México y la 55º Comisión de Estupefacientes (Parte I)

 

Esta semana concluyó la 55º sesión de la Comisión de Estupefacientes, el principal órgano encargado de la formulación y fiscalización de política de drogas de la ONU. La comisión forma parte de la Oficina de Naciones Unidas contra el Delito y las Drogas (ONUDD) y a través de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), fiscaliza el control de las drogas a nivel mundial.

La reunión tuvo varios momentos interesantes que dieron pie a acalorados debates en el pleno y en los pasillos del Centro Internacional de Viena. Entre ellos, destaca la aparición de Evo Morales, presidente de Bolivia, solicitando el reingreso -con reserva- a la Convención Única de Estupefacientes de la cual se retiró Bolivia en año pasado. La reserva solicitada por Bolivia concierne la obligación de erradicar la planta de coca y perseguir a los productores. En la sesión de apertura, el presidente Morales, defendió la plantación y mascado de coca como una práctica prehispánica, protegida por los tratados que protegen los derechos de costumbres de los pueblos indígenas.

Al exigir la erradicación de plantíos de coca y persecución de cultivadores, dijo, la convención exige la criminalización de un importante porcentaje del pueblo boliviano, entre el cual el mascado de coca es una práctica común. Durante su discurso, Evo produjo de su bolso una serie de productos fabricados con hoja de coca incluidos shampoo, te, mermelada y hasta un refresco gaseoso. Los productos provenían de diferentes partes del mundo y muestran la diversidad de fines, distintos a la cocaína, que puede tener la coca. La hoja de coca, dijo Evo, tiene propiedades medicinales que no pueden ser descartados arbitrariamente por el derecho internacional. Aunque la hoja es la base para producir cocaína, no son la misma cosa. Finalmente, el presidente boliviano señalo el enorme costo que representa para su país perseguir a su propia población, sobre todo a la luz de las grandes carencias en materia educativa y de salud.

Aunque existen más de 60 reservas a la Convención, varios países, encabezados por Estados Unidos, rechazan la petición de reingreso con reserva que hace Bolivia, temiendo que ello sea el comienzo de una avalancha de reservas solicitadas por otros países que tienen dificultades o cuestionamientos sobre el beneficio de reducir la oferta de drogas en sus territorios. Por cierto, el país que más reservas tiene sobre la convención, es el propio Estados Unidos.

Quizás, los temores son fundados. No podemos dejar de cuestionar porqué uno puede ir al centro comercial más cercano y encontrar crema para pies y manos, shampoo, serum anti-arrugas o bálsamo labial (vea acá la línea que ofrece Body Shop); leche y cereal de hemp (acá en green corner) y una infinidad de productos más producidos con cañamo, a la vez que invertimos millones de pesos en erradicar la plantación de la misma y millones más en perseguir y encarcelar a quienes la plantan y venden. Somos uno de los principales países productores de cannabis en el mundo, pero tenemos que importar los productos hechos con esa planta porque no tenemos permitido plantarla. ¿Cuál es la diferencia, al final del día, entre los beneficios de la hoja de coca y los beneficios del cañamo? ¿Acaso no es también nuestro caso que un importante sector de la población es criminalizada por una práctica sumamente extendida y que nuestros programas sociales son perjudicados por la política de prohibición absoluta? ¿Es acaso más válido el consumo que hacen unos que el que hacen otros? Parece que Estados Unidos y el bloque prohibicionista, harán lo posible por impedir la iniciativa de Bolivia, pues el ejemplo de Bolivia hará inevitablemente esta discusión.

Otro de los temas que se trató en la Comisión fue el uso de la pena de muerte para disuadir los delitos relacionados con drogas. Irán, Singapur y  varios otros países actualmente tienen leyes que castigan con pena de muerte ciertos delitos de drogas. (Singapur, por ejemplo, pena con muerte la portación de algunas sustancias arriba de cierto límite. Sobre el tema vea aquí el informe global de Harm Reduction international).  El año pasado, Irán ejecutó a cerca de 500 personas por delitos relacionados con drogas.

En el pleno de la Comisión, Noruega y otros países rechazaron enfáticamente la muerte como una forma aceptable de disuasión o castigo. Resulta difícil entender cómo se justifica matar en aras de proteger la salud individual o pública. Lamentablemente, y aunque la aplicación de la pena de muerte en sí, constituye una violación a varios tratados también ratificados por lo países miembros, fueron muchos los países que se mantuvieron en silencio sobre el tema.

 

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