su contribución al desarrollo de la tecnología y la cartografía chinas. Escribió también un tratado sobre la geografía del mundo.

Al misionero se le considera uno de los pioneros de los contactos entre Occidente y Oriente. Para conmemorar los 400 años de su muerte este septiembre, en Beijing, tiene lugar un simposio internacional sobre su legado, en la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín.

 

@RubenAguilar

 

 

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