La honrosa medianía

Cualquier salario superior a los 108 mil pesos mensuales, coloca, a la familia que los obtiene, entre el 2 % más rico del país. Un servidor público, por bueno que sea o por preparado que esté, ¿debe aspirar a formar parte de ese 2 % privilegiado, cuando la mitad de la población gana 13 veces menos que él, suponiendo que se conformara con el tope presidencial, sobre todo cuando ese ingreso proviene de los impuestos que en gran parte son pagados por contribuyentes cautivos, asalariados cuyas familias, en el mejor de los casos, estarán ubicadas dentro y por debajo del decil 8?

En 2014, Ricardo Raphael publicó en Mirreynato: la otra desigualdad (México: Planeta) datos acerca de la distribución del salario mensual por familia en México; con información de un grupo de investigadores y de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares de INEGI, mostró que quienes más ganan en el país, obtienen un salario 1086 veces superior a quienes menos ingresan a sus hogares. Si vemos cifras brutas, en el primer caso están quienes obtienen mensualmente dos millones y medio de pesos por familia o más, que representan un centésimo de la población; en el segundo se hallan las familias que logran integrar 8 mil pesos al mes a sus hogares. Entre ambos extremos, un salario de 108 mil pesos mensuales, por familia, puede obtenerlo, apenas un 2 % de nuestra población. Nótese que hablamos de un salario por familia, lo que quiere decir que esos 108 mil pesos se logran, muy probablemente, con el salario de dos personas.

Siempre con los datos que publica Ricardo, los cálculos permiten establecer que, en el decil más bajo de la población, donde muy probablemente el ingreso del hogar se integra con el salario, en promedio, de cuatro personas, cada una debe ganar 630 pesos mensuales, es decir 171 veces menos que el salario que se ha asignado el presidente electo. Suponiendo, sin conceder, que ese ingreso lo aportara solo él o la jefa de familia, estamos hablando de un poco más de dos mil quinientos pesos mensuales. La diferencia con los 108 mil sigue siendo enorme: 43 veces mayor.

Alguien podría decir que la comparación debería hacerse con quienes conforman la clase media, que es donde, en teoría, cabría un servidor público. Así que vayamos al rango dónde ésta se ubica, que está entre los deciles 4 y 8; en ese rango, el decil 8, que representa al 80 % de las familias mexicanas, el ingreso mensual no alcanza los 15 mil pesos, muy probablemente aportados por más de una persona. En el 5, que representa a la mitad, las familias logran ingresar mensualmente por debajo de los 8 mil pesos. Con los parámetros anteriores, es decir, suponiendo que el ingreso proviene del sueldo de solo uno de los miembros de la familia, el salario que tendrá el presidente electo es 7 veces más alto que el del 80 % de éstas y 13 veces mayor que el de la mitad.

Visto de otro modo, cualquier salario superior a los 108 mil pesos mensuales, coloca, a la familia que los obtiene, entre el 2 % más rico del país. A ojos vista, su situación es, sin duda, privilegiada.

En este punto la reflexión supone pensar si un servidor público, por bueno que sea o por preparado que esté, debe aspirar a formar parte de ese 2 % privilegiado, cuando la mitad de la población gana 13 veces menos que él, suponiendo que se conformara con el tope presidencial. Cabe señalar que el ingreso de la burocracia proviene de los impuestos que en gran parte son pagados por contribuyentes cautivos, asalariados cuyas familias, en el mejor de los casos, estarán ubicadas dentro y por debajo del decil 8.

Algunos dicen que el problema es más bien el de incrementar los salarios de los más pobres, pero sin un límite máximo, esta medida sólo empujará la espiral hacia arriba, fomentando la dinerocracia que es, en mi opinión, la fuente donde abreva el Mirreynato del que habla Ricardo Raphael. Por tanto, lo que se requiere es, más bien, por una parte, reducir las brechas entre quienes menos y más ganan, estableciendo en efecto un tope máximo, de modo que los salarios altos no crezcan, mientras los bajos se van incrementando. Por la otra, es importante aumentar el poder adquisitivo del salario, de modo que el problema no sea cuánto debo ganar para obtener lo que necesito/deseo consumir, sino poder consumir lo que necesito/deseo, con lo que gano. El tema no es menor para nada, y me parece mucho más complejo que la defensa a ultranza de un salario elevado para quien desempeña un cargo pagado con dinero público, por más calificado que éste sea.

Juárez hablaba de la “honrosa medianía” como parámetro de vida de quien dedica la suya al servicio de la República; yo coincido, porque en la balanza debe quedar claro el límite entre una vida digna y la nuda vida a la que parece condenarnos el modelo económico que el gobierno electo pretende superar.

 

@LGlzPlacencia

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