Metiéndome en Honduras

La añeja relación diplomática entre Honduras y los Estados Unidos es como la de esclavo y amo. No es exagerado afirmar que las políticas de los gobiernos estadunidenses tienen mucho de culpa en el actual deterioro del país que recién vio cómo 5 mil de sus ciudadanos huían en caravana rumbo al sueño americano, y a ver si de paso les hacen pagar un karma a sus ricos vecinos del norte.

Encontré que el oficio más antiguo del mundo es el del migrante. Las ciencias sociales han hallado y estudiado las rutas de las primeras marchas de grupos salidos de África rumbo a cualquier parte más, las formas en que redefinieron la cultura mundial y enriquecieron la historia.

Esta semana la noticia más global fue la marcha de miles de migrantes hondureños que, vía Guatemala y huyendo de la inseguridad y pobreza de su patria, irrumpieron en México buscando alcanzar la frontera norte para ingresar a los Estados Unidos, donde se supone hallarán una mejor existencia.

En la patria de Trump y los Clinton actualmente viven 651 mil hondureños, según cifras de The Migration Policy Institute, o casi 900 mil a decir de la US Community Survey. A partir del 2000, en que había poco más de un cuarto de millón de ciudadanos de la pequeña nación, el crecimiento ha sido relevante aunque similar a otros. Sin importar el número exacto, y pese a que en este siglo han cuadruplicado su presencia, tan sólo representan el 1.5 % de todos los inmigrantes que actualmente se hallan en Estados Unidos.

Ese crecimiento sigue siendo moderado comparado, por ejemplo, con los hindús, que de 450 mil en 1990 pasaron a ser 2 millones 435 mil en el 2016 y ya representan el 5.6 % del total superando a los chinos (2 millones 130 mil habitantes para el 4.9 %) como la segunda minoría extranjera, detrás de los mexicanos, líderes perpetuos en ese rubro. Tan sólo en 2016 arribaron a los Estados Unidos 175 mil hindús, seguidos de 160 mil chinos, 150 mil mexicanos, 54 mil cubanos y 46 mil filipinos, nacionalidades con el mayor número de migrantes en años recientes. Países europeos como Alemania, Italia, Inglaterra, Francia, los nórdicos e incluso la vecina Canadá, que durante los tres siglos anteriores buscaron poblar la tierra prometida de América del Norte, hoy registran cifras de migración a la baja.

Volviendo a los hondureños, son el octavo grupo de habla hispana más numeroso en los Estados Unidos y el tercero de entre los países centroamericanos detrás de salvadoreños y guatemaltecos. Los catrachos se concentran sobre todo en 9 de los 52 Estados siendo Texas, Florida, California, Nueva York y Louisiana el top five con cerca de 60 mil ciudadanos el primero y 15 mil el último. Dichas regiones se hallan en el sur, la Costa Este y sólo California se ubica en el lado oeste del mapa. En el centro y noroeste del país, la presencia hondureña es prácticamente nula.

La añeja relación diplomática entre Honduras y los Estados Unidos es como la de esclavo y amo, o meretriz y padrote. No es exagerado afirmar que las políticas de los gobiernos estadunidenses tienen mucho de culpa en el actual deterioro del país que recién vio cómo 5 mil de sus ciudadanos huían en caravana rumbo al sueño americano, y a ver si de paso les hacen pagar un karma a sus ricos vecinos del norte.

La desigual historia entre las dos naciones se puede resumir si ponemos en el índice el arribo de la estadunidense United Fruit Company a Honduras a principios del siglo XX, la consolidación del monopolio frutero y nacimiento de Honduras como país bananero, en el sentido literal y peyorativo. En 1954 se firmó un acuerdo militar del cual sólo los del norte se han beneficiado con la instalación de una base militar, la famosa Palmerola. Los gobiernos hondureños reciben a cambio millones de dólares para “intentar” paliar la inseguridad y violencia, pero los resultados se hallan a la vista. En este siglo la ayuda ha sido de mil 640 millones de dólares que se supone fueron usados en prevenir la violencia, enfrentar a los fuertes grupos del narco y en reforzar la justicia, los derechos humanos y la seguridad, asuntos que no mejoran pese a la millonaria inyección. ¿Quién es el culpable de seguirle dándole vueltas a este perverso círculo vicioso?

Washington también apoyó en su momento las dictaduras militares, como la del doctor y general Tiburcio Carias Andino, “El Hombrón de Zambrano”, quien se negó a realizar elecciones en 1935 y se declaró presidente reelegible nomás por sus huesos tan azules como la bandera catracha. En pago a que le permitieron quedarse como el rey de la selva, Carias Andino, en nombre de Honduras, le declaró la guerra al Reich Alemán, Italia y Japón, expulsó al cónsul alemán Christian Zincer y hasta mandó buques a surcar el Atlántico, según él para pelear contra los nazis.

Luego de las continuas crisis económicas, a partir de los años sesenta los flujos migratorios de ciudadanos de Honduras a Estados Unidos crecieron, y aunque muchos llegaron a trabajar en la cocina, construcción, agricultura y demás chambas rudas en las que tan bien se desempeñan, a otros les dio por delinquir. Dentro de las cárceles estadunidenses, los hondureños (y salvadoreños) formaron las ahora famosas pandillas Calle 18 y Mara Salvatrucha, cuyos miembros fueron deportados a su país tras ser liberados. Ya “en casa” mostraron las habilidades en temas como el tráfico de droga, secuestro, extorsión y demás especialidades.

A ese agobio sobre la inerme población, a finales del año pasado tras de dudosas elecciones, el opositor Salvador Nasralla, del Partido Anti-Corrupción, aparecía como virtual ganador en las encuestas de salida, pero tras de una caída del sistema (del cual el PRI mexicano se sentiría orgulloso), finalmente el Tribunal Supremo Electoral otorgó el triunfo al oficialista Juan Orlando Hernández.

El pueblo catracho pasó de tomar las calles para celebrar “su triunfo” a realizar grandes manifestaciones por lo que suponen fue un descomunal fraude electoral. Finalmente desde febrero de este año se comenzaron a organizar las caravanas para huir de un país en el que les han cerrado todas las posibilidades. Honduras es líder mundial en la tasa más alta de homicidios y según el Banco Mundial, más del 60 por ciento de sus ciudadanos viven en pobreza extrema, superando a El Salvador (34 %), Guatemala (53 %) y México (52 %). Y si el 15 % del PIB de Honduras depende de las remesas que envían sus ciudadanos que trabajan en otro país, sobre todo en Estados Unidos, ¿cuál creen ustedes que ven esos ciudadanos como su única opción?

Ya en años anteriores otros escándalos hondureños como la crisis de los menores no acompañados, les habían reventado a los mandatarios en Washington. Ahora con La Caravana Migrante el régimen de Trump enfrentará un asunto de dimensiones mayores que, hasta el momento, se vislumbra con un final poco agradable.

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El pasado miércoles 24 se celebraron los 70 años de las Naciones Unidas. Y el jueves 1 de noviembre muchos les pondrán veladoras a muchos de sus mandatos tan muertos como quienes los redactaron. El Artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos asegura que todos los ciudadanos del mundo nacen libres, valen lo mismo y deben de manifestar sentimientos de empatía y generosidad con los demás. El Artículo 3 dice que todos debemos tener derecho a la vida, la libertad y la seguridad, y el 22 que todos debemos tener el derecho al libre desarrollo de nuestra personalidad. Basta el ejemplo de la crisis hondureña para ver qué tan rebasada ha quedado esa carta de buenas intenciones que tanto ha influido en la redacción de la Constitución de muchos países.

 

@juansinatra

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