¿Qué hago aquí?

Hace un año mi familia y yo emprendimos una nueva vida a tres mil trescientos kilómetros de Ciudad de México. ¿Cuánto tiempo estaré aquí? ¿A qué ciudad me moveré luego? ¿Qué pasará con mi pensión? Relatos sobre la vida en Nueva York, reflexiones de un padre de familia que cuida y cocina para sus hijos, y los intentos del mismo por reinventarse en otros oficios mientras recibe guiños para volver al periodismo es lo que buscaré compartirles cada semana.

Hace exactamente un año renuncié a una trayectoria de veinte años en un diario de circulación nacional y comencé a llenar quince maletas donde mi familia −mamá, papá, hermana y hermanito−, metimos los restos de nuestra vida para emprender una nueva vida a tres mil trescientos kilómetros de Ciudad de México.

Han sido doce meses intensos que arrancaron con elevados niveles de un estrés poderoso y permanente como el dolor en la espalda que provoca. La empresa que contrató a mi mujer en Nueva York nos brindó apoyo, pero eso no disipó la incertidumbre por saber del lugar donde íbamos a vivir, la escuela a donde los plebes asistirían y si debíamos tener cierta preparación para el respeto que nos infundían tanto el racismo como el clima extremo característicos de esta nación.

La mayoría de esos sentimientos se han disipado y si acaso quedan ciertas dudas que, como una nube, viaja a cualquier lugar donde se mueve el inmigrante promedio: ¿Cuánto tiempo estaré aquí? ¿A qué ciudad me moveré luego? ¿Será que ya me quedé? ¿Qué pasará con mi pensión? ¿Triunfaré aquí y eso me permitirá luego hacerlo en cualquier otro lado como cantaba Frank Sinatra en “New York, New York”?

¿Y si pruebo en la publicidad? Soy realmente bueno para generar contenidos. Creo que mejor me dedicaré a cubrir sólo deportes y música. Me parecen las fuentes de la pura gozadera. ¿Deberé seguir en los medios haciendo full tracks para tv, mi verdadera especialidad? Ya sé: comenzaré a escribir una novela. Pero mientras tanto necesito ganar dinero antes de que mis ahorros se esfumen. ¿Estaré a tiempo para incursionar en la industria de los extras de cine? En La Gran Manzana debe sobrar trabajo de eso y cada que me veo al espejo siento que puedo dar tipo de italiano, griego y latino en general. ¿Y si retomo mi exitosa carrera como DJ de chavorrucos? En México nadie mezclaba las más recientes seis décadas de la música pop como yo, según palabras de los fans ingleses que iban a presenciar mis sets. También creo que puedo dar clases de español, o poner un puesto de tacos, o exportar mezcal o iniciar los trámites para abrir un restaurante de comida mexicana. He notado que lo mexicano se está poniendo de moda. Otra vez. Los gringos enloquecen por el aguacate, el mezcal y el Chapo Guzmán. ¿Y si me le ofrezco como chofer a la esposa del Chapo o como mandadero al gran Paul Auster? Al fin que somos vecinos y se ve que a la primera le gusta la fiesta y al otro también, además de la buena literatura. Es casi un hecho el entendimiento.

Para mi consuelo miro que no soy el único que está lleno de dudas. Si a alguien se le ocurriera hacer un meme donde te piden describir a la sociedad moderna con un solo adjetivo, mis opciones serían confusión y rabia. Hoy nuestras certezas se desvanecen en el recuerdo de las medias verdades que fueron y en todos lados se acortan las mechas de la tolerancia. De hecho, los niños ya nacen sin ella.

La tecnología avanza con el fin de volvernos más dependiente de ella y los sistemas operativos son más smarts que el humano promedio. En marzo del 2015 en Miami, el boxeador Marvin “PapiGallo” Jones saltó al ring en una pelea oficial y a la media docena de saltitos, de su calzoncillo negro salió volando un celular. Apple y Samsung brincan también de contentos con el repunte de sus ventas, pero no se hacen responsables de los muertos por tomarse selfies que, entre 2014 y 2016, ascendieron a más de 60.

Es un mundo raro donde un exfutbolista del América “administra” a más de 200 teiboleras en México. Cerca de ahí, en el que el sindicato de la Asamblea Legislativa de Ciudad de México ofrece prestaciones del primer mundo entre los que se encuentran ocho mil pesos para un pavo, y PEMEX “dona” (regala) al año alrededor de 7 mil millones de pesos a gobernadores y alcaldes “afectados” por la actividad petrolera. En ese mismo país donde cada año aumentan las marchas del orgullo homosexual, pero también los crímenes de odio, y en el que el nuevo rey del porno mexicano surgió de un seminario donde a punto estuvo de licenciarse como cura. Algunos de esos datos, por cierto, los investigué en mi última etapa como reportero y por eso no quepo en el gozo que me causa iniciar mis colaboraciones en Animal Político, el portal de investigaciones con más prestigio en México.

Relatos sobre la vida en Nueva York, reflexiones de un padre de familia que cuida y cocina para sus hijos, y los intentos del mismo por reinventarse en otros oficios mientras recibe guiños para volver a los ardientes brazos del periodismo, donde tanto creció personal y profesionalmente, es lo que buscaré compartirles cada semana.

Sean, pues, bienvenidos a los destellos de estos reflejos neoyorquinos y hagan sus apuestas.

 

@juansinatra

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