El juicio del Chapo: el pueblo quiere ver sangre

Se entiende que el del Chapo es un caso muy complicado, peligroso, interminable, hollywodesco, insólito, trasnacional, ejemplar, histórico, pero -seamos sinceros- en el fondo es también profundamente estéril e hipócrita.

Recuerdo mucho que era diciembre de un año que escapa a mi memoria, cuando me enteré que tres meses más adelante chocarían el Real Madrid contra el Manchester United en la Champions League.

Mi piel erizada de emoción coincidió con la excitación de los locutores en medios deportivos de todo tipo que comenzaron a darle cuerda a la delirante misión de generar ríos de tinta para exaltar el perfil de los personajes, especular sobre los resultados y los parados tácticos de cada bando, calentando en términos generales la fecha del pitazo inicial que, prometían, nos presentaría un show a la altura de nuestros delirios. Pues bien, el día señalado llegó y en cuanto inició el partido, se nos ofreció unos de los choques más aburridos del año y pese al escenario de ensueño, las dos oncenas salieron en extremo cuidadosas y no generaron emoción alguna, ya no digamos goles, pese a contar con plantillas que, de proponérselo, podrían poner a gritar de júbilo a espectadores con boleto pagado y telefanáticos con palomitas en mano.

Pues bien, debo aceptar que una similar desilusión me embargó a partir de que inició, aquí en Nueva York, el juicio del que es considerado el narcotraficante más laureado de los recientes lustros, el Cristiano Ronaldo de la Mafia del siglo XXI, un sinaloense llamado Joaquín Guzmán Loera aka el Chapo. Desde las 9 y media de la mañana del lunes 5 de noviembre he permanecido haciendo guardia fuera y dentro de la Corte Federal de Brooklyn a la espera de que aparezcan las emociones, se presenten jugadas de pared, se realicen los cambios adecuados y los delanteros lleguen con la puntería afinada para que los goles del Juicio del Siglo comiencen a aparece y nosotros a gozarlo y cantarlo, cual Perros Bermúdez de la Justicia Penal Estadunidense tan dada a los shows mediáticos.

Pero el asunto es que los encargados de la corte decidieron aplicarnos a prensa y público en general el catennaccio, aquel férreo método de defensa patentado por los italiano que consiste en no dejar filtrar más que minucias, guarumos de información de poca importancia, con la que los reporteros, devenidos mineros, hemos tenido que hacer milagros y estirar la imaginación para seguir inflando las expectativas del espectador, también ávido de emociones. Se entiende que el del Chapo es un caso muy complicado, peligroso, interminable, hollywodesco, insólito, trasnacional, ejemplar, histórico, pero -seamos sinceros- en el fondo es también profundamente estéril e hipócrita.

En medio de todo este hermetismo, brota de repente el recuerdo que de manera ejemplar han logrado documentar gente tan seria como el investigador y catedrático de la UNAM, don Luis Astorga. Y es aquel en que la siembra de plantíos de mariguana y amapola en Sinaloa fue promovida por el gobierno de los Estados Unidos en una insólita negociación con el generalazo Lázaro Cárdenas, firmante del lado mexicano. La idea de proveer de esas dormideras al ejército norteamericano que se alistaba a pelear en la Segunda Guerra Mundial y a todo eso orilló el cierre de las fronteras asiáticas, ordenado por otro general, Adolfo Hitler, que hizo se perdieran los contactos con países donde se sembraba y surtía al mercado americano. Entonces fue cuando Badiraguato, Sinaloa, con ese clima tan propicio para el crecimiento de los mencionados estupefacientes, entró al quite. Y ahí inició todo este espinoso asunto de los lords del narco sinaloenses que hoy pretende cerrar su círculo vicioso, con el enjuiciamiento de uno de los nietos de aquellos primeros sembradores, a carga de los nietos de los promotores de la siembra. ¿Así o más alucinantes las vueltas de la historia?

Por cierto, queridos amigos, ¿saben ustedes en qué se parecen Adolfo Hitler, Joaquín el Chapo Guzmán, Carlos Salinas de Gortari y Luis Miguel? Pues resulta que todos ellos son del signo zodiacal Aries, además de que quisieron conquistar el mundo, eran de baja estatura y, salvo Luismi, se dejaron crecer el bigote, quizás para impactar. Los colegas reporteros americanos no pueden creer que “Chapo” viene de chapito, chaparro, pues, que es como en Sinaloa y estados vecinos llaman a los de baja estatura.

Seguimos.

De lo poco que se ha sabido en la semana que inició el juicio de don Joaquín Guzmán Loera es lo que se ha repetido hasta el cansancio aquí y allá. Que el día uno y dos se entrevistó a los ciudadanos, candidatos a presidir el jurado. Que el Chapo se debe quitar su ropa de preso para vestir como cualquier civil (eligió un look travoltiano, los tres días, con sacos azules y camisas blancas o azules de anchas solapas) todo esto para evitar el prejuicio al que llevaría verlo con ropa de presidio. Que de pronto sonreía ante las respuestas de los candidatos. Que uno de ellos le pidió un autógrafo. Que otro era un imitador de Michael Jackson. Que de 17 acusaciones seis fueron descartadas y ahora sobre Guzmán Loera solo penden 11. Que con una que le lleguen a comprobar (la de haber introducido toneladas de droga a Estados Unidos, por ejemplo) es suficiente para condenarlo a cadena perpetua. Que al tercer día se completó el jurado, formado por cinco afroamericanos y tres inmigrantes, una de Polonia, otra de Etiopia y otro de Asia del sur, todos por cierto ya ciudadanos norteamericanos. Que el Chapo ha sido llevado a la corte de madrugada para evitar así las molestias de su traslado, ya que se debe cerrar el Puente de Brooklyn a la circulación vehicular y peatonal hasta que el convoy que lo lleva ha cruzado por completo. Que una de las jurados finalistas dijo que vio un capítulo de la serie del Chapo en Netflix ,pero que le aburrió. Es una joven milenial, por cierto. Que otro afroamericano mayor de 60 años dijo que tenía diabetes y le iba a los Gigantes de Nueva York y ni así obtuvo clemencia, Que el martes, los abogados le enviaron una carta al juez Brian Cogan para pedirle permiso de que el Chapo pudiera abrazar a su esposa Emma Coronel antes de que se reiniciara el juicio el martes 13 de noviembre. Que el jueves los alguaciles le dijeron a Cogan que no podían tener esa clase de concesiones con él ni con ningún otro reo por lo que la petición fue negada.

Confieso que lo que más me sigue impactando, pese a saberlo de antemano, es la conformación del jurado de doce personas que pueden ser periodistas, doctores, ingenieras, desempleados, estudiantes, jubilados o empresarios, no necesariamente abogados. Y que es su obligación responder al citatorio de la corte pues ignorarla los puede hacer acreedores a una penalización así es que su única esperanza, si es que no desean aparecer en el combo final, es que sean descartados por algún conflicto de interés, incluso moral. He visto cientos de películas hollywoodenses que recrean un juicio (me encanta el género, lo acepto) y no merma mi fascinación de ver como ese jurado que escucha, debate y sentencia está formado por gente que no estudió leyes, algo que no deja de ser una ironía, pero también el reconocimiento pleno de que cualquier ser humano sabe lo que es bueno y lo que no lo es. Y con esa herramienta tan natural conocida como sentido común, se nos da juzgar de la manera más certera. Claro, también se nos da lo contrario y solemos lanzar nuestros prejuicios a sabiendas de que estamos quedando en el puro ridículo.

En estos primeros quince minutos de juego y juicio en los que ha pasado si acaso muy poco, solo espero que a partir de la segunda semana los contendientes por fin se sacudan los nervios, decidan ir al frente y atacar, ofrezcan emociones al respetable y cumplan, al menos, con parte las expectativas que ellos mismos han generado si no quieren que la gente no vuelva a interesarse en juicio alguno, así le apliquen la etiqueta de ser “El del Siglo”.

Ya estamos muy cansados del estilo Moneymaker Mayweather, que consiste en prometer y burlarse luego de la concurrencia mientras se enriquece y carcajea a nuestras espaldas.

 

@juansinatra

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