El cochinero que dejó Zambada

La jornada del martes inició con el juez Cogan anunciando que había recibido una moción por parte de la fiscalía para que se censurara parte del cuestionario que el abogado William Purpura pensaba aplicar a Jesús Zambada García. Pero si bien el tema de los mandatarios quedó vetado, Purpura tuvo vía libre para iniciar con sus preguntas sobre Genaro García Luna y los otros funcionarios.

El abogado William Purpura, del equipo que defiende a Joaquín Guzmán Loera, tenía acorralado a Jesús Zambada García “El Rey”, testigo protegido del gobierno de los Estados Unidos. Si este fuera un juego de dominó, digamos que el primero obligó a tirar una ficha con la que la parte acusadora pensaba ganar la partida.

Ya “El Rey” Zambada había recurrido a los “no recuerdo ese día”, “quizás no entendí la pregunta”, para negar las contradicciones en que lo había hecho incurrir el hábil abogado. En su recuento, extendido de manera inexplicable por la fiscalía, El Rey nunca dudó en ofrecer respuestas claras, detalladas y hasta extensas.

Ahí en la Corte Federal de Brooklyn, la mañana del martes 20, en una sala del tamaño de una cancha de básquetbol, al oler el miedo de Zambada, Purpura arremetió.

−Su hermano tenía especial interés en un funcionario de apellido Luna, ¿no es así?

−Parece que sí− le devolvió un lacónico Rey Zambada.

−Entonces usted y su hermano se reunieron con García Luna en un restaurante en 2005 y 2006, ¿verdad?− dijo el defensor haciendo brincar a los asistentes que reconocimos el apellido.

Pero la respuesta de “El Rey” Zambada fue un revelador silencio. Veinte segundos de un largo mutis en los que miraba fijamente al abogado defensor de El Chapo, calculando los alcances que su respuesta tendría en los acuerdos que él mismo mantiene con el gobierno de los Estados Unidos, como el ver reducida su condena o traer a su familia a vivir a acá.

El mismo abogado fue quien terminó con el incómodo momento: “¿No me escuchó, señor Zambada?”. “Parece que le comieron la lengua los ratones”, agregó la traductora en un inusual momento de comicidad de estos respetuosos colaboradores de la corte.

“No me acuerdo”, atinó a decir el hermano del Mayo Zambada y fue entonces cuando Purpura extrajo un par de párrafos de uno de tantos expediente donde se asientan las charlas que tuvo Jesús El Rey con la fiscalía y que, entre abril del 2012 a febrero del 2016, ascendieron a más de cincuenta. Esas declaraciones suyas le fueron leídas por la traductora pese a que se sospecha que El Rey sabe inglés, pues vivió seis meses en Las Vegas donde se trasladaba en Porsche. No le quedó al testigo otra salida más que “recordar” ese momento.

Dijo que junto al abogado del Mayo, el licenciado Óscar Paredes, se reunió con García Luna en un restaurante en 2005 y 2006. Que en la primera cita le entregaron un portafolio con “tres millones de dólares” y en la segunda otro que tenía “entre tres y cinco”.

−¿Y para que le daba usted ese dinero al señor García Luna?− quiso saber Purpura.

−Mi hermano Mayo quería que pusiera a Higuera como jefe de la policía de Culiacán. Y para que no nos arrestaran− la pesadumbre y tensión de Zambada eran notorias.

Sumido en su sillón instalado abajo a la derecha del Juez Brian Cogan, con la bandera de los Estados Unidos en medio de ambos, El Rey también tuvo que aclarar a al jurado que García Luna sólo era uno de tantos a los que habían sobornado. “En 2005 le dimos también a un señor llamado Regino que era funcionario de López Obrador cuando fue jefe de gobierno”. El abogado de Guzmán Loera le preguntó qué cantidad le habían dado a este nuevo personaje. “Algunos millones de dólares”, dijo con un desparpajo tal que provocó algunas risas éntrelos asistentes al juicio. “Nos dijo que iba a ser el próximo Secretario de Seguridad Pública Federal y compramos protección por adelantado”, dijo Zambada. Purpura buscó indagar más sobre los sobornos a “Regino”, pero la fiscalía objetó y el juez dio entrada a la protesta por lo que el abogado del Chapo se tuvo que detener. Horas después, Gabriel Regino negó el hecho con el argumento de que no habían dicho su apellido. Pero si bien existió una confusión por parte de Purpura al deletrear y de la pésima traductora al buscar pasar el texto al español, Jesús El Rey Zambada dijo claramente y con todas sus letras “Regino”. Más de 30 periodistas presentes en la sala lo podemos constatar.

Ya inspirado, Jesús Zambada García recordó cómo otros miembros del Cartel de Sinaloa reunieron 50 millones de dólares para entregarlos al mismo García Luna y acceder así al beneficio de comprar protección e impunidad. Mencionó a los hermanos Arturo y Héctor Beltran Leyva, a José Gerardo Álvarez “El Indio” y a Edgar Valdés Villarreal “La Barbie”, mención que para este juicio parece irrelevante. A la colmilluda y experimentada defensa no se le escapó el hecho de que el joven equipo de fiscales, al extender el testimonio del hermano del Mayo, lo han presentado como un miembro muy poderoso dentro de la estructura del Cartel de Sinaloa.

La jornada del martes inició con el juez Cogan anunciando que había recibido una moción por parte de la fiscalía para que se censurara parte del cuestionario que el abogado William Purpura pensaba aplicar al Rey Zambada. El New York Times publicó que el asunto que finalmente lograron vetar los fiscales fue el de los supuestos sobornos dados por el Mayo Zambada “a presidentes de México”, el actual, los anteriores, ¿al entrante? El juez llamó a su lugar en más de una ocasión a ambos bandos para debatir sus argumentos y cuando eso sucede, en el juzgado suena un ruido como de una televisión cuando pierde la señal para evitar que esas conversaciones lleguen hasta el otro extremo de la sala, donde reporteros con oídos de tísico esperan pescar alguna declaración exclusiva.

Pero si bien el tema de los mandatarios, que con toda seguridad consta en las declaraciones previas de Zambada, quedó vetado, Purpura tuvo vía libre para iniciar con sus preguntas sobre García Luna y los otros funcionarios. Por eso, antes de iniciar, volteó irónico hacia los fiscales y les aclaró: “¿Se dan cuenta que no he preguntado nada sobre la corrupción?”.

Después dejó caer todas las preguntas que dieron forma a la historia que provocó una conmoción mediática en ésta semana.

Genaro García Luna envió una carta a los medios y a la mañana siguiente de lo dicho por Zambada, se embarcó en una gira de medios para buscar recomponer su imagen. Con la seguridad de tener la promesa de Andrés Manuel López Obrador de no investigar actos de corrupción pasados y el desprecio del régimen saliente por juicios ajenos, ocupados por atender los propios, puede negar a los Zambada y hasta amenazar demandarlos por difamación.

Empero, lo que García Luna sí podría explicar, ahora que se halla tan dispuesto a hablar, es por qué al verdadero líder del Cartel de Sinaloa, Ismael Zambada, nunca ha enfrentado a la justicia. En este contexto, los supuestos sobornos que “El Mayo” repartía a través de su hermano parecen no ser casualidad. Y de paso don Genaro, hoy próspero empresario, también nos puede relatar cómo es que las cifras de muertos, extorsiones, desaparecidos, grupos criminales, ejecutados, pozoleados, fosas clandestinas y secuestros, fueron a la alza durante su gestión. Compremos la historia que repitió en los medios, de que es incorruptible (pese a ser incluido en Forbes en una lista de los 10 funcionarios más corruptos de México), pero entonces lo que es un hecho es su incapacidad, como encargado de la Seguridad Pública en México, para contener ya no digamos revertir el deterioro social.

Por su parte, Regino podría aclarar cómo es que un poderoso líder como El rey Zambada, del 2004 al 2008 comandó una célula con base en el Distrito Federal que controlaba ingresos de cocaína en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, utilizaba bodegas de la terminal Pantaco en Azcapotzalco para almacenar y transportar droga, y contaba con aliados y empleados a su servicio en prácticamente todas las corporaciones policiacas del ex Distrito federal. ¿Por qué Regino y los jefes de gobierno en la capital del país han negado la presencia de cárteles cuando la realidad, y ahora el rey Zambada, los han venido desmintiendo sistemáticamente?

En la defensa de su imagen, ambos se equivocan en una parte de su diagnóstico. Dicen que las declaraciones de Jesús Zambada García son hechas a la luz de su búsqueda para obtener indulgencias por parte del gobierno de los Estados Unidos. Pero de hecho es todo lo contrario. A los fiscales no les interesaba mostrar al Rey como un poderoso narcotraficante pero, por desgracia para ellos, así nos lo hicieron ver. Y el Chapo, a quien se supone deben hundir, nos lo enseñaron como un narco muy menor en las propias palabras de Zambada: “El casi no bajaba de la sierra porque era muy perseguido”, aceptó sin darse cuenta que debilitaba los propios argumentos de la fiscalía.

Zambada no quería declarar el pago de sobornos, o al menos no en este juicio, y su largo silencio cuando se le cuestionó al respecto lo delató. La historia ya la había contado en alguna de las reuniones que tuvo con enviados del gobierno norteamericano a quienes desplegó su historia criminal. También tuvo la defensa ingreso a los acuerdos.

“Si la colaboración del testigo es de calidad, la Corte le puede rebajar la pena antes de su sentencia si el gobierno lo solicita, ¿no es así?”. Insistió William Purpura a El Rey Zambada en otro momento. “Parece que sí”, tuvo qué decir el testigo.

−Pero sin esa carta de la corte usted moriría en prisión, ¿verdad?− le soltó Purpura quien parecía disfrutar el momento.

−Yo no soy el juez− justifica Zambada.

−Usted también dijo ante este jurado que le vendía cocaína aquí a mi compa Chapo. Y que ordenaba a sus pistoleros matar a rivales de su grupo criminal. Usted lo dijo, ¿verdad?

−Si, lo dije− aclaró secamente Zambada sobre sus declaraciones del día anterior.

−¿Y entonces no será que usted es el verdadero líder del cartel?− al defensor del Chapo Guzmán le objetaron una vez más sus preguntas y el juez otorgó la censura.

Purpura se acercó entonces al pizarrón donde, con fotografías, la fiscalía integró la jerarquía del Cartel de Sinaloa. El Mayo, El Azul y El Chapo siempre hasta arriba. Rey Zambada todo el tiempo debajo de su hermano, doce años mayor. El abogado tomó la foto del Rey y la coloca hasta arriba.

−Usted ha dicho que parte de su trabajo era localizar objetivos, conseguir sicarios y ejecutar crímenes. Usted era de los líderes de la organización. ¿Y si mejor lo ponemos hasta arriba? ¿Qué tal cree que se ve?− le propone el litigante durísimo, mordaz, de momentos inspirado.

−Pues se ve muy bien− le devuelve Jesús Zambada. Toda la sala vuelve a reír para soltar la tensión que el momento se carga.

Tras terminar con su interrogatorio y luego del peliculesco “no tengo más preguntas, su señoría”. Todos los periodistas abandonaron la sala sin importar el regreso de la fiscal Parlovecchio al estrado, suponemos que para tratar de recomponer su causa. Los reporteros casi corren y la pelea por informar de las nuevas implicaciones de funcionarios mexicanos, inicia en el sexto piso en la sala asignada a los comunicadores.

Luego de tres días declarando, Zambada mencionó sobornos a un general brigadier, a un secretario de seguridad pública, a un teniente coronel y un subsecretario de seguridad pública local. Y eso fue sólo lo que se permitió decir en este juicio porque en realidad se ignora quienes más ha mencionado en su, ahora muy cotizado, archivo de declaraciones.

Luego de que se retirara al fin Zambada, en la sala de prensa se escuchan “los García Luna”, los “Regino”, los “millones de dólares”. La excitación y la adrenalina facilitan la construcción de los párrafos que en pocos minutos inundan las redacciones de los países donde se sigue de cerca el proceso.

Y eso que apenas vamos en la segunda semana de deliberaciones.

 

@juansinatra

 

*Un abrazo enorme a todos quienes hacen Animal Político con motivo del octavo aniversario. En estas páginas se ha buscado cambiar la forma de hacer, presentar y planear el periodismo en México. De ese tamaño es su importancia, pero también su responsabilidad. Un orgullo publicar en sus páginas.

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