El Chapo: cuando peleas con los hermanos

Apenas nos recuperábamos del revuelo causado en México y EU con los dichos de Litchman, criticados aunque no anulados por el juez Cogan, cuando la tarde del miércoles los fiscales decidieron traer a Jesús Zambada, cuyo conocimiento de la operación del Cartel de Sinaloa es el que posee esa eficiente mano derecha a quien encomendaron el control de una zona tan importante como la capital del país.

Lo tiene ahí a escasos siete metros. Si pudiera dar algunos pasos podría llegar a su lado y apretarle el cuello si ese fuera su deseo.

Pero Joaquín Guzmán Loera no tiene otra alternativa más que la de escuchar atento y altivo el testimonio de un antiguo aliado. Su cabeza algo alzada retadora en la posición de no poder creer que el otro lo esté traicionando. El que habla es Jesús Zambada García quien a pesar de que nunca pasó de alfil carga con el apodo de “El Rey” y es hermano del compadre del Chapo, Ismael “El Mayo” Zambada quien de haber oído ese discurso, tampoco daría crédito a todas las historias que ha hilado Chucho entre la tarde del miércoles y la del jueves en que comenzó a nevar.

Tanto los abogados del Chapo como la fiscalía han empujado a grandes capos mexicanos del crimen organizado detenidos en Estados Unidos, a practicar el juego perverso de atacar al aliado con tal de conseguir algunos años de perdón y concesiones como la de poder traer a la familia a un retiro dorado como anónimo ciudadano en una ciudad perdida de la extensa geografía norteamericana. Y es por eso que está semana en la Corte Federal de Brooklyn, escuchamos declaraciones sorprendentes y sólidas narrativas de la operación del narcotráfico, cortesía del abogado Jeffrey Litchman y del primer testigo cooperante que los fiscales trajeron en su búsqueda por hundir al Chapo: El Rey Zambada.

Todo el salpicadero lo inició Litchman, del equipo que defiende a Guzmán Loera, quien entre otras cosas dijo que “el actual y anteriores presidentes de México recibieron cientos de millones de dólares en sobornos de parte del Mayo Zambada” dentro de su plan para presentar al jurado a un Chapo Guzmán descafeinado, víctima de la pobreza y las circunstancias, muy alejado del aura de capo di tutti capi que la fiscalía pretende colgarle.

Apenas nos recuperábamos del revuelo causado en México y Estados Unidos con los dichos de Litchman, criticados aunque no anulados por el juez Cogan, cuando la tarde del miércoles los fiscales decidieron traer a Jesús Zambada, cuyo conocimiento de la operación del Cartel de Sinaloa es el que posee esa eficiente mano derecha a quien encomendaron el control de una zona tan importante como la capital del país.

Orientado por la fiscalía, el Rey Zambada enumeró los supuestos sobornos que el Cartel de Sinaloa otorgó sobre altos mandos de seguridad en México, desde el Procurador General de la República, gobernadores, jefes militares, policiacos y hasta la INTERPOL. Surgieron nombres como el del general brigadier Gilberto Toledano, a cargo de la 35 zona militar ubicada en Chilpancingo, Guerrero y a quien Jesús Zambrano entregó en el 2004, un regalo de 100 mil dólares y un abrazo, por órdenes y de parte del Chapo Guzmán.

El Rey Zambada dijo que él personalmente repartía alrededor de 300 mil dólares al mes en sobornos y que el Chapo y el Mayo daban hasta medio millón de dólares en el mismo periodo de tiempo.

Se puede calibrar la veracidad en el relato del Jesús Zambada, en los detalles que tuvo al armar la estructura criminal, primero de La Federación y luego de El Cartel de Sinaloa. Respondiendo a interrogatorio articulado por la fiscal Gina Parlovecchio, integraron en un pizarrón el árbol genealógico criminal con fotos de los implicados que permanecerá en la corte del juez Cogan mientras el Rey testifique. Las fotos de Juan José Esparragoza “El Azul”, Amado Carrillo, el Mayo el Chapo, hasta arriba y los demás ya en segundo y tercer término. Pero también parecen muy certeras las cifras del negocio que manejaba: cocaína comprada a 3 mil dólares el kilo en Colombia, revendida en 35 mil aquí en la Gran Manzana. Hubo un tiempo en el que Rey enviaba 2.5 toneladas de coca en un cargamento mientras que Guzmán Loera y su hermano Ismael Zambada enviaba 3 toneladas cada uno en la misma carga.

Gracias a el Rey supimos de personajes hasta hoy inéditos como Barbarino, un gatillero de Joaquín Guzmán que dispuso su rancho en el Estado de México para juntas cumbres y fiestas, o los de Chichi y Chepe, pequeños matones a sueldo y empleados asignados en las mansiones del Mayo. También nos contó de Cristina, una colombiana “muy buena para trabajar, para traer coca de Colombia”, e imaginamos la angustia del cura que asistió a un bautizo en casa de Barbarino que “parecía nervioso” de  reconocer al Chapo que en esos días salía mucho en las noticias.

En la voz del “Rey” Zambada aparecen episodios de la sangrienta guerra del Cartel de Sinaloa contra los Arellano Félix, quienes a decir de éste testigo “se creían dueños de Tijuana”. Y como el matar a Ramón Arellano, jefe de gatilleros de los tijuanenses se convirtió en obsesión del Chapo hasta que consiguió ese propósito en el 2003 en Mazatlán. “Supe que el Chapo fue quien lo mando matar”, dijo certero. Detalló que él consiguió las coordenadas en San Juan del Río, Querétaro, donde los Zambada llevaron en helicóptero a El Chapo a quien el ejército le pisaba los talones tras de su fuga del penal de Puente Grande, Jalisco, y cómo él mismo la llevó en camioneta a una casa del Mayo en Reforma Lomas, a donde fueron escoltados por policías del Distrito Federal que trabajaban para Jesús Rey Zambada, luego de que ingresaran a la Zona metropolitana de la Ciudad de México.

Todos estos episodios ya de sobra conocidos por algunos periodistas de la vieja y la media guardia mexicana, tienen realmente excitados a los jóvenes reporteros de los medios norteamericanos que brincan y teclean con furor ante cada nueva embestida declarativa. Quizás lo verdaderamente relevante de lo contado por el Rey Zambada, fue los detalles que dio sobre el control que tuvo en la Ciudad de México donde recibía y mandaba cargamentos de cocaína desde el Aeropuerto Internacional Benito Juárez.

Lo que ha quedado claro tras de una semana de deliberaciones son las estrategias de ambos bandos. Por un lado, la defensa de Joaquín Guzmán Loera buscará seguir desinflando ante el jurado la idea de ese Chapo rock star, y no cesará en su empeño de hacerlo aparecer como víctima, como un capo menor, mientras que trata de dirigir sus ataques a otros como El Mayo Zambada.

El camino de la fiscalía también parece despejado en sus intenciones que son la de armar a través de sus testigos la historia del narcotráfico en México en los recientes 30 años, sin ningún fin académico más que el de tratar de insertar al Chapo en esa historia como uno de los personajes principales. Al paso que vamos, los fiscales no necesitarán mucho para conseguir la cadena perpetua y se antoja milagroso si la defensa logra que al Chapo le apliquen una pena de 15 o hasta 20 años.

Aunque señalarlo de asesino parece una acusación endeble, ser el responsable de haber introducido toneladas de cocaína a los Estados Unidos, parece ser un muerto que el Chapo ya no se podrá quitar de encima.

 

@juansinatra

 

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