El Chapo Guzmán contra la legión colombiana

En los últimos días diversos exsocios del Chapo Guzmán se han presentado a testificar en la corte de NY. Uno de ellos, el colombiano Juan Carlos "Chupeta" Ramírez, quien al confesar sus atroces crímenes hizo ver al capo mexicano como un narco muy menor.

Cuando Joaquín Guzmán Loera comenzó a escalar hacia posiciones de liderazgo en el Cartel de Sinaloa a finales de los años ochenta, el contacto con los narcos colombianos ya estaba en marcha. Con el control del mercado estadunidense pero el marcaje personal de las agencias antidroga de los Estados Unidos, los sudamericanos vieron en los grupos delictivos mexicanos la oportunidad de seguir importando su mercancía.

Uno de esos colombianos era Juan Carlos Ramírez Abadía quien controlaba buena parte de las operaciones del Cartel del Norte del Valle y quien realizó negocios con todos los miembros del Cartel de Sinaloa, en 20 años de carrera delictiva. “Chupeta” como también se le conoce, estuvo el jueves anterior y luego lunes y martes de ésta semana, testificando en la Corte Federal de Brooklyn contra de su ex socio El Chapo Guzmán.

Las líneas relevantes de su testimonio comenzaron cuando mister William Purpura, abogado de Joaquín Archibaldo el Chapo, juzgó pertinente cuestionarlo sobre los bienes del Chapo. El arte de hilar fino entre los abogados del narco cuyas estrategias son admirables incluso para quienes los juicios no son exactamente una pasión.

“¿Usted vio las obras de arte del señor Guzmán? ¿Se subió a su yate “Chapito”? ¿Visitó alguna de las casas que, se supone, el acusado tuvo en cada playa mexicana? ¿Llegó a ver fotos?”, atacó el calvo y delgado litigante con cascada voz de terciopelo. “No”. “Nunca”. “Jamás”, respondió Ramírez Abadía  con su forma acelerada de responder. A un sector de los reporteros nos llegó a divertir con sus “totalmente no, señor”, “correcto”, “así es, efectivamente” que utilizo pudiendo limitarse a los “si” o “no”.

Luego, Purpura procedió a mostrar a los presentes (no solo busca influenciar al jurado), fotos de las lujosas casas, yates, la impresionante colección de relojes o los cientos de millones de dólares incautados que el mismo Chupeta logró amasar en sus varios lustros como un líder indiscutible del cartel asentado en el norte del Valle del Cauca, al suroeste de Colombia.

– ¿Usted Apoyó al pintor Botero?- quiso saber el abogado.
– No lo apoyaba, sólo le compraba obra como ésa- dijo mientras Purpura mostraba una obra del afamado pintor nacido en Medellín, pero radicado en Paris y Nueva York. El cuadro, que representa el trasero desnudo de una mujer obesa, llena todas las pantallas de la corte.
– ¿Cuánto cuesta cada una de éstas obras, señor Ramírez?- suelta el abogado
– Más de medio millón de dólares- aceptó el capo colombiano.

De ahí pasamos a conocer la extensa relación de sobornos que llevaban su marca. De los 10 millones de dólares que dio al Congreso colombiano para que cambiaran las leyes de extradición, pasando por el medio millón filtrado a la campaña de entonces candidato presidencial, Ernesto Samper, o los cientos de miles con que salpicó a la prensa colombiana para que “no hablaran mal de mí” recordó. A los empleados de la DEA, que se supone no se dejaron sobornar, Chupeta “solamente” les enviaba prostitutas o dotaba de regalos, como departamentos, para que pudieran vivir sin el fantasma de tener que pagar la renta.

Más adelante y de manera muy natural, Chupeta confesó los cerca de 150 crímenes en los que se vio involucrado, ya sea que los ordenó o que él mismo los ejecutó: “Usted dijo a la fiscalía que era un jefe muy involucrado, ¿no es así”, volvió Purpura. “Totalmente”, agregó Chupeta sin que hubiera duda. “No puedes ser líder de un cartel colombiano si no eres bastante violento”, dijo en otro momento del interrogatorio como para justificar su proceder en el pasado.

Los abogados del Chapo hicieron confesar al testigo un rosario de traiciones y matanzas pero la que quizás más impactó a la audiencia, fue la trampa que tendió al ‘Tocayo’, otro liderazgo del Cartel del Norte del Valle: A ese sujeto que andaba actuando de manera sospechosa y sin apegarse a las reglas del grupo, lo invitaron a la finca del narco Ramón Quintero “a hablar”. Pero las que hablaron fueron las balas, pues al citado lo masacraron junto con 12 de sus hombres y luego fueron a buscar a otros diez que esperaban en una gasolinera cercana. Los veintidós cuerpos fueron abandonados después en un lugar visible para enviar el mensaje de que con los jefes uno no se debe meter.

Al final Púrpura le mostró una foto de un grupo de personas reunidas en una explanada. “Estos son 150 seres humanos, son demasiados, ¿no cree señor Ramírez?”. Tras la objeción de los fiscales, el defensor dijo que no tenía más preguntas.

Con todo el repaso de la vida delictiva de ‘Chupeta’, uno se pregunta si en realidad Joaquín Guzmán Loera es el capo más importante de la historia, como el gobierno norteamericano nos lo quiere hacer creer. Por lo pronto ese día en Brooklyn, el Chapo se miró como un narco muy menor al lado de su singular acusador de aspecto siniestro con la cara restirada luego de algunas operaciones y ya con muy poco cabello.

Juan Carlos Ramírez Abadía también calculo que envió al cartel de Sinaloa, cerca 200 toneladas de cocaína a lo largo de su fructífera relación. Y de todas esas, aseguró, casi 80 se las entregó al Chapo Guzmán, su mejor cliente entre los sinaloenses. “Le di a ganar al señor Guzmán más de 640 millones de dólares y el 90 por ciento de esa droga terminó en Nueva York” dijo a la asistente del fiscal.

Chupeta mostró como en sus tiempos era un líder muy sagaz pues ante el permanente acoso de los guardacostas o de la fuerza aérea de los Estados Unidos, fue cambiando su manera de trasladar la cocaína. De los envíos aéreos hacia pistas clandestinas en México, primer medio de traslado, brincó a los barcos camaroneros que entregaban la droga a 350 millas de la costa mexicana y luego a los atuneros, a más de 10 mil millas, luego de que los capitanes del colombiano le aseguraran que “era muy peligroso acercarse tanto”. De los barcos pasaron a las lanchas rápidas, luego a los submarinos y finalmente a las avionetas de pistón que depositaban la droga en Guatemala donde los carteles mexicanos la recogían.

También la forma de hacer negocio entre ellos se modificó. Y si al inicio el Cartel de Valle del Norte daba al de Sinaloa entre 36 y hasta el 45 por ciento de la droga enviada desde Colombia, con la misión de cruzarla por la frontera, tras de que Chupeta se entregó a las autoridades colombianas, y su infraestructura en los Estados Unidos quedó desmantelada, incluso el mercado en éste país pasó a formar parte del cartel sinaloense, según su  versión.

“Ellos estaban muy contentos con el arreglo” aclaró Ramírez quien tuvo que aceptar que la mitad de los cargamentos se los compraran a 3 mil pesos el kilo y la otra mitad, la que le pertenecía a él, a 9 mil. “Se las daba a un precio muy castigado pero yo necesitaba el dinero para seguir fortaleciéndome pues Estados Unidos ya tenía lista mi extraditación”, se justifica.

Chupeta dijo al jurado que en 1998, estando detenido en Colombia, la justicia mexicana le mandó a un par de fiscales pero que les mintió todo el tiempo pues sabía “que eran títeres del Cartel de Sinaloa”. También relató que en algún intercambio de cargamento, en la época de los barcos camaroneros, un capitán de Amado Carrillo Fuentes inhaló tanta cocaína que comenzó a ver “fantasmas y guardacostas” y prefirió hundir el barco. “Los Carrillo Fuentes tuvieron que contratar buzos que al cabo de un año recuperaron parte del cargamento” recuerda.

El testimonio de Chupeta culminó y a los pocos minutos llegó alguien muy mencionado en sus relatos: Germán Rosero, su hombre en México, que tenía la misión de negociar con la legión sinaloense además de recibir el dinero producto de las drogas y enviarlo a Colombia. Lo bautizamos como “El Narco que puede abrazar a sus hijos”.

A diferencia de su ex jefe “Chupeta” (o `Lollipop´ como le dicen algunos acá), Rosero es un tipo más bien sobrio, elegantemente vestido y, por lo que pudimos comprobar, bastante listo. Tiene un tono de voz sin matices, muy apagado y semilento que no consigue transmitir emoción alguna. Así, a las 10:15 de la mañana del miércoles, el juez Brian Cogan suspendió la audiencia y pidió al jurado: “hagan un esfuerzo por estar atentos; sé que es un testimonio largo y veo que muchos se están durmiendo”.

Y es que comparados con los narco- relatos de su sanguinario ex jefe, los que Rosero contaba a Gina Marie Parlovecchio, asistente del fiscal, era un eficaz somnífero para un expectante auditorio que en tres semanas ha vivido de todo, hasta interminables momentos de tedio.

La situación mejoró un poco cuando llegó el turno al bat del equipo del Chapo. Tocó responder ésta vez al ecuatoriano Eduardo Balarezo, figura central de la narco- criminal defensa en Norteamérica y quien ya peleó en los tribunales a favor de Xen Li Ye Gon, de Arturo Beltrán Leyva y ahora hace lo propio con El Chapo Guzmán.

El abogado preguntó a Rosero sobre el acuerdo de darle a Nacho Coronel un cargamento de cocaína que otros miembros del cartel sinaloense habían rechazado. Como para mostrarle la traición en que incurría, tejió:

– ¿Alguna vez ha visto la película El Padrino?

– Si, señor.

– ¿Y sabe quién es Fredo?

“¡Objeción!” gritó alguien desde la mesa de la fiscalía.

Germán Rosero o La Barba, rescata un punto de entre las negociaciones: “Mis jefes me insistieron que fuera con el señor Guzmán pues tenía fama de ser muy efectivo” dijo poco convencido.

Con Chupeta en prisión y el Chapo en Guerra contra los Arellano Félix, Rosero decidió entregarse a la DEA en el 2007. Desde entonces vive en libertad como testigo colaborador del gobierno gringo. Balarezo le hizo notar en la última ronda del interrogatorio que por ese arreglo pudo retener miles de dólares, vehículos y propiedades tanto México como en Colombia.

– Dígale al jurado que no durmió en una celda anoche.

– No lo hice.

– Y no se le ha prohibido abrazar a sus hijos…

– ¡Objeción!- insistieron de nueva cuenta desde la fiscalía.

El Juez Cogan concedió la censura una vez más.

El Juicio del Siglo continuará el lunes 10 a las 9:30 de la mañana. Se espera la presencia de un testigo protegido mexicano que retomará las historias de la laureada corrupción mexicana.

 

@juansinatra

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