¿Por qué es importante #Verificado2018?

Kanhemann y Thaler nos dicen con sus aportes que, lejos de lo que estamos dispuestos a aceptar, las y los ciudadanos somos absolutamente influenciables; no es verdad que seamos racionales y que estemos vacunados contra la persuasión.

Daniel Kahneman ganó en 2002 el premio Nobel de Economía por la forma en la que sus trabajos acerca de la toma de decisiones contribuyeron a explicar por qué, contrariamente a lo que comúnmente se piensa, las personas decidimos a partir de la información que recibimos a través de las percepciones, antes que como producto de una reflexión racional que evalúe los costos y beneficios de nuestra elección. Por su parte, el año pasado, un discípulo suyo, Richard Thaler recibió asimismo el Nobel en la misma disciplina porque, basado en los trabajos de su mentor, describe el comportamiento económico como el producto de knudges o pequeñas motivaciones que impulsan deliberadamente ciertas decisiones, no necesariamente racionales, por encima de otras que, de haberse tomado mediante un proceso reflexivo, habrían tenido mayores beneficios que las primeras.

Los aportes de estos investigadores sobre la psicología del comportamiento económico, resultan de la mayor relevancia cuando son extrapoladas a otras áreas de la vida como, por ejemplo, la política. Como marco a esta aseveración cabría recordar que, en una de sus lecciones en el Collège de France, Michael Foucault explicó el modo en el que la sociedad contemporánea se ha venido moldeando hace tiempo bajo el gobierno de una racionalidad neoliberal y, en consecuencia, por qué el mundo es explicable en una lógica de supermercado, donde las personas y las ideas aparecemos también como mercancías.

Estos presupuestos ayudan a explicar que el contexto en el que hoy ocurre la política no sea más el de un intercambio serio de propuestas de cara al convencimiento racional de un electorado considerado como ciudadano que ejerce derechos. Más bien, la política —o post-política como se la conoce desde hace tiempo— supone el intercambio de mensajes cuyos contenidos son más estéticos que congnitivos; que están dirigidos a conmover, más que a convencer, y que se basan, por tanto, en la producción de emociones destinadas a impactar en un público que, cada vez más, juega como consumidor del entertainment que es hoy el escenario político.

La atmosfera que envuelve a la post-política es la de la post-verdad, donde las Fake news son presentadas, no como mentiras, sino como verdades alternas que reflejan la diversidad de puntos de vista —siempre más emocionales que racionales, hay que insistir— desde los cuales es posible construir las realidades que nos configuran y de las que somos parte en la actualidad. Por eso vemos a medios que publican encuestas sin dar cuenta del rigor metodológico con el que son realizadas; a instituciones que lanzan acusaciones sobre las personas sin dar cuenta de los fundamentos jurídicos para hacerlo. A asesores de imagen que se preocupan más por que su candidato “apantalle” hablando inglés y francés, o a partidos políticos que se asumen de izquierda que hacen alianza con partidos reconocidamente de derechas.

El polo magnético de la post-política es el pragmatismo y los nuevos puntos cardinales que la definen se mueven del populismo al libertarismo en el ecuador y se asientan en el conservadurismo en el polo sur. Por eso hoy es difícil decidir por quien votar y por eso, entorno mediático, más que siempre, será definitorio.

Kanhemann y Thaler nos dicen con sus aportes que, lejos de lo que estamos dispuestos a aceptar, las y los ciudadanos somos absolutamente influenciables; no es verdad que seamos racionales y que estemos vacunados contra la persuasión. Y si bien corresponde aceptarlo y reconocerlo, ello tendría que despertar alertas frente a la demagogia y frente a la propaganda a la que estamos expuestos en el convulso escenario preelectoral de este 2018.

De ahí que la iniciativa #Verificado2018 aparezca como una esperanza de participación plural efectiva, como una muestra real de cómo el uso de la tecnología y la configuración de redes ciudadanas puede ayudar a generar certezas, a proveer controles y a dar confianza y credibilidad. Es un ancla de veracidad en el mar de incertidumbre que hoy configuran los media.

Quizá podamos considerar que este es el primero de los muchos pasos que tendremos que dar para que las y los ciudadanos podamos tomar el control de lo público y volver a hacer política, sin post.

 

@LGlzPlacencia

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