Dos de julio

Espero que muchos de los que intentaron llegar a los congresos con otros colores o sin ellos, pero que comparten la indignación y tienen los arrestos para sumarse a una causa ciudadana, lo hagan sin resentimiento y desde una posición que exija, presione y reclame siempre con los ojos puestos en lo público.

Con cariño, reconocimiento y admiración a Pedro Kumamoto, Manuel Clouthier, Carlos Brito, Serafín Ortiz, Alejandra Ramírez y Roberto Castillo.

 

Al fin, las dudas se disiparon: las encuestas no se equivocaron, predijeron con tino estadístico lo que pasó el domingo e incluso se quedaron cortas. Tampoco hubo el fraude que muchos temieron; los candidatos perdedores reconocieron su derrota mucho antes de que el INE diera los resultados del PREP. Uno de cada dos mexicanos y mexicanas entre quienes votaron decidió que Andrés Manuel López Obrador fuese nuestro próximo presidente y que su fuerza en los congresos —en el federal y en treinta estados de la República— fuera mayoritaria. La gente se manifestó a través del voto y, con él, le arrebató el poder a quienes durante tantos años y salvo contadas excepciones, lo ejercieron para beneficio propio, de sus familias o de sus partidos, para justificar la violencia que le ha quitado la vida a más de doscientos mil compatriotas y para construir la máscara de un México moderno —wannabe— que ha servido para que los ricos sean más ricos y para invisibilizar a ese otro México de los excluidos, de los oprimidos y de los explotados.

De ahí que el tamaño de la responsabilidad que asumirá el presidente entrante no sea menor, porque las expectativas que estas circunstancias oprobiosas han generado son muy altas; ojalá la realidad que por décadas ha construido un país desigual, violento, afectado por una gran corrupción, por relaciones fraguadas en el conflicto de interés y, por ello, lleno de desconfianza, se fuera en las maletas de quienes hicieron del servicio público un asunto particular orientado a sus intereses. Pero no, eso no va a ocurrir de la noche a la mañana y, desafortunadamente, ni siquiera podemos confiar en que se ralentice lo suficiente en apenas seis años. Pero debemos trabajar para que así sea, porque nos conviene que lo que logremos en el próximo sexenio sea la base de lo que pueda construirse de cara a los siguientes veinte o treinta años.

Por ello espero que muchos de los que han sido desplazados por la ola de Morena, porque decidieron o tuvieron que intentar llegar a los congresos con otros colores o sin ellos, pero que comparten la indignación y que tienen los arrestos para sumarse, no a un partido político, sino a una causa ciudadana, lo hagan sin resentimiento, desde una posición que exija, presione y reclame siempre con los ojos puestos en lo público: Pedro Kumamoto en Jalisco, Manuel Clouthier en Sinaloa, Carlos Brito en Morelos, Serafín Ortíz y Alejandra Ramírez en Tlaxcala, Roberto Castillo en Ciudad de México y muchas y muchos demócratas más que han hecho un trabajo incansable en las calles durante sus campañas, que han recogido el sentir de la gente, que han formulado propuestas viables e incluyentes y que seguramente seguirán haciendo política con ganas de seguir adelante por México. Mi reconocimiento a ellas y ellos y mi esperanza de que no se den por vencidos, porque es seguro que les necesitamos.

Por lo demás pienso que hay que ser propositivos. Quienes acompañarán al presidente de México luego del 1 de diciembre en su gabinete son hombres y mujeres que tienen lo que se necesita para gobernar con sabiduría, capacidad de administración, oficio político e integridad moral; y saben que llevan a cuestas la responsabilidad de construir y liderar, en el mundo, un modelo político y socioeconómico que pueda ser una alternativa al capitalismo predador que, en sus versiones neoliberal o neoconservadora, ha destruido la democracia y ha propulsado un genocidio de baja intensidad de grandes proporciones.

El bono democrático de Andrés Manuel es el más grande que haya tenido ningún gobernante en la historia de México: uno de cada dos votantes, no más, no menos; si eres parte de la mitad que lo eligió, felicidades y a trabajar, y si eres parte de la mitad que votó por alguien más, felicidades también, porque luego del 1 de diciembre no se tratará más de un candidato o de un partido, sino del país que todos y todas necesitamos reconstruir.

 

@LGlzPlacencia

Close
Comentarios