De la FEPADE y la CDHDF: ¿historias convergentes?

El común denominador en ambos casos es que la independencia que se requiere para vigilar que no haya abusos de poder es lo que está en juego.

Para Santiago Nieto

 

En mi opinión, la designación de quien presida la Comisión de Derechos Humanos de la hoy Ciudad de México difícilmente puede escapar al ambiente de incertidumbre y desazón que ha ocasionado la destitución de Santiago Nieto como fiscal electoral la semana pasada. En este último caso, los partidos de oposición han reaccionado y seguramente harán valer que el Senado tenga la última palabra en este asunto, con el probable resultado de que Santiago sea reinstalado en su cargo. En el primero, es de los partidos que en la Asamblea Legislativa cogobiernan siempre en coyunturales coaliciones, de quienes se sospecha actuarán para que la o el nuevo Ombudsman capitalino tenga un perfil cómodo para el gobierno.

El común denominador en ambos casos es que la independencia que se requiere para vigilar que no haya abusos de poder es lo que está en juego. Santiago ha sido un fiscal que se ha tomado muy en serio su trabajo y que lo ha hecho muy bien y, sin embargo, en la primera oportunidad, el encargado del despacho de la Procuraduría General de la República lo destituye sin más explicaciones que una leguleya referencia al código de ética de la institución. Aparentemente, la ética institucional no admite que un fiscal haga públicas las presiones que recibe de uno de sus investigados para que se lo exonere —no cualquiera de ellos, por cierto, ni tampoco en cualquier caso, porque se trataba del principal señalado en el asunto Odebrecht en su conexión mexicana, el ex director de Pemex, Emilio Lozoya. No hay que olvidar que la publicidad constituye una de las inmunidades de quién vigila a los poderosos, porque en casos como este, la correlación de fuerzas está invertida, no a favor de quien tiene el poder institucional, sino de quien es capaz de ejercer el poder fáctico. Lo esperable aquí es que la Procuraduría respaldara a su fiscal, no que lo echara.

Pero este hecho, del que todavía habrá mucho que saber y que opinar, es sintomático de lo impermeable que es el poder a los pesos y contrapesos que supone una democracia madura. En realidad, no importa el partido o la ideología, porque en México al poder no le gusta que lo vigilen, que lo investiguen y mucho menos que lo sancionen. Esa es una afrenta que se paga con la expulsión del oligarclub, cuya membresía tiene reglas de omertà que no se pueden violar. Sin duda fueron esas reglas las que en realidad rompió Santiago.

Pues bien, en la ciudad de México, en los próximos días estará a prueba la integridad de la Asamblea Legislativa cuando deba elegir a la o el Ombusdman capitalino, un puesto para el que se requiere un perfil autónomo, técnicamente bien preparado, valiente e independiente de cualquier vínculo con el poder. La ausencia de estas características debería descalificar de inicio a varios entra las y los aspirantes, de quienes es posible rastrear un pasado relacionado con designaciones de la propia ALDF que pagaron con cuotas y una clara omisión de cumplimiento de su deber institucional y, sin embargo, es probablemente este pasado el que les haga a ellas y ellos favoritos para ocupar la presidencia de una institución que por veinte años —no los próximos recientes, por cierto— fue referente nacional e internacional en el respeto, protección, promoción y defensa de los derechos humanos.

Las y los diputados locales tienen, sin embargo, un póker de ases del cual elegir a una o un excelente prospecto de Ombudsman para el siguiente periodo de la CDHDF. En la lista hay personas con trayectoria en la academia y la sociedad civil, así como gente con gran experiencia en la labor institucional de organismos públicos de defensa de los derechos humanos y, en algunos casos, perfiles que combinan a la perfección todos estos atributos. Ellas y ellos, a quienes conozco y respaldo porque sé de su trabajo y de su compromiso con los derechos humanos, saben la elevada responsabilidad que significa ser Ombudsman en esta ciudad, pero, sobre todo, son gente de un tamaño tal, que sabrán resistirse a las presiones que, de todo tipo, reciben los ombudsmanen en nuestro país.

Así las cosas, las y los diputados, muchos de quienes podrían estar pensando ya en cómo sacar provecho de esta elección, para sí y para sus aliados, como dije, más allá de los partidos, nos demostrarán en los próximos días si hay diferencia entre el autoritarismo que estamos viendo con la destitución de un fiscal, el único en la FEPADE desde que ésta existe, que ha actuado a la altura de las circunstancias, y esta ciudad a la que le urge un contrapeso. Veremos qué pesa más, si el fácil y redituable camino que para el poder local implica imponer a alguien a modo, o la más compleja, pero al mismo tiempo responsable y honesta decisión de nombrar un perfil serio y comprometido con los derechos humanos.

 

@LGlzPlacencia

Close
Comentarios