Ayudar a la gente

El enorme poder del nuevo liderazgo está directamente correlacionado con la enorme responsabilidad de no fallarle a los mexicanos, especialmente a los perdedores de siempre, que por primera vez ven a alguien que verosímilmente los representa y tiene las riendas del país en las manos.

Está claro por qué la opción “antisistema” obtuvo el aluvión de votos que arrasó con un modelo político que se había configurado a partir de la alternancia democrática. Fue el profundo hartazgo, cansancio y decepción causado por un sistema político que no resolvió y más bien agudizó los problemas de fondo que seguimos padeciendo en carne propia todos los mexicanos.

El triunfo electoral de AMLO y Morena fue una catarsis que ha funcionado como una especie de sacrificio con piedra de obsidiana, en el que se supone será extirpado el corazón de un “modus operandi” insensible, tecnocrático, indolente, corrupto y en muchos casos plenamente delincuencial.

Pero ¿ahora qué? La expectativa es tan alta como la inmensidad de los problemas de un país que se desangra, se pudre, se confunde, se agacha y se va de lado.

Por eso es clave que el nuevo gobierno no caiga en la trampa de los diagnósticos equivocados y las subsecuentes soluciones ineficaces. Estamos demasiado mal para seguirla regando.

El enorme poder del nuevo liderazgo está directamente correlacionado con la enorme responsabilidad de no fallarle a los mexicanos, especialmente a los perdedores de siempre –indígenas, clases populares, ancianos, jóvenes marginados, víctimas de la violencia, madres solteras, etc.- que por primera vez ven a alguien que verosímilmente los representa y tiene las riendas del país en las manos.

Dedicado a estudiar a profundidad las necesidades, deseos y motivaciones de los mexicanos veo con claridad cuál es la expectativa central de las grandes mayorías. Necesitan y quieren un gobierno que esté de su lado y que les ayude a salir adelante. Más allá de los “haters” que se regocijan con la derrota del PRIAN, las “mayorías silenciosas” lo que realmente quieren es mejorar sus condiciones de vida.

En la cara constructiva del triunfo de AMLO – más allá del voto de castigo- está la percepción de que es alguien que en verdad busca ayudar a la gente. Imagen creada gracias a su gestión como jefe de Gobierno del DF, especialmente con el programa de apoyos a adultos mayores y madres solteras. Por ello se diferenció de la manada al romper la ortodoxia económica y poner parte del presupuesto al servicio de poblaciones vulnerables.

Hoy estas grandes mayorías esperan un ejercicio del poder político que los escuche, que los atienda, que les de la mano. Por eso es muy delicado que AMLO y el nuevo gobierno se vayan por las ramas y no vayan a la raíz de los problemas.

Ayudar a la gente, debiera ser el baremo para la toma de decisiones y para impulsar o detener iniciativas políticas y legislativas. La pregunta sería la siguiente: ¿Esta idea, programa, proyecto, decisión, va a ayudar a la gente? ¿sí o no? ¿Es demagógica o una verdadera transformación?

Recortar sueldos a los altos niveles directivos fortalece o debilita al aparato gubernamental responsable de concebir, instrumentar y evaluar los programas y proyectos públicos ¿No va a salir mucho más caro el caldo que las albóndigas? ¿No le está quitando filo a la espada con la que se aspira a dar batallas?

Recortar el dispendio, los gastos fastuosos, los privilegios, el gasto improductivo, los guaruras, el turismo legislativo, la corte de aduladores y achichincles disfrazados de asesores. Sin duda hay que hacerlo. No aportan nada y restan mucho.

Sustituir instituciones por asambleas y movimientos no acabará dejando a la intemperie a los más débiles, no son la ley y las instituciones republicanas verdaderos igualadores.

Regala un pescado y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida. Cómo aplicar esto en nuestro país.

Eliminar programas e inversiones que no tienen rentabilidad social y que en poco o nada ayudan a la gente. Claro.

Dejar de considerar a los “desechos” del sistema como seres humanos prescindibles. Tender la mano e incluir a ancianos, indígenas, discapacitados, enfermos, desempleados, “ninis”. Hay que entrarle, la voluntad política es necesaria pero no suficiente, se requieren ideas innovadoras que permitan que los programas sean sustentables en el tiempo.

Generar becas a los jóvenes marginados es suficiente para incorporarlos a la vida productiva y a una vida dentro de la ley o hace falta algo más.

Cancelar el aeropuerto ayuda a la gente o lo haría revisar los planes y defender medidas económicas, transparentes, eficientes y técnicamente impecables para tener una obra al nivel de un país moderno que aspira a ser una potencia comercial y turística.

Invertir en una refinería o hacerlo en detonar el crecimiento de las energías renovables que no solo generarán empleos, sino que protegerán el patrimonio natural de la gente amenazada por los efectos devastares del calentamiento global.

De acuerdo, los maestros de la CNTE y los delincuentes también son gente, pero no debiera tomarse en cuenta también las aspiraciones de educación de calidad de los más pobres y la exigencia de justicia de las familias de las víctimas. ¿Cómo juega aquí la máxima juarista “el respeto al derecho ajeno es la paz”?

El presidente electo lo ha dicho con claridad: “Aspiro a ser un buen presidente de México”. Si deja atrás medidas efectistas y se concentra en ayudar a la gente –de verdad, de fondo, con seriedad, con visión de corto, mediano y largo plazo–, seguro podrá ocupar un buen lugar en la historia.

No está el horno para más decepciones.

 

@guidolara

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