La Muñeca

Una comedia muda que presenta la historia de un joven que no tiene ningún interés en casarse, pero un monje lo convence para que lo haga y así acceda a la herencia de su tío. Su plan: hacerlo con una muñeca, pero ésta se rompe y su lugar es ocupado por una mujer que se enamora de él.

La Muñeca

Título original: Die Puppe    

Producción: Alemania, 1919

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dirección: Ernst Lubitsch

Guión: Hanns Kräly, Ernst Lubitsch (Historia: E.T.A. Hoffmann. Obra: A.E. Willner)

Fotografía: Theodor Sparkuhl

Con: Ossi Oswalda, Hermann Thimig, Victor Janson, Gerhard Ritterband, Marga Köhler, Jakob Tiedtke, Max Kronert

 

Sinopsis: Lancelot no tiene ningún interés en contraer matrimonio, pero su tío, el Barón de Chanterelle, quiere se case de inmediato, para continuar la descendencia de la familia. Hace publicar un edicto, para que las jóvenes en edad de casarse se presenten en la plaza, para que su sobrino elija a su futura esposa.

Se dan cita decenas de mujeres casaderas, pero Lancelot huye y se refugia en un convento de monjes flojos y glotones. El superior le dice que la comunidad es muy pobre y está en una grave crisis económica. En la comunidad y se le destina, para que trabaje en la cocina.

El tío, que busca a Lancelot por todos lados, publica en el periódico un anuncio donde le dice que si se presenta para casarse le dará su fortuna. Uno de los monjes ve el anuncio. En junta de comunidad deciden que le nuevo monje se case y done el dinero a la comunidad.

Un monje conoce que existe una fábrica de muñecas y Lancelot puede comprar una y a su regreso, ya con ella, simular una boda, para recibir el dinero. Viaja a la fábrica de Hilarius, el artista que las hace, y compra una. Al asistente del fabricante se le cae y rompe.

Ossi, la hija de Hilarius, se presta a hacerse pasar por muñeca, para que se realice la venta. Ella se ha enamorado del joven comprador. Eso sólo lo saben ella y el asistente. Lancelot se lleva la muñeca. Llega con su tío que está muy enfermo en la cama y éste se levanta. Se organiza y celebra la boda.

Después de la ceremonia, Lancelot se lleva su muñeca al convento. Ya en su celda descubre que no es tal sino una mujer de carne y hueso. La pareja huye del lugar saltando la barda.

 

Comentario: Cuando en 1919, Ernst Lubitsch (1882-1947) filma esta película en Alemania ya gozaba de reconocimiento como director. Está en auge el expresionismo alemán, pero decide abordar la comedia. En la película, que es muda, ya están presentes los recursos del género que él crea y que pronto serán imitados por Hollywood. Es lo que se va a bautizar como el “toque Lubitsch”. En los años veinte del siglo pasado se traslada a trabajar en Estados Unidos, pero también sigue filmando en Alemania.

 La Muñeca, como todas las comedias de Lubitsch, tiene una construcción sencilla, pero con un guion que cuenta una historia compleja con diversos subtemas. En unos cuantos rasgos dibuja personajes muy bien definidos que llaman a la risa. En este caso el retrato que hace de los monjes glotones; del artista Hilarius siempre exagerado en sus maneras; de su asistente de inteligencia picara y vivaz; de Ossi la joven enamorada de Lancelot; del barón de Chanterelle su tío que no quiere morir sin descendencia familiar y de Lancelot, que es ingenuo y tiene miedo a las mujeres.

En las películas de Lubitsch, la ambientación es un tema central. Los escenarios interiores y exteriores están cuidadosamente diseñados. En La Muñeca son notables el taller de Hilarius, la recámara del barón de Chanterelle, el convento y también el lugar donde las jóvenes casaderas persiguen a Lancelot, una evidente escenografía de cartón, y la carreta tirada por caballos, que son personas disfrazadas como tales.

Los decorados contribuyen a la construcción de un ambiente irreal, propio de los cuentos. En la cocina, por ejemplo, las cacerolas y los sartenes están dibujados en la pared y también el sol y la luna que aparecen a pantalla entera. El director se propone, en el juego de los objetos reales y otros que están solo dibujados, crear la sensación de lo irreal, como en los cuentos, de manera que los personajes y los espacios fueran dibujos que de pronto cobran vida y se hacen parte de la realidad.

El eje central de La Muñeca es el juego, que resulta muy divertido, entre el personaje de la muñeca-robot y la mujer de carne y hueso que son la misma. Eso se presta a continuas situaciones cómicas. Ossi, la hija de Hilarius, tiene que hacerse pasar como la muñeca-robot que diseñó su padre y que los demás se lo crean. Hace los movimientos rígidos y mecánicos que le corresponden. Siempre debe cuidarse de no parecer como una mujer real, para no ser descubierta.

Los personajes de Lubitsch, propios del cine mudo, utilizan una mímica expresiva que resulta muy teatral, pero son actores de cine mudo y no de teatro. Los hace moverse en el escenario, siempre a partir de un guion, de manera ágil y muy diversa. Hacen de todo. Brincan, corren, bailan, caen y se levantan y esto siempre con el propósito de divertir y hacer reír.

La musicalización en vivo de la película estuvo a cargo de Los Músicos de José. El programa dice que este grupo “hace una poderosa música instrumental parecida al funk dirigida a los pies, las tripas y los dos hemisferios del cerebro”. El grupo, en el escenario, sonó muy bien y su propuesta acompañó el desarrollo de la película. Se hizo una con ella, me gustó.

Una vez más una película de la época del cine mudo abrió, el pasado 9 de agosto, la XVII Semana del Cine Alemán en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. La de México es la muestra más grande e importante del cine alemán en el exterior. Al terminar Sybille y yo fuimos al Bar Bach, cerca del teatro, donde hubo un brindis por el inicio de la muestra.


Ernst Lubitsch (Berlín, 1882-Los Ángeles, California, 1947). Estudió en el Instituto Sophien de Berlín. A los 16 años empezó a trabajar como actor y desde 1911 en el Deutsches Teather de Max Reinhardt. En 1912 entró en el cine. En 1913 crea el personaje cómico de un judío. Desde 1914 hasta 1922, rodó 50 películas en Alemania. En 1921 hizo su primer viaje a Estados Unidos en esa ocasión asiste al rodaje de Las dos huérfanas de Griffith.

A partir de 1922, tiene 30 años, se traslada de manera definitiva a Estados Unidos. Le toca hacer cine mudo y luego sonoro. Destaca, como en Alemania, en el género de la comedia. Como supervisor de la Paramount ayudó a jóvenes promesas que huían del nacismo. Es el caso de Billy Wilder y Otto Preminger. Sus últimas películas son El pecado de Cluny Brown (1946) y La dama del armiño (1948), que ya no pudo concluir.

Su obra se caracteriza por lo que se ha dado en llamar el “toque Lubitsch”. Hace referencia a la habilidad para sugerir más de lo que se enseña. El espectador debe imaginar eso que falta. De ese “toque” se dice también que la narración tiene: “los sutiles ingredientes de la ironía, el pathos, la amargura y la risa, todos en uno; muy a menudo es el sarcasmo más anímico que visual que brota de una situación imposible que pueda degradar al héroe o descalificar al genio”.​

@RubenAguilar

 

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