Notas para entender el feminicidio

El feminicida mata mujeres porque en cada una de sus víctimas lastima la identidad femenina; por ello el feminicidio, como tipo penal, es y debe ser totalmente distinto del homicidio y por eso también, que esté en el código penal importa.

Cuando hace algunos años algunas expertas en estudios de género plantearon la necesidad de tipificar el feminicidio, muchos penalistas las criticaron porque para ellos, ciertamente todos hombres, ya teníamos el homicidio y porque al final, decían, asesinar a un hombre o a una mujer es lo mismo: es quitarle la vida a una persona. No sobra decir que todavía muchas personas piensan así y creen que les asiste razón.

Sin embargo, vale la pena pensar con más cuidado el sentido que tiene la tipificación de una conducta que admite, justificadamente, ser distinta de otra que es similar —quitarle la vida a alguien— no sólo porque la víctima en este caso posea una identidad propia, sino porque es esa identidad, precisamente, la razón que anima a otro a quitarle la vida.

Hace algunas décadas que la identidad de las personas, y no solo el hecho de serlo, importa. El último cuarto del siglo XX presenció la emergencia de un importante proceso de emancipación identitaria que comenzó, justamente, con las mujeres, quienes a lo largo de todos estos años han puesto sobre la mesa la importancia de entender las diferencias de género, para denunciar los mecanismos del dominio patriarcal, pero también para garantizar el pleno acceso a los derechos de las mujeres, que son un conjunto de expectativas de inmunidad frente a los perpetradores, así como de actuación del estado, destinadas a garantizarles una vida libre de violencia —económica, política, sexual, comunitaria, entre muchas otras— que son sólo para ellas, porque es sólo a ellas a quienes afectan las conductas que los violentan.

Hay que decir que el sistema de derechos humanos de las mujeres dista mucho de ser un mecanismo de protección asistencial y que entenderlo así constituye un error; cada derecho contenido en las convenciones internacionales y recogido en las constituciones nacionales representa un mecanismo de emancipación que permite a quienes han sufrido, o a quienes podrían sufrir esas formas de violencia empoderarse frente al perpetrador, reivindicar su dignidad y afirmar el valor de su identidad frente a la de quien la daña. Con ello, vale decir que la identidad se arma en esos derechos como una expresión particular, identitaria, de la dignidad humana y que, por ello, violentar a alguien por ser mujer es una forma de menoscabo de la identidad femenina y, en consecuencia, debe considerarse también como un agravio a las mujeres como colectivo.

En sentido amplio, el feminicidio se ampara en un contexto de permisión de la violencia de los hombres hacia las mujeres como reafirmación del dominio patriarcal; posee una dimensión simbólica que es la que castiga, mediante discursos y prácticas, la subversión, la que no admite la igualación y la que aniquila simbólicamente a las que no se pliegan ante la designación, homocéntrica, de ellas como disponibles, como utilizables, como sometidas. Y desde luego tiene una dimensión fáctica, que se expresa como poder, como actos de fuerza destinados a destruir una identidad, sin que necesariamente importe mucho quien, como persona concreta, sea su portadora.

El feminicida mata mujeres porque en cada una de sus víctimas lastima la identidad femenina; por ello el feminicidio, como tipo penal, es y debe ser totalmente distinto del homicidio y por eso también, que esté en el código penal importa, pues como prevención general negativa amenaza al feminicida y le avisa que asesinar mujeres, por el hecho de ser mujeres, es más grave que un homicidio y que, por ello, merece una sanción agravada. Y como prevención general positiva reivindica la identidad de las mujeres, anuncia que hay una garantía formal de acceso a la justicia, desde luego para las y los familiares y amigos de las víctimas concretas, pero también, y de modo más relevante, me atrevo a decir, para las mujeres, como sujeto colectivo agraviado de la victimización simbólica de la identidad femenina.

 

@LGlzPlacencia

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