#Verificado19S, solidaria sociedad civil

Los más conservadores pedirán que pronto se vuelva a la normalidad. Ojalá no. Prefiero esta “anormal” condición que tiene a las y los jóvenes construyendo eso que llamamos lo público.

Una definición sencilla sobre lo que es la sociedad civil nos la ha estado dando la innumerable cantidad de personas, sobre todo jóvenes, que desde el mediodía del martes 19 de septiembre están por toda la ciudad, haciendo lo que pueden para rescatar personas, levantar escombros, coordinar brigadas, cocinar, alimentar y motivar a rescatistas, dar techo a quienes lo han perdido, informar a las y los demás, abrazar a las víctimas, acopiar y distribuir víveres, medicinas y herramientas, dar terapia… en fin, todo con el deseo de hacerse cargo de la emergencia que para el centro y sur del país se ha desatado luego del sismo ocurrido a la 1:15 pm de aquel día: gente ayudando desinteresadamente a otra gente.

Con independencia de pertenecer a alguna organización formal —dentro del Estado, las empresas, las escuelas o de la llamada sociedad civil organizada— personas, entre hombres y mujeres, niñas y niños, adolescentes, adultas y mayores, algunas con discapacidad, de distintas clases sociales y credos, de cualquier orientación sexo-genérica, mexicanas y extranjeras, han constituido una impresionante cadena humana que se está moviendo sin descanso, en algunos casos incluso enfrentando la resistencia de las autoridades, para ayudar, como cada una puede, a quienes lo necesitan.

En mi opinión, la más sorprendente de las lecciones de esta tragedia es la capacidad de la gente para rebasar a las organizaciones formales, para auto organizarse y para tomar la rienda de la acción. No sorprende que en muchos lugares los políticos hayan sido echados a gritos y mentadas por quienes, mucho tiempo antes que ellos, estaban ocupados haciendo la labor. Ha sido sorprendente, en cambio, observar como las y los jóvenes estudiantes se comunicaron entre sí, con total independencia de sus profesores, padres y madres, para ver cómo ayudar. En algunos casos, lo hicieron desafiando incluso a las autoridades escolares y a sus familiares.

También sorprende la forma en la que las personas vaciaron almacenes, ferreterías y farmacias, a pesar de que ello haya significado una merma no prevista a sus ya de por sí devaluados presupuestos. Nadie esperó a que los empresarios donaran o al menos rebajaran los precios de lo más necesario; antes que eso, las personas compraron, no para ser ellas las primeras donantes, sino porque había otra gente para la que los productos adquiridos eran, literalmente, vitales.

Con torpeza, la solidaridad apenas vino del Estado, que es el que tiene la obligación. Entre Frida Sofía y la incapacidad para asumir liderazgos, las instituciones fueron rebasadas. ¿No debió el Estado instalar campamentos, toldos, cocinetas, puestos de socorro, señales, pizarras con información? Tampoco vino del empresariado —¿en serio, es siempre necesario pedirle a la gente que ponga una parte, para que los acaudalados pongan otra? ¿Por qué no pueden simplemente hacerlo, sin esquilmar a quienes tienen menos o de plano no tienen? Con certeza, la solidaridad no vino de Walmart, Soriana o La Comer, tampoco de las farmacias de cadena o de las tiendas de conveniencia, todas las cuales vieron vaciar sus existencias mientras registraban ventas extraordinarias. Eso sí, no perdieron tiempo para apilar cerca de las entradas, de las cajas de cobro y en otros lugares estratégicos, las mercancías que su gran inteligencia comercial les decía, serían las más solicitadas. ¡Hasta las cajas de cartón, esas que normalmente desechan y que son tan necesarias para almacenar y transportar cosas, vendieron!

Los medios tampoco estuvieron a la altura, las coberturas selectivas, los toques melodramáticos de los comentaristas de noticias y reporteros quedaron por detrás del Twitter y otras redes sociales que no eligieron sus zonas de cobertura con base en criterios mediáticos. Incluso las organizaciones profesionales de la sociedad civil fueron invisibilizadas porque sus miembros se mezclaron con la gente, así, sin más calificativo.

La solidaridad emergió entonces con la gente, la que no va a cobrar un centavo por todo lo que sigue haciendo, la que no exigirá votos a cambio, estatuas ni homenajes, la que tampoco se arrogará la representatividad de nadie.

Como siempre, los más conservadores pedirán que pronto se vuelva a la normalidad. Ojalá no. Prefiero esta “anormal” condición que tiene a las y los jóvenes construyendo algo que, por fin, no es de nadie, porque es de todos: eso que llamamos lo público.

En estos momentos en los que todo el mundo ve símbolos, creo que uno que no debemos desdeñar es el que representa a los millennials y su plataforma #Verificado19S, que por primera vez en muchos años nos dio algo en que confiar, a ciegas. Y, como ellos dicen, porque de lo que aquí doy cuenta lo vi con mis propios ojos, digo que este 19 de septiembre debe recordarse como 19SC porque todo lo bueno que de esta tragedia se cuente, será gracias a la solidaria sociedad civil que vive y transita en este suelo que llamamos México. Solo a ellas y ellos, a nadie más.

 

@LGlzPlacencia

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