La historia de las drogas

La prohibición de la venta de drogas no ha logrado que éstas dejen de llegar a los consumidores; solo ha fomentado la diversificación y el fortalecimiento de su mercado. Hoy, esa condena a las drogas parece ceder terreno a la promesa de un jugoso mercado de millones de dólares, legales desde luego.

Hace años, a finales de los ochenta, en el seno del Círculo de Estudios en Criminología Crítica de América Latina, colegas como Fernando Tenorio, Augusto Sánchez, Alicia González, Ana Josefina Álvarez y yo mismo, vaticinamos que en el futuro la mariguana sería legal en el mundo, una vez que el monopolio de la producción y comercialización pasara a las naciones centrales.

Parte del juicio que otros colegas como Rosa del Olmo y Marcos Kaplan hacían sobre el tema, la prohibición tenía que ver con el rechazo de las economías más fuertes al hecho de que campesinos y pequeños productores del sur, tenían en sus manos un producto con un potencial de consumo que auguraba grandes ganancias.

Con el tiempo, de la mano de la prohibición y de un creciente número de consumidores, especialmente en los Estados Unidos y en Europa, esos pequeños productores se volvieron lores, capi de importantes organizaciones que, para defenderse, desde el lado de la ilegalidad se hicieron de brazos armados, de expresiones políticas y de estrategias tan sofisticadas como violentas, para hacer florecer un mercado que hoy en día arroja ganancias millonarias.

Es sabido que la prohibición no ha logrado que las dosis dejen de llegar a los consumidores; ha logrado, en cambio, que el mercado de las drogas se diversifique, se exprese en un amplio crisol de sustancias, algunas de las cuales representan una dañosidad varias veces mayor que la de la mariguana o la cocaína. Ha logrado que el mercado se localice, fomentando el llamado narcomenudeo. Ha logrado que los grandes carteles se fragmenten y que diversifiquen también sus actividades ilícitas hacia la extorsión, la piratería, el secuestro. Ha logrado una absurda guerra plagada de muertos, miles más de los que habrían perdido la vida por consumir drogas. Hizo crecer las fortunas de muchos al punto de que hoy, difícilmente se puede separar el dinero limpio del sucio. No por casualidad, un grupo importantísimo de epidemiólogos publicó en la prestigiada revista The Lancet un reporte en el que calificó a la guerra contra las drogas como el principal riesgo para la salud —y la vida y la libertad, habría que añadir— en nuestro país.

Hoy, sin embargo, esa condena a las drogas parece estar cediendo terreno a la promesa de un jugoso mercado de millones de prístinos dólares, legales desde luego, y beneficiarios de una industria que asentará sus reales, como hace treinta años fuese predicho, en los países centrales.

Un buen ejemplo de ello es el de Canopy Growth que, fundada en 2014, es la primera empresa de producción legal de mariguana que cotiza en la bolsa. Constellation Brands le inyectó 3800 millones de dólares este año. Por otra parte, se prevé que en Canadá el mercado legal de cannabis, ahora que se ha legalizado su uso recreativo, podría arrojar entre 4 y 8 millones de dólares perfectamente legales.

En efecto, como ha dicho el primer ministro canadiense Justine Trudeau, la legalización de la mariguana quitará de las manos importantes ganancias a los grupos criminales y, con un enfoque basado en la reducción del daño, orientará el consumo en la decisión informada, lo que en un par de lustros podría estabilizar el mercado y el número de consumidores habituales y hacer de la mariguana uno más entre los miles de producto que están a disposición de los clientes para producirse placer.

Hoy Canopy Growth tienen filiales en América Latina que comercializan la cannabis para fines medicinales e industriales, pero que están a la espera de poder venderla también para el recreo. Por ello, no creo exagerar si digo que la historia de las drogas es parte de la historia del capitalismo, contada desde su lado más oscuro. México debería tomar lecciones de esta historia, pensar en que la legalización es un camino que, sin embargo, debe emprender con una clara visión de mercado y de libertad informada para el consumo. La ceguera ante esta nueva realidad a la que se aproxima la historia de las drogas, solo seguirá produciendo violencia y creo que, hoy, más que nunca, habría que darle la espalda al prohibicionismo, so pena de seguir aportando los muertos.

 

@LGlzPlacencia

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