Los DESCA en las campañas

Sin duda, tanto el empresariado como las clases dominantes jugarán un rol fundamental en el próximo gobierno y, por ello, tener una relación seria y estable con estos sectores es absolutamente necesario.

A propósito del conflicto verbal que se dio en días pasados entre el candidato puntero en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador, y la cúpula empresarial del país, vale la pena destacar la ausencia que en las plataformas políticas se nota, al menos de forma explícita, en torno a los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, los así llamados DESCA. El tema viene a cuento porque, inevitablemente, el enfrentamiento recuerda que la relación entre los DESCA y el capitalismo no ha sido para nada tersa. A finales del siglo XIX, fueron precisamente las contradicciones económicas del capitalismo las que produjeron los movimientos sociales que impulsaron la necesidad de reconocer y otorgar derechos a las clases trabajadoras y en general a los no propietarios.

Grosso modo, aquel momento dio lugar a dos tipos de salidas: las revoluciones, como la mexicana o la rusa, y su resultado, el llamado constitucionalismo social, por una parte, y por la otra, el estado de bienestar social que, desde Bismark en Alemania pasando por Roosevelt en los Estados Unidos y con fundamentos en una revisión de los postulados del liberalismo a cargo de Keynes en Inglaterra, modelaron una sociedad donde, con una decidida intervención del estado, los beneficios se repartieron en la forma de nuevas prestaciones laborales, vivienda, escuelas y hospitales públicos, y una extensa red de servicios destinados a llevar agua, energía eléctrica y otros satisfactores a las clases menos favorecidas.

Pero igual hay que decir que, en realidad, ni el constitucionalismo social, ni el estado de bienestar, satisficieron nunca a los liberales radicales quienes, desde las primeras décadas del siglo XX, han enderezado duras críticas al intervencionismo estatal y han insistido en las bondades del libre mercado. En nuestro país, ello se refleja en las tensiones que el empresariado tuvo y ha tenido con el Estado Mexicano, desde el gobierno del general Cárdenas, más tarde con Echeverría y López Portillo, y que hoy se reeditan frente a las posiciones que en materia económica sostiene López Obrador.

En la actualidad esta tensión es cada vez más clara y se proyecta en dos visiones que, si bien no son necesariamente incompatibles, tienden a radicalizarse y a crear una oposición que hoy se manifiesta como una contradicción que, en el fondo, representa la disyuntiva a la que habrá de enfrentarse el electorado: por una parte,  la proclamada defensa de las instituciones y su vocación reformista, pero siempre dentro de los cauces del libre mercado; por la otra, un movimiento social que aspira a ser revolucionario a su modo, mediante la metáfora de la cuarta transformación. En medio, una realidad que interpela a la gran desigualdad que existe en México, a las reformas que han facilitado las practicas extractivistas, a los desplazamientos sociales ocasionados por éstas y por los megaproyectos que las acompañan, a la precariedad del poder adquisitivo, a la degradación medioambiental, todo ello aderezado de fuertes dosis de violencia y corrupción, constituye el escenario en el que, quien resulte electo este primero de julio, tendrá que tomar posición frente a los DESCA y, en consecuencia, sobre el enfoque de política social que considere necesario asumir para lidiar con ella.

Sin duda, tanto el empresariado como las clases dominantes jugarán un rol fundamental en el próximo gobierno y, por ello, tener una relación seria y estable con estos sectores es absolutamente necesario. Ello dependerá del modo en el que quienes habitan el decil más rico en el país asuman al Estado, bien como su empleado, como un gerente contratado para realizar las aspiraciones del libre mercado, o bien como su aliado en el enfrentamiento de nuestras contradicciones económicas y sociales —no desde luego, desde el asistencialismo o mediante actitudes caritativas, sino con pleno respeto a los DESCA.

En el fondo, esto es lo que está en juego: el modo en el que a partir del 2 de julio próximo México se insertará en el mundo global del siglo XXI: como un país de elites fuertes y competitivas, en desmedro de mayorías precarias a su servicio, o como un país económica, social, cultural y ambientalmente más igualitario.

 

@LGlzPlacencia

 

* La presente colaboración se inscribe dentro del proyecto colectivo UNAM-DEGAPA-PAPIIT IG 400216, Derechos sociales y justicia social.

 

 

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