CONCACAF: migrantes, futbol e influencia internacional

Abracemos la innovación y el estudio profundo de cualquier rival por más poderoso que sea para aprovechar al máximo nuestras fortalezas y capacidades. Jugar de tú a tú y defender los valores en los que creemos y a las personas que dependen de nuestras acciones.

A mi amigo Arturo Sarukhán

 

Hoy en todo el planeta se habla de futbol, aunque no solamente. Basta recorrer las primeras planas de los principales periódicos del mundo para encontrar las desgarradoras historias de la crisis humanitaria y migratoria que tiene por escenario nuestra frontera con los Estados Unidos.

En este partido México no puede ser espectador sino un decidido protagonista. México tiene que ser y afirmarse como el “Gigante de la CONCACAF” (si no eres futbolero acércate a alguien que si lo sea para que te explique a qué me refiero).

Es en el espacio geopolítico de la CONCACAF (Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol) donde México debe actuar para asumir sus responsabilidades y construir un mayor peso específico en el torneo de la influencia internacional.

Tomo la pelota, veo hacia el frente y hago un cambio de juego largo y profundo. El balón regresará al área en la zona de gol (en los últimos párrafos de este texto).

El balón es recibido del otro lado de la cancha y seguimos hacia la portería rival. El domingo le ganamos a Alemania. México venció al campeón del mundo. Le jugó de tú a tú, sin nunca achicarse, con la mirada siempre puesta en ganar. Muy lejos quedaron las ratonerías de otros tiempos.

Además de la garra, cohesión y disciplina demostrada, el triunfo de México fue posible por dos fuerzas que debemos abrazar como proyecto nacional: globalización e innovación.

Globalización

La gran mayoría de los seleccionados que alinearon juegan en Europa, compiten al más alto nivel mundial. Competir con los mejores nos hace mejores. Donde no hay competencia hay incompetencia.

Innovación

Juan Carlos Osorio, el director técnico colombiano, nos demostró que sus experimentos de científico loco no eran mafufadas, sino estudios muy serios para decantar una poderosa estrategia futbolística. Sin miedo ni reservas para innovar podemos estar al nivel de los mejores.

En estos días también nos hemos enterado de otra buena noticia, no solo para los panboleros sino para nuestros retos geopolíticos: Estados Unidos, Canadá y México serán la sede del mundial 2026. Inmersos en el golpeteo sistemático al concepto Norteamérica, a cargo de Trump y su administración, este hecho es una buena noticia que resalta el valor de la integración regional y global.

Es cierto que dicho mundial se jugará principalmente en Estados Unidos (60 partidos) y marginalmente en México y Canadá (10 partidos cada uno) pero los beneficios reales y simbólicos son contundentes para nuestro país.

En cuanto a lo real, la fase de grupos la jugaremos de locales y en cuanto a lo simbólico se manda un claro mensaje al mundo de la irreversible integración regional más allá de demagogias y brotes regresivos.

Tras estas jugadas de triangulación ya pisamos terrenos de gol. El tiro que propongo es el siguiente: México debe invertir tiempo, recursos, voluntades y talentos para ser un líder que procuré el bienestar, el respeto y la integración no solo de Norteamérica sino también de Centroamérica y del Caribe.

Defender y promover la modernización del TLCAN es valioso, pero esto no implica que le demos la espalda a nuestros hermanos centroamericanos y caribeños por los que tanto podemos hacer. Si en México estamos mal en materia de violencia, muerte, debilidad institucional y criminalidad, en los países del triángulo norte (Honduras, El Salvador, Guatemala) están peor y tienen menos posibilidades de salir adelante por sí mismos.

Para ser de verdad el Gigante de la CONCACAF en los asuntos internacionales aprendamos de las lecciones del triunfo de México sobre Alemania.

Abracemos la globalización empezando por rediseñar nuestra estrategia de juego para desplegarla en las zonas de la cancha donde está nuestra verdadera posibilidad de influencia y peso geoestratégico (Norteamérica, Centroamérica y el Caribe). Dejemos atrás ese mal consejo de un Nacho Trelles de la geopolítica que erróneamente afirma: No hay mejor política exterior que la política interior. Falso, no hay mejor política exterior que aquella que defiende en todo momento los derechos humanos de los más desfavorecidos (sean mexicanos, hondureños, guatemaltecos o haitianos) y a la vez con la misma fuerza y determinación trabaja para llevar a cabo dos tareas fundamentales: a) establecer un estado de derecho que propicie mejores condiciones de seguridad b) Invierta en la generación de nuevas fuentes de empleo en la región.

Abracemos la innovación y el estudio profundo de cualquier rival por más poderoso que sea para aprovechar al máximo nuestras fortalezas y capacidades. Jugar de tú a tú y defender los valores en los que creemos y a las personas que dependen de nuestras acciones. Los responsables de definir nuestra política exterior no deben contentarse con no perder y bajar la voz, sino que deben crear e inventar nuevas formas de enfrentar equipos agresivos que juegan rudo y con los tacos por delante.

México y los mexicanos tenemos mucho por hacer, empezando por asumir las responsabilidades de provocar más gritos de alegría en los estadios y disminuir hasta erradicar los estremecedores gritos de dolor de niños y bebés arrancados de los brazos de sus madres por la implementación de un plan de juego inhumano y racista.

 

@guidolara

 

 

Close
Comentarios